.11 El frío llegó tan crudo como se había anticipado. Ana había encendido todas la estufas de la casa y el hogar llevaba días ardiendo. Sin embargo, Matilda podía sentir las bajas temperaturas hasta en sus huesos. Prácticamente habían abandonado sus caminatas y sólo se asomaban al jardín cuando el sol parecía invitarlas, pero como una ilusión, ni bien atravesaban el ventanal volvían a entrar con la nariz helada y la necesidad de una bebida bien caliente. Matilda iba por su décimo libro, se había vuelto tan fanática de lo que su tía le recomendaba que pasaba varias horas junto al fuego inmersa en las líneas de quienes sabían narrar buenas historias. Por otro lado, aquel era su lugar favorito porque era desde donde podía ver la calle. La camioneta de Aluel había regresado en contadas

