5 Dias

1020 Palabras

El sonido de la llave girando en la cerradura me sobresaltó apenas unos segundos. No levanté la vista del plato. La pasta ya estaba casi fría, pero aún conservaba algo del aroma a albahaca que había invadido la cocina un par de horas antes. No me moví. Ni siquiera para fingir cortesía. Escuché sus pasos pesados entrando al departamento. Su chaqueta cayó sobre el respaldo del sofá como todas las noches y sus llaves tintinearon al aterrizar en la mesa de la entrada. Luego, silencio. No saludó. No preguntó. Solo me observó mientras me llevaba otro bocado a la boca. —¿No guardaste nada para mí? —preguntó finalmente, como si no supiera exactamente lo que estaba haciendo. Clavé el tenedor en el último trozo de pasta y respondí sin mirarlo: —No. Escuché su respiración cortarse por un instant

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