El lunes había llegado muy pronto para mi gusto, me desperté más temprano de lo normal, me duché, me alisté y preparé el desayuno, todo antes de que mi padre y Leo despertaran, solo para que se den una idea de qué tan temprano me desperté. No lo podía ocultar estaba ansiosa, hoy vería a Henry después de lo que pasó aquella noche, cada vez que pensaba en eso tenía que sacudir mi cabeza para disipar ese recuerdo, debía evitar sonrojarme o dar cualquier señal de que no podía dejar de recordar el beso una y otra vez, no quería que cuando Henry me viera supiera que todo el fin de semana estaba pensando en él. Cerré mis ojos fuerte y sacudí mi cabeza.
- ¿Zusumi estás bien? - abrí mis ojos y volví a mi realidad, mi padre y mi hermano me miraban extrañados
- Ah sí, todo bien, al cien... Es que tengo sueño, sacudiendo mi cabeza hace que me mantenga despierta - mentí
- Te despertaste muy temprano es normal que tengas sueño, puedes quedarte hoy en casa, sacaré un justificante
- ¡No! - grité - Digo... no papá - respondí más tranquila - No quiero perder más clase, cuando Leo se enfermó me perdí muchos temas y tengo que ponerme al corriente - Mi padre se convenció de que nada sucedía, por otra parte mi hermano se la pasó viéndome inquisitivamente durante todo el trayecto a la escuela, traté de no mirarlo y al llegar corrí a mi salón para que Leo no hiciera ninguna pregunta.
- Muy bien abran sus libros en la página 54 – Era la tercer hora y Henry aún no llegaba. Era increíble que me haya besado y ni siquiera aparece. Me sentí como una tonta, tal vez le estaba dando muchas vueltas al asunto, fue solo un simple beso, y aunque significó algo para mí, tal vez para él fue solo eso, un beso... De nuevo sacudí mi cabeza, no debería sacar ninguna conclusión, lo que tenga que pasar pasará.
Las clases pasaron con normalidad, gracias a que puse atención a las clases sentí que se pasaron muy rápido, cuando me di cuenta ya estaba saliendo de la escuela, estaba feliz, podría dormir un rato. Pero la felicidad no duró ni un segundo, al dar unos cuantos pasos fuera de la escuela me pasó algo tan vergonzoso, pisé popó de perro o tan solo esperaba que fuera de perro y no de una persona.
- ¿Pisaste suciedad hermosa? – un tipo comenzó a reírse – No te preocupes con o sin eso te sigues viendo bien – puse los ojos en blanco mientras tallaba mi pie en el pasto. Y para mi maldita suerte me encontré con Mina, una maldita que se había hecho pasar por mi amiga y que solo me utilizó para llegar a ese entonces al que era mi novio.
Mina estaba con uno de los chicos que siempre trataba de ligar conmigo, era de esperarse de una cualquiera como ella.
- ¿Zusumi? Oh dios mío si eres tú – dijo Mina, a lo cual me detuve y volteé a verla
- No, como crees, soy yo tu hada madrina – dije con una voz chillona
- Veo que sigues siendo divertida… ¿Qué haces aquí?
- Oh solo vine a tomar un maldito baño aquí en una escuela – la miré - ¿Acaso eres retrasada? Es obvio que si estoy aquí es porque aquí estudio
- ¿Aún no superas que te quité a tu novio? – Me dijo sin rodeos y me regalo una de sus sonrisas falsas – Extrañaba a mi mejor amiga
- ¿Mejor amiga? Discúlpame si te hice creer que eras mi amiga, yo jamás sería amiga de una z**ra como tú – sonreí y di la media vuelta para marcharme
- ¿Aún sigues enojada porque Noé te dejó por mí?
Había conocido a Noé en la escuela media, claro, cuando aún no odiaba demasiado a los chicos. Comenzamos a salir al segundo año después de conocernos, todo iba bien, hasta que una chica se hizo mi “amiga”. Pensé que era lo mejor del mundo, ¿Por qué? Simplemente porque desde la escuela primaria no tenía ni un solo amigo. Pasó un año desde que conocí a Mina, y estaba a punto de hacer dos años de novia con Noé, cuando los encontré besándose enfrente de mi casa. Así es, de mi maldita casa. Y poco después me enteré de todos los rumores que ella había esparcido de mí.
- ¿Noé? ¿Quién es? ¿Tu nueva mascota? – fingí que no sabía y seguí avanzando
- No tenías por qué cambiarte de instituto y mudarte solo por eso – bufé y di media vuelta y a pasos cortos avancé para quedar cara a cara con aquella idiota. Había colmado mi paciencia.
- ¿Pensaste que nos fuimos por eso? Debes estar mal de la cabeza, nos mudamos por el trabajo de mi padre, no era la primera vez mudándonos ¿Cómo crees que aprendí cuatro idiomas? Esta escuela – señalé mi instituto – Es la cuarta preparatoria que curso, así que no te hagas ilusiones - Le di un empujón y calló al suelo, de nuevo di media vuelta y me encontré cara a cara con Henry, abrí los ojos como platos, se suponía que no había venido. Henry comenzó a avanzar hacía mí o tan solo eso parecía, pasó de largo y se acercó a quien se encontraba detrás de mí
- Henry ayúdame a levantarme – Henry se acercó y ayudó a Mina - ¿Dónde estabas? Te estaba buscando desde hace media hora - hizo un puchero como niña pequeña
- Se me olvidó decirte que hoy no vendría a clases, así que vine a traerte - La voz de Henry era neutral, no podía descifrar que significaba esto, es más, no podía moverme de mi lugar, estaba petrificada
- Te he extrañado tanto – Mina se guindó del cuello de Henry
“Solo espero que no sea lo que pienso” Volteé hacia otro lado, y después recordé que no tenía por qué seguir ahí parada. Comencé a avanzar.