Su teléfono comenzó a sonar con demasiada insistencia. Matilda daba vueltas en su cama sin terminar de abrir sus ojos aún. Un sonido similar al ronroneo de un gato salió de sus labios aún cerrados. Vencida por el insistente sonido del aparato finalmente lo tomó de su mesa de noche y desconectando el cable que cargaba su batería pudo ver la foto de su madre en la pantalla. Deslizó su dedo y antes de que pudiera acercarlo a su oído la voz de esta termino de despertarla. -¡Feliz cumpleaños, Mati! - le dijo y sin espera respuesta comenzó a hablar a gran velocidad. -Quise enviarte flores, pero en el medio de las montañas parece que no hay delivery. Le pedí a tu tía que te compre la torta de esas galletitas de chocolate que te gustan pero, como siempre se limitó a emitir un par de bufidos,

