Ignacio. Cuando llegue del trabajo, no estaba mi esposa tarareando feliz una canción. No estaban las luces prendidas sin motivo alguno, tampoco algún recipiente sucio donde no debería estar. Había demasiada paso una que extrañamente me dolió, cuando llegue al baño me di cuenta que no estaban sus objetos materiales. Su cepillo de diente no estaba junto al mío, la crema que usaba para la cara ya no reposaba la esquina inferior del baño. El peine que siempre tenía pelos sueltos tampoco estaba. Me dirigí corriendo hacia la habitación nuestra, pero pude ver el placard abierto de par en par. Las maletas tampoco estaba, se llevó la almohada. Y también algunas cobijas con ella. Sentí una punzada de dolor en el corazón, me sentía traicionado me sentía dolido. Me sentía primeramente confundido,

