Konstantin.
Me coloqué una chaqueta y salí de mi cuarto, abajo en la sala de encuentran mis padres en mi espera, han estado un poco callados, supongo que es por lo de hace rato.
Yo me siento muy feliz, me encanta verles aunque sea solo un recuerdo.
Mi padre ha sido el primero en tomar la iniciativa, ha cruzado la puerta de la entrada.
—Vamos cariño— Dijo mi madre siguiéndole detrás.
Tome un poco de aire antes de salir de casa, no puedo ocultar lo nervioso que me siento, hoy posiblemente vuelva a ser yo, hoy volveré a ser aquel Konstantin que me ha robado más que solo un pasado.
Al salir me he montado inmediatamente en el coche de mi padre, es un Ford p7 color verde oscuro, un modelo algo antiguo pero con mucha clase.
Mi madre ha tardado un poco en subir al auto, se ha quedado peleando con la cerradura de la puerta.
—Deberían cambiar la cerradura— Murmuré.
Cuando finalmente logro ganarle a la puerta, subió al auto, todo el ambiente estaba un poco tensó.
Mi madre pasaba varias veces sus manos por su larga cabellera rubia intentando acomodarla pero la fricción hizo de las suyas y ahora habían pelo saltando por todos lados, como fue de esperar, saco de su bolso una lata de fijador para el cabello y lo rocío encima de ella, llenando el auto con un olor muy desagradable.
Mi padre mientras tanto hacía caso omiso a las acciones de mi madre, él al ver tanto desastre solo bajo la ventanilla del auto para que entrará un poco de aire y así refrescarse.
“Que raros son “.
Cuando los veo, solo pienso en lo poco que cuadran juntos, aún así, logran verse bien como pareja, el amor que se sienten aún es visible ante todos.
Mis padres aún no me han dicho ha dónde vamos, en realidad pareciera que no tuviéramos rumbo, hemos pasado varias veces por el mismo semáforo y como en las anteriores veces, hemos tenido la mala suerte de caer en luz roja.
—¿A dónde iremos?— Pregunté.
No obtuve respuesta de ninguno de los dos, ambos parecían sumergidos en sus pensamientos, me rendí sin luchar y mire hacía la ventana.
“Que frio“.
No la abrí pues, con solo la ventana que mi padre tiene abierta es suficiente para congelarme en mi asiento.
Hoy es un día muy frío, en cualquier momento podría empezar a nevar, esa idea me gustaría más si hubiese escogido un atuendo que me abrigará un poco mejor.
Después de pasar varios minutos en este pequeño asiento, dando las mismas vueltas una y otra vez, algo raro estaba empezando a suceder.
Por algún motivo lograba vernos a Bruno y a mi caminando por las aceras, mi visión era un poco borrosa pues de la nada empezó a llover pero estoy seguro de lo que estoy viendo.
—Detén el auto— Grité algo exaltado.
Mi padre no puso en duda mi petición, detuvo el auto de un frenazo y para nuestra suerte no había carro detrás de nosotros.
—¿Qué ha pasado?— Preguntó mi madre preocupada.
Yo bajé velozmente la ventanilla del auto para poder observar bien mis aparentes espectros.
“Ya no están“.
—¡Konstantin!— Exclamó mi Padre.
Voltee para dar con mi madre quien aún estaba muy preocupada.
—Perdónenme, he creído haber visto algo entre la lluvia— Contesté tosiendo.
Mi madre se acomodó nuevamente en su asiento, viéndose agitada.
—Lo siento— Repetí.
—Cierra la ventana de tu puerta, está lloviendo mucho y puedes enfermarte— Dijo mi padre.
—Claro— Respondí para luego subir la ventanilla.
El auto nuevamente arrancó.
“Me preguntó que habrá sido eso“.
Coloqué mi mano sobre el cristal, una pereza inmensa abundaba en mi interior, antes de caer en el mueble del auto, mire a medias al cielo, de dónde caían lágrimas de ángeles, cerré mis ojos y pedí a Dios un poco más de esperanza, un poco más de él.
Me acosté en el cojín y me prepare para dormir un rato, mientras la lluvia cesaba.
Siete meses atrás.
—Ven ¿Si?— Dijo Alisa rogando para que aceptará.
—No lo sé Alisa, sabes que no se me da estar en lugares con mucha gente y menos si es un lugar cerrado— Contesté indispuesto.
—Lo sé pero quiero divertirme con mi mejor amigo, tenemos tiempo que no vamos a una fiesta, en realidad nadie nos invita a una— Dijo para detenerse un momento pues seguramente se ha enredado con sus palabras o estaba buscando una mejor forma de lograr que aceptara— Solo piensa, sería muy grosero de nuestra parte no ir— Agregó.
