-Si seguís dando vueltas vas a marcar el piso.- le dijo Ana a Matilda sin levantar la vista de su libro. -Si no estoy dando vueltas, tía. -dijo Matilda tomando asiento en uno de los sillones de la sala. -Si vos lo decís.- respondió su tía con esa ironía que tanto la caracterizaba. Matilda tomó uno de los libros de la mesa y pasaba las páginas como si se tratara de un documento que no contenía nada importante. Entonces Ana apoyó el suyo sobre su falda y la miró incisiva sobre sus anteojos de lectura. -¿Qué?´- le preguntó la joven, cómo si no entendiera porque la miraba. -¿Vas a decirme que te tiene nerviosa o me vas a dejar a mi decirlo? - le preguntó clavando sus ojos claros escondidos tras la piel arrugada de sus párpados. -No estoy nerviosa. - insistió Matilda volviendo sus o

