Capítulo 17

1772 Palabras
—    Si, está bien —respondió Aubrey revisando su celular. Era la una de la tarde y Ansel no se había comunicado con ella y siempre la saludaba antes de que ella se despertara. —    ¿Qué pasa? —    Nada. Solamente Ansel no me responde. —    Cariño —Jay acarició su mejilla con suavidad. Su hija era hermosa—. Él se comunicará. Recuerda que también tiene que organizar todo allí. —    Tienes razón. No quería verse como una novia loca. Pero cuando ya tenían algo rutinario, era raro que dejase de pasar. Tal vez se había quedado hasta tarde viendo series o había conocido nuevas personas y había estado con ellas. Esa tarde ella se había quedado hasta las seis con su madre y apenas habían visto que comenzaba a anochecer, habían decidido irse a casa. A organizar todo. Sólo le quedaba el siguiente día y el lunes tenía comenzar clases a las siete de la mañana. —    ¿Quieres que maneje yo? —Inquirió subiendo al auto, a lo que su madre cansada, asintió. Con cuidado acomodó todo en el auto y lo prendió, para dirigirse a casa. Para ese momento Ansel no se había comunicado tampoco. Ella le había llamado y tampoco le había respondido el celular y comenzaba a sentirse algo rara sobre ese hecho. No era como que pudiera ir a su casa a buscarlo y preguntarle por qué no le había respondido. Solamente podía esperar a que apareciera y solamente esperaba que estuviera bien. Cuando llegaron a casa, recogieron las cosas y ella se encargó de acomodarlas en su habitación. Puso algo de música y se perdió en sus pensamientos. Eran las nueve de la noche cuando el celular de Aubrey comenzó a timbrar. Ella observó despreocupada quién era y vio que por fin se trababa de Ansel. —    ¿Hola? —Saludó acomodando algunas cosas en el escritorio. —    Hola, amor —le saludó él, emocionado. —    ¿Cómo estás? —    Muy bien, ¿cómo vas tú? —    Bien… —respondió un poco insegura de su respuesta. Si estaba bien, ¿por qué hasta ahora la contactaba? —    Perdón por no haberte respondido —comenzó el chico—. Me encontraba ocupado. —    ¿Ni siquiera para decir buenos días? —    Lo sé, lo siento mucho cariño. Hoy tuve que estar mucho tiempo por fuera. —    ¿No llevaste tu celular? —    No —se escuchó apenado del otro lado de la línea—. Lo olvidé. Pero quiero mostrarte algo. —    A ver… Algo insegura, Aubrey continuó mirando la cámara para saber con qué iba a salir y su rostro se suavizó, viendo cómo había arreglado su cuarto y había puesto varias fotos de los dos en las paredes. —    Esto era lo que estaba haciendo. —    ¿O sea que estuviste en casa todo el tiempo? —    Algo así —se escuchó a Ansel reír—. Quería que estuvieras enfadada. —    No estoy enfadada. —    Claro —se burló el castaño. Aubrey rodó los ojos y se enterneció ante lo que había visto. Ellos no se mentían (o no muy seguido) entonces estaba segura de que si había estado preparando eso. —    Me gustó mucho. —    ¿Quieres que tengamos una cena romántica? —    ¿En serio? —    Si. Compré algunas cosas para comer mientras hablamos. —    Entonces déjame bajo rápido. Con prisa la castaña bajó las escaleras y alcanzó a resbalarse, golpeándose el trasero en el camino. —    Mierda… —murmuró y continuó bajando. No sabía qué era lo que iba a comer y apenas vio una sopa instantánea, la preparó y esperó los tres minutos a que estuviera. Cuando ya estuvo perfecta, subió con precaución y se sentó en su escritorio, donde vio que Ansel estaba arreglando un poco su ropa y apenas la escuchó, comenzó a sonreír. —    ¿Por qué hiciste eso? —    Me estaba preparando para nuestra cita, mi amor. Una sonrisa apareció en los labios de la chica y suspiró un poco, sintiendo un vacío en su pecho. Tenía que aprender a vivir sin él y era bastante duro. Solamente la mantenía tan tranquila el hecho de que entraría a la universidad y se ocuparía con otras cosas, mientras llegaban las vacaciones y podían volver a verse. Y así sucesivamente mientras lograban graduarse y ya pensaban en lo siguiente que harían en su vida.Ansel se había levantado temprano en la mañana para buscar algunas cosas para su departamento. Había decidido que iba a comprar pintura y personalizar una de las paredes que había en su cuarto, debido a que había estado mirando Pinterest le había gustado uno de los diseños que estaban ahí. —    ¿Qué cuesta esta pintura? —Preguntó encontrando el color que le había gustado. Era un tono gris claro. —    Ese cuesta treinta dólares. —    Quiero este color, por favor. —    ¿De esta marca? —    Necesito uno que seque hoy mismo —explicó rascando su cabeza. —    Entonces este está bien. Luego de eso comenzó a pensar en algo que pudiera sorprender a su novia. Llevaba algunos días queriendo hacer algo que le emocionara, pero no sabía realmente qué podía hacer. Había pensado que ese día no le contestaría y esperaría hasta que se enfadara para aparecer y en ese momento sería cuando