Baje la mirada para pensarlo un poco, ella tiene algo de razón, no quiero que ellos piensen que me creo mejor o algo por el estilo, tal vez no estaría mal ir a una fiesta, socializar un poco, hacer amigos ¿Qué puede salir mal?.
Volví a mirar a Alisa quien seguía con su berrinche.
—Esta bien, iremos— Respondí.
Alisa se levantó de alegría para luego venirse encima de mí y darme un fuerte abrazo.
“Al menos esperó que el chico de las mil palabras asista“.
—¡No te arrepentirás!— Exclamó con fascinación.
—Esta bien— Respondí intentando verme alegre.
—Bien, vamos— Dijo ella tomando mi mano para levantarme del asiento.
Lancé el embace de mi bebida al bote de basura para intentar luego seguirle el ritmo a Alisa quién sin duda sacaba chispas de alegría.
—¿A dónde vamos?— Pregunté.
—Pues sería bueno ir buscando opciones de cosas que podamos llevar, no es bueno que lleguemos a una fiesta con las manos vacías— Contestó.
“Tiene razón… Supongo“.
Revisamos varias tiendas donde nuestra primera opción fue llevar comida pero Alisa se notaba un poco inconforme con esa idea, así qué decidió ver tiendas donde podría comprar recuerdos para regalar pero ella no sabe con exactitud cuántas personas asistirán, así que no era rentable esa idea, al final el bombillo dentro de su cabeza se encendió y se fue por la opción más corriente y normal, comprar licor.
—No nos venderán— Dije arruinando sus planes.
—No te preocupes, yo me veo mayor y tú… tú mejor no hables, déjamelo todo a mi— Contestó con mucha seguridad.
Visitamos varias licorerías y como era de esperar, la mayoría nos saco corriendo.
—Te lo he dicho— Dije sin mucho ánimo.
—Aun me queda una opción— Replicó.
Llegamos a una licorería que no tiene muy buena reputación pero es cierto que por eso misma razón hay muchas probabilidades que nos vendan algún licor, aunque sea de dudosa procedencia.
—Bien, ya sabes lo que tienes que hacer, solo déjamelo todo a mi— Repitió Alisa jalándome de la mano.
Mientras nos acercábamos, noté que su mano empezaba sudar, seguro estaba muy nerviosa.
A los alrededores se encontraban un grupo de chicos, posiblemente de nuestra edad, que también estan en busca de licor barato.
Intenté fijarme en ellos pero Alisa demandaba toda mi atención.
Al llegar, empezó a titubear.
“No puedo permitir que arruine todo su esfuerzo “.
—Disculpe, me da una botella de aquella— Dije señalando el licor marrón del cuál no se su nombre.
Alisa me miró agradecida.
Debo admitir que no fue fácil salvarla.
cuando nos entrego la bebida, ella pago apurada con ansias de salir lo más pronto posible, el vendedor no puso contras, solo nos vendió el licor sin mucho ruido.
Ya un poco lejos Alisa se encontraba saltando de felicidad con la botella en la mano.
—¡Lo logramos!— Exclamó feliz.
—Oye bombón, compártenos un poco— Dijo una voz a lo lejos.
Voltee para ver de quién se trataba, sin querer mis ojos lo encontraron a él, ese chico que me dejó perplejo, que me hizo pensar en un momento este montón de palabras, deduje que era parte de ese grupo, seguro él que estaba pidiendo alcohol a Alisa era amigo de él.
—Mejor guardo esto— Dijo Alisa metiendo la botella en el bolso.
—Si, creó que es mejor— Murmuré.
Yo aún seguía viendo hacia allá pero uno de ellos tapo mi vista.
Preferí avanzar aunque realmente me hubiera gustado quedarme un rato más.
Me sentí un poco deprimido de saber que ese chico se volvería un recuerdo que me mortificaría.
Alisa se despidió para ir a su casa a cambiarse.
—Te paso buscando más tarde— Dijo alejándose.
Yo asentí y continúe caminando hasta casa, al llegar, mis padres me dieron la bienvenida.
—¿Cómo estás cariño?— Preguntó mi madre.
—Bien— Respondí subiendo a mi cuarto.
Me encerré para luego lanzarme en cama.
“sin duda me siento muy cansado“.
Me quedé dormido sin darme cuenta.
Al despertar no espere para ordenar mis pensamientos, me fui en busca de mi celular para ver la hora.
—Es tarde— Susurré en esa habitación a oscuras.
Encendí la luz y entre al baño, tome una ducha rápida, me vestí con lo más decente que hay en mi clóset, cogí el celular para escribirle a Alisa quien seguro anda molesta porque me he quedado dormido y he bajado a despedirme de mis padres.
Al entrar en la sala me encontré con ellos quienes conversaban con Alisa, me han explicado que llevan rato así pues, Alisa llegó temprano y no quiso mandar a mis padres ha despertarme.
—Seria una muy buena esposa— Dijo de elocuente mi madre.
