Pegó a la pared la cinta para dividir los colores y comenzó a pintar todo, esperando que antes de anochecer estuviera completamente seco. O eso le había dicho el trabajador que le había vendido la pintura.
Dos horas después había terminado y el resultado le había encantado. Aún no podía ver el resultado muy bien, pero, de lo que observaba, sabía que iba a salir precioso.
Buscó en su celular varias fotos con Aubrey que con el paso de los años se habían tomado y escogió veinte de ellas. Se había sorprendido por la cantidad de fotos que tenía de ellos juntos desde que eran niños.
Para las ocho de la noche, ya había terminado y las fotos habían sido puestas en su pared. Todo había quedado muy lindo y en ese momento, decidió llamar a su novia que podía no haberle dicho nada, pero sabía que estaba de los nervios por el estar desaparecido tanto tiempo.
— ¿Hola? —Escuchó su voz tranquila.
— Hola, amor —Saludó él, emocionado. La había extrañado todo el día.
— ¿Cómo estás?
— Muy bien, ¿cómo vas tú?
— Bien…
— Perdón por no haberte respondido —comenzó Ansel, había que tenía que disculparse, pero quería generar un poco de intriga para sorprenderla—. Me encontraba ocupado.
— ¿Ni siquiera para decir buenos días?
— Lo sé, lo siento mucho cariño. Hoy tuve que estar mucho tiempo por fuera.
— ¿No llevaste tu celular?
— No —trató de sonar apenado mientras encontraba una excusa barata. No le importaba si le creía, solamente era para despistar—. Lo olvidé. Pero quiero mostrarte algo.
— A ver…
Con cuidado se alejó un poco de la cámara y acomodó las cosas detrás de él. Lentamente comenzó a mostrarle uno a uno los arreglos que había puesto y las fotos. Había unas de cuando eran solamente niños y luego dos de cada año que habían pasado juntos. Había decidido hacer una línea de tiempo.
— Esto era lo que estaba haciendo —señaló su obra, orgulloso.
Pudo ver como el rostro de Aubrey se iluminaba y una sonrisa tierna aparecía en su rostro. Nunca se iba a cansar de observar lo hermosa que era.
— ¿O sea que estuviste en casa todo el tiempo?
— Algo así —comenzó a reír—. Quería que estuvieras enfadada.
— No estoy enfadada.
— Claro —se burló el castaño recordando su rostro apenas le contestó.
Luego de eso, decidieron cenar juntos en lo más cercano a una cita y Ansel se arregló un poco mientras ella bajaba por algo de comer a la cocina. Estaba exhausto y no había hablado con su madre, pero se sentía mejor que el día anterior. Comenzaba a sentirse más tranquilo, aunque el dolor en su cintura se hizo ver cuando trató de doblarse hacia un lado.
Una mueca se posó en su rostro y suspiró, esperando que no volvieran a molestarle. Ya comenzaba a fastidiarse y a tener algo de miedo por su salud.
Comieron felices y charlaron sobre su día. Ella había comido una sopa instantánea y Ansel había comprado un combo con una hamburguesa para cenar. Habían comenzado bien su relación a distancia. Solamente hacía falta cinco meses y estarían juntos otra vez.
A las once de la noche Aubrey comenzó a cerrar sus ojos y el castaño se silenció, para dejarla dormir. Había estado despierta desde muy temprano haciendo arreglos en su cuarto y era mejor que descansara, ya el siguiente día hablarían.
Ansel colgó la llamada y suspiró mirando el techo de su habitación. Sentía cómo entraba el frio por una ventana que había, entonces se levantó para cerrarla. Unos golpes se escucharon en su puerta y con el ceño fruncido se dirigió a la misma, para abrirla.
Allí volvió a ver a aquel grupo.
— ¿Ahora qué? —Cuestionó.
— Vinimos a firmar la paz —habló uno de ellos—. Te jodimos mucho y es normal que respondieras así.
— ¿Ah?
— Si. Nunca había sucedido, pero entendemos que al final alguno iba a pelear porque no le gustaba lo que hacíamos. Igualmente es algo que se hace con todos los de nuevo ingreso.
Ansel se recostó en el marco de la puerta y soltó un suspiro.
— Estoy solo aquí, no estaba para ese tipo de bromas.
— Entendemos. Por eso vinimos a disculparnos.
— Está bien.
Uno de los muchachos se acercó y le ofreció su mano a él. Aun sintiéndose algo desconfiado, la apretó y volvió a guardarla en su bolsillo.
— Ya no te vamos a j***r más. No te preocupes.
— Está bien.
Ansel iba a cerrar la puerta, pero rápidamente uno de ellos no dejó que lo hiciera.
— Queríamos invitarte también a la fiesta de comienzo de semestre.
— No, gracias.
— Dale —lo animó otro de ellos—. Como dices eres nuevo. Mereces descansar antes de entrar a toda esta mierda.
Algunos segundos pasaron observándose en silencio. Hasta que él asintió, derrotado. Tal vez podía salir a divertirse un poco.
— ¿Dónde es?
— Es Black Sheep. Es un bar a dos cuadras del campus. No te perderás.
— Está bien.
— ¿Seguro que vas?