le mostraría todo lo que había hecho. —    Tenga —le sonrió el vendedor y después de dar las gracias, salió del lugar. Durante el viaje de vuelta al campus, estuvo nuevamente mirando su celular para encontrar la sorpresa de Bry. Y cuando se bajó del auto, ya sabía lo que haría. Estaba pensando en imprimir varias de las fotos que tenían juntos y así pegarlas en la pared con ayuda de algunos clips que había comprado. No estaba muy familiarizado con esas cosas, pero con un tutorial de YouTube, podría solucionarlo. Pudo ver cómo su novia le había escrito en la mañana y le había llamado. Él no le había contestado y se sentía algo cruel. Era muy raro que él no respondiera y más desde que había llegado a la universidad. Siempre estaban en contacto. —    Vean quién está aquí —murmuraron a su espalda y Ansel se volteó, viendo a uno de los muchachos que le habían lanzado harina el día que había llegado—. Ahora estás solo y no vas a tener dónde esconderte. —    Siempre he estado solo —murmuró sin dejar de caminar—. Ustedes son los que llegan en grupo. —    Yo puedo solo contigo. —    Inténtalo —frenó y le encaró, viendo cómo daba un paso atrás—. Inténtalo y te hago la vida un infierno. —    Eres un idiota de primer año, tu- Y un puño fue a impactar la boca del joven. Ansel se lo había propinado con fuerza y ni siquiera le importaba si llegaban sus amigos. Él no iba a aceptar que nadie le molestara. Aún se sentía como mierda por estar lejos de su familia, para que unos idiotas quisieran joderle su instancia en ese lugar. El desconocido comenzó a gemir por el dolor y se sentó en el pasto, para tratar de que el dolor bajara un poco. Nunca habían conocido a alguien que los enfrentara de esa forma y menos, que hubiese golpeado ya a tres de ellos sin recibir ningún castigo. Ansel continuó caminando, esperando no tener más problemas en el camino. Hasta que sintió cómo un puño impactaba un lado de su cintura y dejó salir una bocanada de aire, al sentir el dolor. —    Demonios…. —    Eso es por golpear a mis amigos —el desconocido que se veía más grande entre todos ellos había sido el que le había propinado el golpe. Su amigo le había escrito que lo había golpeado y él se había cansado de esa situación. Los había golpeado varias veces y merecía que le devolvieran los golpes. Y él se encargaría de eso. Sus amigos eran demasiado pequeño o delgados como para enfrentarse a otra persona, pero él, no era así. Había estado entrenando bastante en el gimnasio (aún así hubiese entrado solo para conseguir chicas), y le había encantado el trabajar su cuerpo.  —    j***r —Ansel se acomodó y dejó las bolsas que traía en el suelo—. Ustedes son unos idiotas siempre atacando por la espalda. —    No lo hice así. —    No tienen los huevos de hacerlo de frente —escupió el castaño, comenzando a sentir la rabia crecer dentro de su cuerpo. Su madre lo había metido en clases de defensa personal cuando era niño y había estado entrenando hasta los dieciséis años. Por supuesto que tenía bastante conocimiento al respecto y no le tenía miedo a ningún brabucón, porque sabía que ellos solamente lanzaban puños y nada más. Eran seres sin cerebro. Con cuidado, se acomodó y quitó su chaqueta, viendo cómo el desconocido continuaba acosándolo para que comenzaran a pelear. No quería que lo primero que supieran de él, fuera que era una persona problemática, pero, por lo menos sabrían las personas en esa universidad que no deberían joderle la vida. —    Hazlo —habló, esperando que le atacara el joven. Un gruñido salió de los labios del desconocido y le empujó, casi haciendo que Ansel perdiera el equilibrio. Mientras él se preocupaba en no caerse, el otro hombre le lanzó un puño al rostro, pero él fue más rápido y se hizo hacia un lado, logrando que cayera al suelo. —    Déjame en paz —Ansel habló—. Solamente quiero estar tranquilo aquí. —    Tú nos has golpeado. —    Porque ustedes comenzaron. No me molesten más, no me importan. Luego de eso, tomó sus cosas y continuó su trayecto. Si llegaban a golpearle nuevamente, no iba a dejar las bolsas en el suelo, sino que por el contrario las lanzaría su cabeza para que entendieran que estaba hablando en serio. Definitivamente querían cogerlo de idiota y él no aguantaría eso. No lo había aguantado en la escuela y mucho menos ahí. Y se defendería si así tuviese que hacerlo. Ya era un adulto y a su madre no la llamarían si se metía en problemas. Entonces no tenía ningún tipo de miedo. Revisó su cintura y pudo observar cómo un morado comenzaba a crecer. Tocó suavemente y dejó escapar un poco de aire, al sentir algo de dolor. Por lo menos no le habían golpeado peor. Comenzó a arreglar su pared y se cambió, porque sabía que ensuciaría si continuaba así. —    Perdóname —susurró con una sonrisa viendo una llamada entrante de Aubrey. Ella estaba preocupada.
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