Tomé a Alisa de la mano y la jale con delicadez hasta mi para poder salir de aquí.
—padres, vuelvo mañana, los quiero— Dije saliendo apurado de esa casa.
Alisa solo reía, ella y mis padres siempre se han llevado muy bien.
—Pensé que ya saben sobre
—¡si!— Exclamé— lo saben pero ya sabes cómo son los padres, jamás logran aceptar tus imperfecciones por completo— Respondí un poco frustrado.
Alisa empezó a hablarme sobre lo grandioso que sería la fiesta y que me olvidaría de cualquier cosa que me moleste en este u otro momento, pues, cuando la recuerde me sentiré muy feliz.
“Espero tenga razón “.
Levanté la cabeza para ver el cielo el cual se encontraba estrellado.
—Es una bonita noche— Murmuré.
“¿Qué les habrá dicho Alisa a mis padres para que me permitieran salir?“.
Seguro ha dicho la misma mentira de siempre, que me quedaré en su casa a ver una maratón de películas y a ellos, como mi problema se les ha salido de las manos han tomado esa mentira como una esperanza que sea vuelto más una fantasía dónde yo embarazó a Alisa.
—Ya llegamos— Dijo ella de repente.
Volví en si, no me di cuenta que me había perdido en mis pensamientos.
—¿Listo?— Preguntó ella.
—Si— Respondí apretando los dientes.
No pasamos mucho tiempo afuera, en realidad nos recibieron de manera inmediata.
Fuimos a tomar asiento, no paso mucho tiempo para que Alisa me dejara solo.
—Ya vengo, iré a llevar la botella a la cocina— Dijo ella levantándose del sofá.
—Te espero aquí— Respondí sonriendo.
—Recuerda, estamos aquí para divertirnos, hay que salir de nuestra zona de confort.
—Lo sé, no te preocupes, en cualquier momento me pongo a hablar con algún extraño— Respondí en broma.
Alisa sonrió para luego irse a la cocina.
Me quedé un rato mirando a mis alrededores, me sentía algo incómodo.
“Tal vez no fue una buena idea venir“.
De la nada apagaron las luces, podía escuchar muchas risas y cuchicheos, preferí mantener la cabeza baja en espera de Alisa.
—¿Qué haces?— Preguntó Alisa finalmente apareciendo en escena.
Levanté mis ojos para verla, todo estaba iluminado con luces navideñas.
—¿Perdón?— Dije viendo a la chica a la que he confundido con Alisa.
—¿Qué haces aquí solo?— Gritó para que la pudiera escuchar.
—Nada, solo miro como se divierten— Respondí.
—¿Quieres bailar?— Preguntó gritando.
—No, gracias— Respondí.
—Aburrido— Dijo yéndose.
Mi cara se pinto de rojo al escucharla pues, sé que tiene razón.
Cuándo mire a la pista de bailé, logré verle de nuevo, era ese chico que estaba cerca de la licorería, mi corazón se agitó, está vez logré cruzar miradas con él, me miraba de una forma particular, como si intentará deducir algo.
Alisa llegó con dos vasos de ron, entregándome uno para luego agarrarme del brazo y llevarme a bailar, no pude negarme pues, en estos momentos mi cuerpo no me pertenecía.
En la pista de baile, alrededor de todos, intentaba sigilosamente verlo, él se encontraba bailando con una chica, quien supuse es su novia, aún así no podía evitar buscarlo, hay algo en él que neutraliza los efectos de mis pastillas.
De la nada uno de los muchachos que bailaba a nuestro alrededor, chocó contra mi, tirando su bebida en mi camisa.
Todos voltearon a verme, la música seguía sonando, yo preferí no levantar la cabeza, podía sentir la mirada de todos y eso me incómodo demasiados.
Cómo pude me fuí de allí, dirigiéndome a la cocina para limpiarme, Alisa fue detrás de mi.
—¿Estás bien?— Preguntó ella.
—Si, solo es un poco de licor— Respondí intentando con un trapo limpiar mi camisa— Creó que me devolveré a casa, mañana me contarás que tal te fue— Agregué aún fregando mi camisa.
—Perdona— Dijo ella lamentándose.
—No te preocupes, no fue tu culpa, en realidad no fue de nadie— Contesté desanimado.
Al cansarme de fregar y no ver qué algo sucediera, me rendí, dejando el pañuelo en la mesa, dirigiéndome está vez a la salida, Alisa me acompañó para despedirse de mí.
—No bebas mucho— Dije abrazándola.
—No te preocupes— Contestó sonriendo— Llámame cuando llegues a casa.
—Entendido— Respondí.
Me despedí de ella y salí al frío y solo exterior, no quise ver para atrás para no tener dudas en si irme o no.
Empecé mi caminata a casa, no dure mucho en esta fiesta.
“Él seguro me ha visto, lo he arruinado “.