— Lo pensaré.
Ansel cerró con prontitud y se dirigió a su cuarto. Allí le escribió un mensaje a su novia, pero al ver que no respondía, bufó.
No sabía qué hacer. Estaba confundido y tampoco confiaba en ellos debido a todo lo que estaba pasando. ¿Qué tal se tratara de una mentira para golpearlo? Nadie se hacía buena persona de la noche a la mañana y menos, le ofrecían a alguien que los había golpeado salir de fiesta.
— No soy tan estúpido —murmuró y abrió sus r************* . Definitivamente no iba a ir. Prefería estar seguro en su departamento por lo menos, hasta que tuviera un amigo. Y eso solo podría ser en dos días.
El siguiente día era domingo y el lunes comenzaban las clases para Aubrey y él. Los dos habían estado charlando de eso y se habían dado cuenta que sus horarios era un poco diferentes, pero, que los viernes salían a la misma hora, lo que les servía para hablar más tiempo ese día. Como tener una cita semanal o algo así.
Ansel soltó un bostezo y cerró los ojos cuando dieron las doce de la media noche y se arrunchó con su almohada, imaginando que se trataba de su novia.
El día había llegado.
Ansel y Aubrey se sentían nerviosos.
Esperaban que su primer día estuviera bien.
A las siete en punto se enviaron un mensaje, saludándose y dándose buena suerte. Los dos tenían su primera clase a las ocho de la mañana y a esa hora ya estaban listos. Parecían niños que apenas entraban al colegio, pero no les importaba, todo era culpa de su nerviosismo.
— ¿Estarás bien?
— Si, Bry. Tengo todo en mi mochila.
— ¿Llevas comida? —Inquirió la chica, preocupada.
— Detente —Ansel soltó una carcajada—. Estaré bien. ¿Tú llevas todo?
— Todo perfecto.
Ansel asintió y se despidió de su novia, cuando se dio cuenta que casi eran las ocho de la mañana. Primer día y ya llegaría tarde.
Con cuidado se dirigió fuera del departamento y se aseguró de dejar todo en orden. Sus pies se movieron con rapidez y observó el horario en su celular, recordando el lugar donde tendría que ir. Ya conocía los edificios y así sería más fácil para él, encontrar el salón.
Pudo observar el campus más lleno de lo normal y a los estudiantes correr de un lugar a otro. Unos sonriendo, riendo y otros, preocupados ante la hora.
— ¡Permiso! —Gritó una chica pasando por el lado de Ansel, y él se corrió, dejándola pasar. Se veía apresurada.
El castaño revisó su celular y se dio cuenta que solamente faltaban cinco minutos para comenzar la clase. Así que, comenzó a correr hasta que pudo encontrar el salón, donde la puerta se encontraba cerrada.
Con delicadeza golpeó y pudo escuchar a alguien hablar. j***r, primer día y cagando todo.
— Buenos días —saludó a la mujer que se encontraba sentada en el escritorio. Ella le observó por encima de sus gafas y le señaló un puesto, para que tomara lugar.
— Por favor.
— Gracias.
Nuevamente Ansel miró su reloj y apenas iban a ser las ocho de la mañana. ¿Qué hacía ella ahí? Loca.
— Buenos días. Mi nombre es Claudia y seré la docente que les guiará en esta clase.
— Buenos días —respondieron todos.
— Perfecto. Me gusta comenzar en punto. No aceptaré que nadie entre a esta clase un minuto tarde.
Ansel levantó levemente las cejas y una pequeña sonrisa apareció en su boca. Definitivamente se veía eso.
— ¿Algo que decir? —Preguntó la mujer deteniéndose frente a él.
— No, no. Perdón.
— Bien.
Mierda. No podía ir peor su día.
— Muy bien. Para el día de mañana necesito que lean dos lecturas que dejé en la impresora. Pueden preguntar por la carpeta A8. Es de esta clase.
Una chica levantó la mano.
— ¿Siempre será así?
— ¿Cómo?
— Que debemos llegar antes de la hora en punto.
— Si —respondió la profesora—. La mayoría vive aquí mismo. Lleguen diez minutos antes. Por favor.
Ansel observó a la chica que había hablado. Su cabello era rojizo y sus ojos marrones. Al momento que los observó, pudo hacer contacto visual con ella, quien le sonrió. Él le devolvió la sonrisa.
Una hora después, Ansel se levantó de su lugar con un poco de dolor en su trasero. Estaba exhausto de estar sentado. No habían hecho mucho, solamente tocar algunos términos que usarían durante el semestre, pero nada más.
— Hola —la misma chica de más temprano, le saludó.
— Hola —él le sonrió, sorprendiéndose. Solamente habían cruzado un segundo miradas. Él había detallado a todas las personas en el salón de clases.
— ¿Cómo sentiste la clase?
— Bien.
— ¿Cómo te llamas?
— Ansel, ¿y tú?
— Diana —sonrió la susodicha—. Quise venir a saludarte ya que ahorita nos miramos y eso…
El muchacho se preguntó internamente si había algo mal con ella y dejó escapar una sonrisa. ¿Qué demonios?
— Entiendo. Que tengas un buen día, Diana.