Konstantin.
Actualidad.
—Konstantin— dijo mi madre despertándome de mi siesta— Ya hemos llegado cariño.
Me levanté para ver observar el lugar donde nos encontrábamos, me pareció raro ver este lugar.
Salí del carro soñoliento, afuera estiré un poco los brazos, mi madre me dijo que mi padre se encontraba adentro apartando los asientos.
—¿Qué hacemos aquí?— Pregunté.
—Es un buen lugar para hablar— Contestó.
No dije más nada, me quedé en silencio hasta estar adentro, sentía todo el cuerpo dormido y un frío inmenso.
Estar aquí, me trae muchos recuerdos pues en mi infancia venía mucho a eventyrfabrikken.no con mis padres, aunque siento que estoy un poco grande para estar aquí.
Adentró fuimos a dónde se encuentra papá, al sentarnos, estuvimos un rato en silenció, él ya ha pedido con anterioridad un jugo y papas fritas para poder comer algo entre todos.
Los segundos se alargaban y mi ansiedad empezaba a atacar.
Mi madre tomó mi mano, cubriéndola con la suya, respiró un poco antes de empezar hablar, mientras que mi padre agachó la cabeza, también sujetando la mano de mi madre para darle fuerzas.
—Cariño, esto no es fácil de decir y no se cómo te lo tomes pero es cierto que no podemos seguir ocultándote la verdad— Dijo ella.
Me asusté un poco al escuchar sus palabras pues, tienen mucho peso.
Ella se detuvo un momento, volteando a verme, dejando caer unas cuantas lágrimas.
—El día del accidente, quién conducía era ese chico llamado Bruno y por desgracia— Hizo una pausa para limpiar sus lágrimas— no se salvó— Termino por decir con una tristeza notoria.
Me quedé allí inmóvil, sin expresión alguna, queriendo que todas esas palabras solo fueran un mal chiste.
De la nada, empezó a nevar, lo vi por la ventana que estaba justamente a mi lado.
«En este momento no solo los ángeles lloran».
Siete meses atrás.
—Oye, espera.
Escuché una voz detrás de mí pero solo aumente el pasó, no quería terminar siendo robado o secuestrado pero este chico fue veloz, logro alcanzarme en poco tiempo.
—Oye, espera.
Al voltear me sorprendió verlo a él, ese misteriosos chico estaba enfrente de mí.
—¿Qué pasa?— Fueron las únicas palabras que salieron de mi boca.
Él sonrió levemente.
—Me he enterado que te has ido— Contestó.
—Si, me he aburrido un poco— Respondí bajando la mirada.
—Te entiendo, también me estaba durmiendo— Contestó en burla.
—¿A qué has venido?— Pregunté nuevamente viéndole.
—Pues, es tarde y pensé que sería peligroso que anduvieras sólo por estás tinieblas— Respondió.
«Que torpe es, ni siquiera me conoce».
Sonreí por inercia al escuchar sus palabras.
—Supongo tienes razón— Contesté intentando evitar sonrojarme.
Él empezó a caminar junto a mí, hablándome sobre infinidades de cosas, yo me encontraba sumergido en sus palabras.
«Aun no entiendo porque me hace sentir tan extraño, tan distinto, tan completo».
Él se detuvo para mirarme, se quedó pensativo, por mi parte no supe que hacer para romper el incómodo momento, él encontró una solución muy rápida, se quitó la franela y me la entregó, quedando con el torso al descubierto.
—Póntela, debes tener frio— Dijo.
—No te preocupes— Respondí apenado.
Él seguía decidido en que me la pusiera, no parecía aceptar un no como respuesta.
—Vamos, póntela— Repitió— No te veré, me tápare los ojos, lo prometo.
No quise sonar grosero así que acepte su descabellada idea.
—Esta bien— Respondí.
Él se volteó como prometió, mientras tanto, me quité velozmente la camisa, el frío no tardó mucho en invadir mi cuerpo.
—Listo— Dije con su franela puesta.
«Que tibio».
—Te queda mejor que a mi— Comentó colocándose mi camisa.
Sin duda no pude evitar sonrojarme.
—Continuemos— Agregó.
Asentí y empecé nuevamente a caminar a su lado, con la cabeza bajá, escuchando sus elocuencias.
La luna iluminaba nuestro sendero, deseé tanto no llegar jamás a casa pero mi deseo no fue cumplido y cuando menos me di cuenta ya estábamos allí.
—Aquí es— Dije un poco desanimado— Espérame un momento aquí y te devuelvo tu franela.
Él me tomo del brazo, deteniéndome.
—No te preocupes, prefiero que te la quedes, así tengo una razón para volver a verte— Contestó.
Lo mire como tonto por un largo rato, sonriendo sin parar.
Me acerque a él y le di las gracias, a él no le bastaron mis gracias y me cubrió con sus brazos.
—¿Seguro que no quieres que te traiga algún suéter? mi camisa sigue mojada—Susurré entre sus brazos.
—No te preocupes, estoy bien— Contestó.
No puedo describir está sensación pero era como estar atrapado en un espejismo, uno del cuál jamás quisiera despertar porque sus colores te atrapan sin dudar.
—¿Cómo te llamas?— Pregunté avergonzado.
Pude notar que mi pregunta le hizo gracia.
—Me llamo Bruno— Contestó— ¿Y tú?.
—yo…— me detuve por un momento pues de la nada empecé a sentir mucho dolor— Mi nombre es Konstantin.