Aluel regresó a su casa luego de que Matilda se bajara en la casa de su tía regalandole el más dulce de los besos que alguien le hubiera dado jamás. Encendió las luces a su paso y colgó su campera en el perchero. Aumentó la temperatura del termostato y decidió darse una duche caliente. Llevaba viviendo solo varios años, le gustaba su espacio, la tranquilidad y sobre todo, la posibilidad de escapar de las miradas de compasión. Se secó el cabello con la toalla y se puso una remera que solía usar para dormir. Se sentó en el sillón de la sala, que era prácticamente el único ambiente de toda la casa y luego de vagar por los canales de deportes sus pensamientos lo llevaron a ese par de ojos celestes que tanto lo inquietaban desde que los había conocido. Recordó el beso, su risa, su desespe

