Capítulo 14

1020 Palabras
Mis piernas no respondían, cuando pensé que estaba por morir, alguien me jaló del brazo. El maldito auto ni siquiera se detuvo, pasó de largo. ¿Quién me había salvado? No era nada menos que Henry. Lo miré sorprendida. En ese momento me pregunté si a estas cosas le llamaban destino. Henry primero apareció como un idiota sin modales, que me dio dinero para comprar mis frituras, después apareció como mi arrogante compañero de clases, luego como el tonto que se metía en una pelea sin ni siquiera saber pelear del todo, o eso pensaba. Y ahora como mi salvador. Mi cabeza comenzó a dar vueltas, no podía levantarme y me costaba escuchar lo que Henry decía. Estaba en una especie de sueño, ahí estaba mi yo pequeña, de unos seis o siete años, estaba sentada en un tronco y a mi lado un niño, mi amigo a quien no recuerdo. Ambos estábamos mirando el horizonte. - Zusumi hay que volvernos a ver cuando seamos grandes ¿sí? - Me fui acercando muy despacio, como evitando hacer un ruido para que no se fueran, estiré mi mano tratando de tocar el hombro del niño - Sí - Mi yo pequeña respondió al mismo tiempo que pisé una hoja seca haciendo ruido, giró la cabeza hacia donde yo estaba. "¿quién ese niño? ¿el niño a tu lado?" le pregunté esperanzada pero no hubo respuesta "¿Quién es ese niño de mis recuerdos?" volví a preguntar pero mi yo pequeña regresó su mirada, al parecer no podía verme. Me acerqué más a ellos y está vez toqué el hombro del niño, pero tan pronto como lo toqué se desvaneció. Cuando abrí mis ojos me encontraba en un lugar que nunca había visto antes, me incorporé y miré a mi alrededor, estaba encima de un sofá de color vino, no había ruido más que el sonido del ventilador de techo. Moví hacia un lado mi mano y al sentir algo la retiré rápidamente, miré hacia abajo y vi a Henry sentado en el suelo con la cabeza y su brazo apoyado en el sofá, aparentemente estaba durmiendo. - ¿Henry? – traté de mirarle la cara para confirmar que si era él, pero su cabello no dejaba nada de su rostro a la vista así que me levanté y al hacerlo me sentí un poco mareada y me caí, pero con la misma me levanté - Henry ¿Estás bien? - Henry se despertó y me miró unos segundos antes de que también se levantara del suelo apresuradamente - Eso debo preguntar yo ¿te encuentras bien? - soltó un leve bostezo y frotó su cabello - Sí... si estoy bien - ¿Eres idiota? - ¿Eh? - fruncí el ceño ante su pregunta "¿qué diablos le pasa?" - ¿Por qué golpeaste a aquella chica? - se veía enojado - Te expulsaron ¿no? - Se lo merecía, no se debe hablar de los padres de una forma tan… - No necesito que una chica me defienda, para empezar lo que dijo son tonterías y haberle respondido solo dará la impresión que esos rumores tienen algo de cierto - No te creas tan especial - me crucé de brazos aún con el ceño fruncido - No lo hice por ti, lo hice por mí. Si solo me quedaba ahí como idiota escuchando lo que decían me iba a arrepentir después…. ¿Está tu mano bien? - Sí - alzó su mano para que pudiera verla - No fue un golpe tan fuerte - Para alguien que no sabe pelear sí - Sé pelear - me dio una media sonrisa - Sí, claro - alcé las cejas insinuando que no le creía. Henry se veía con ganas de responderme algo pero se abstuvo a cambio solo obtuve otra media sonrisa. Permanecimos en silencio, ninguno de los dos sabía que más decir. Henry estaba por romper ese silencio cuando de pronto sentí como un pequeño choqué eléctrico sacándome de un trance, había recordado que hasta hace unas horas se suponía que debía estar en mi casa encerrada. - Maldición - miré hacia la ventana verificando que aún no era de mañana - Se me olvidó que me escapé - ¿Te escapaste? - Sí, una larga historia... Bueno creo que lo más prudente sería que me fuera – Tomé la manta con la que estaba tapada hace unos minutos y la doblé antes de dársela a Henry. Me dirigí hacia la única puerta que había y antes de que pudiera salir Henry me detuvo sosteniéndome del brazo - ¿Qué sucede? - Yo... - Pareció que estaba teniendo una pelea interna consigo mismo, como si debatiera decirme o no - Olvídalo, no es nada. Deberías marcharte, supongo que te has metido en suficientes problemas hoy - Tras esas palabras me dirigió hacia la salida y se quedó ahí hasta que tomé un taxi. El taxi se tardó un poco en llegar a mi casa. Abrí el portón de mi casa muy despacio y miré las luces de la casa, todas estaban apagadas, lo que me indicaba que mi padre no se había dado cuenta que me salí. Saqué las llaves de la entrada y más despacio que la primera vez abrí la puerta. Y vaya sorpresa. Cuando entré se encendió una lampara de mesa, vi a mi padre y a Leo , quienes estaban sentados en el sofá de la sala uno frente al otro. Mi hermano al verme se irguió - Papá nos descubrió – me miró Leo - ¿En serio? No me había dado cuenta – respondí sarcásticamente mientras me acercaba a ellos. Me dejé caer en el sofá al lado de mi hermano y dejé salir un suspiro. ******* - ¿Quién te dio este silbato Zusumi? - Mi amigo - Oh… ¿Y cómo se llama? - Se llama ______ - Oh ya veo… - Me gustaría que Leo lo conociera… ¿Por qué no le dejas salir? - Sabes que Leo es muy enfermizo, y el clima le puede hacer daño
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR