Tras unos minutos Henry me devolvió mi examen, le agradecí con una sonrisa y le entregué el examen al maestro. Después de quince minutos el maestro me dio la nota que había obtenido.
- No sé cómo pasó, pero felicidades – me tendió mi examen
- Gracias - Respondí con una sonrisa de oreja a oreja. Así es, yo Zusumi, había aprobado y no solo con cualquier nota, sino con una nota perfecta, un estúpido diez que casi hacía que me pusiera a llorar. Aunque luego recordé que no la había obtenido por mis propios méritos, pero nadie más que nosotros lo sabíamos.
Para la última clase la maestra nos dejó una actividad y quien terminará nos dejaría salir, por supuesto que Henry fue el primero. No le había podido agradecer correctamente, así que como pude hice la actividad, y para mi sorpresa me salió bien. Tomé mis cosas y salí corriendo, por suerte pude alcanzar a Henry.
- Oye ¡Henry! – se detuvo – Oye… - tomé aliento – Gracias por lo de estadística, no creí que fueras a responder todo bien
- ¿Lo respondí bien? De seguro olvidé que era tu examen y pensé que era el mío – no dijo nada más y comenzó a caminar. No era que yo lo fuese siguiendo, pero iba tras él a pasos lentos, iba bobeando cuando mi camino se vio tapado por un tipo que se puso en medio evitando que siguiera caminando
- Ey hermosa ¿Estás sola? ¿Te acompaño?
- Sí, efectivamente estoy sola. Pero con tu cara prefiero quedarme así - le enseñé el dedo de en medio y una sonrisa falsa, mientras lo rodeaba para seguir avanzando
- Oh vamos no te hagas la difícil, ven conmigo, te encantará lo que haremos – puse lo ojos en blanco, y tal vez no debí haberle hecho caso, pero me detuve y lo encaré
- Ah ¿En serio? – me acerqué a él fingiendo una sonrisa coqueta y cuando estaba a un metro de distancia con aquel idiota le di un puñetazo en la boca – Ey tu idiota… no espera, ni siquiera llegas a eso, bueno tú intento fallido de homúnculo, más te vale que dejes de hablar así no solo a mí, sino a todas las chicas. Por qué no creo que haya sido la única a la que le dijeras aquella babosada
Estaba a punto de lanzarle una patada cuando Henry me detuvo jalando mi mochila
- ¿Qué haces? - lo miré enojada - Suéltame, le voy a romper la boca a ese idiota - Tras esas palabras Henry me jaló más fuerte, tanto que casi me caigo pero pude mantener el equilibrio
- No armes un escándalo, si alguien llama a la policía te podrían llevar a ti también
Henry soltó mi mochila y me tomó de la muñeca haciéndome avanzar. Caminamos así por una cuadra hasta que él se dio cuenta y me soltó. No dijo nada y se marchó, tras un montón de gente lo perdí de vista, yo solo me quedé ahí parada tratando de buscarlo con la mirada.
Llegué a mi casa sedienta y sudada, así que entré prácticamente corriendo hacia la cocina para tomar agua, abrí el refrigerador y para mi suerte había una jarra con agua de Jamaica, mi favorita. Iba a tomar un vaso, pero mi padre no estaba, así que me empiné la jarra.
- Zusumi, ya les he dicho que se sirvan en un vaso y cierra el refrigerador - me atraganté con el agua y comencé a toser
- ¿Papá? - tosí varias veces más hasta que pude tomar aliento - ¿Qué haces aquí? - dejé la jarra en su lugar y cerré el refrigerador - Iba a tomar un vaso, pero tenía muchísima sed
- Tu hermano y tú se parecen más de lo que piensan, él me dice lo mismo cada vez que lo atrapo, por cierto ¿Dónde está?... Yo vine de rápido por unas cosas, me volveré a ir
- Él y yo salimos a diferente hora, por eso nunca llegamos juntos – y como si lo hubiéramos invocado, mi hermano entró a la casa
- ¿Papá? ¿Qué haces aquí?
- Ha venido por algo – respondí
- Por cierto chicos, antes de que se me olvide, no hagan planes para el sábado, iremos a un pequeño bufet
- ¿En serio? – brinqué de emoción, cuando mencionaban la palabra bufet lo primero que se me venía a la cabeza era “comer hasta ya no poder”
- Por mí no hay problema, pero Zusumi ira al concierto ¿no? – miré a mi hermano con cara de pocos amigos mientras en mi mente decía “ja ja ja que gracioso”
- No sé si lo dices por molestar o porque de verdad se te olvidó que papá me prohibió ir - respondí y subí a mi habitación. Había olvidado el hecho de que este sábado iba a ser el concierto y que no iba a poder ir. El lado "positivo" es que al menos podré desahogar mis penas comiendo mucho, lo único que esperaba era que en el bufet no hubiera crema de elote o zanahoria, o bueno cremas en general, era una de las pocas comidas que me desagradaban.