Lia pasó toda la noche mirando el techo de su habitación, sin poder dormir un solo minuto. Había aceptado casarse con Dante. Lo había dicho en voz alta, lo había confirmado con un “sí” que todavía vibraba en su pecho. Y por más que la felicidad la atravesara, una angustia fría la acompañaba en cada respiración. Una cosa es mentir con palabras… otra es aceptar un matrimonio entero construido en una mentira. Un matrimonio implicaba cenas familiares, eventos, viajes, protocolos, ceremonias. Implicaba padres. Implicaba historias. Implicaba raíces que ella no tenía. ¿Y qué iba a hacer cuando llegara ese momento? Presentar a sus padres verdaderos no era una opción. Su padre alcohólico, su madre apagada, sumisa, incapaz de enfrentar nada. Dos personas que jamás la cuidaron, que jamás la prot

