1. Katrina
*Narra Katrina*
── ¿Prometes que estaremos en contacto? -sonreí.-
── te lo prometo -nos abrazamos.-
── debemos irnos -dijo la directora desde la puerta de la habitación, haciendo que Elsa y yo nos separásemos.-
── de acuerdo -miré a Elsa y sonreí, ella también sonrió. Cogí la maleta y me acerqué a la puerta, antes de salir, Elsa me rodeó con sus brazos por detrás. Sonreí y me giré. Nos abrazamos fuerte.-
── nos podremos ver por Skype.
── vale -sollozó, me separé y limpié sus mejillas.-
── te quiero.
── yo también te quiero -sonrió.-
── vámonos Katrina.
Me separé de Elsa y seguí a la directora. Mientras arrastraba la maleta, iba fijándome en cada detalle, echaría de menos ese internado y a mi mejor amiga. Ambas ingresamos con siete años, y esos diez años que habíamos compartido habitación; secretos, lágrimas, risas y escapadas, nos habíamos hecho cómo hermanas, ella tenía una tía que nunca iba a verla, así que era como si no tuviera más familia a parte de mí, y yo sólo la tenía a ella, sólo nos teníamos a nosotras dos. Y dije que sólo la tenía a ella, porque el cerdo de Jorge Miro, no merecía ser llamado padre, y si hubiese sido por mí en ese momento, ni siquiera hubiera ido a su puta casa. Pero había cumplido los 17 años, y a esa edad, teníamos que abandonar el internado y volver con "nuestra familia". No sabía cómo a mi madre se le había ocurrido pedir que me fuera a vivir con ese cerdo, a Los Ángeles, A LOS ÁNGELES, repito.
¿Alguien podría decirme qué diablos haría una chica de Madrid, en Los Ángeles?
Me subí al coche junto con la directora. Al parecer Jorge le había pagado para que me llevara allá mismo, debía tener miedo de que decidiera quedarme en Madrid vagando por las calles, cosa que prefería mil veces antes que verlo.
Ni siquiera recordaba muy bien su puta cara, nos había abandonado cuándo yo tenía cinco años, lo hizo al enterarse de que mi madre tenía un tumor en el cerebro. Y todo eso lo sabía porque mi madre fué escribiendo un diario, un diario que me entregó en sus últimos momentos, diario que cuidaba con mi vida, y las palabras que estaban escritas en él, hacía que odiara todavía más al cerdo de Jorge.
¿Cómo coño pudo abandonar a mi madre cuándo más lo necesitaba?
Ni siquiera pensó en mí. Sólo se marchó y listo. Sabía que se había encargado de pagar el internado cada mes, y pensaba trabajar para devolverle su cochino dinero. No quería tener nada que ver con ese señor, ya me llegaba con su apellido, trataría de no cruzar palabra con él cuándo lo viera, porque sabía que si lo hacía, habría tercera guerra mundial.
Mientras íbamos en el coche, iba mirando todas las calles. Era la primera vez que veía Madrid de esa forma, en el internado sólo podíamos salir los fines de semanas, y teníamos que estar acompañadas por un supervisor y no nos podíamos alejar mucho del internado, vamos, que era como si fuera una maldita cárcel.
Suspiré al pensar en Elsa, aún le quedaban unos meses para cumplir los diecisiete, tendría que irse a vivir con su tía sin querer.
Al llegar al aeropuerto dejamos las maletas en la correa, después de facturar subimos al avión. Cogí mi libro y empecé a leer por la última página en la que me quedé.
Estaba leyendo una novela de amor, ese sentimiento parecía ser muy bonito, nunca lo había experimentado por culpa de la cárcel esa, tampoco había dado mi primer beso. Que era virgen en todos los sentidos, vamos.
── tendrás que aprender a llevarte bien con ellos cómo lo haces con Elsa -habló interrumpiendo mi lectura.-
── ¿qué?
── sé que cuando estás enojada te transformas y empiezas a decir palabrotas. Así que quiero que te comportes y hables con ellos como hablas con Elsa, que parecen cotorras cuando están juntas -sonreí por eso último, era cierto, casi siempre venían a regañarnos porque aún a las tantas de la madrugada, seguíamos hablando de lo lindo.-
── con esas personas no pienso tener una relación normal, mucho menos con el señor ese -suspiró.-
── hazlo por tu madre, ha sido ella quien ha querido que te fueras a vivir con él.
── no sé cómo pudo querer eso después de todo.
── no quería, lo hizo para que no te quedaras sola en este mundo -agaché mi cabeza, cuando acarició mi pelo la miré.-
── al menos trata de portarte bien, y quítate esas gafas, estás más guapa con lentillas.
── no prometo nada. Sabes que con las gafas estoy más cómoda.
── cómo quieras. Pero no quiero enterarme de que andas haciendo de las tuyas.
── ajá -volví a leer.-