Capítulo 22

1748 Palabras
Unos minutos más tarde se levantó del sofá y se dio cuenta que estaba un poco mejor. Así que se dirigió a la cocina y preparó algo de comer para no tener ni un poco de hambre para la hora del almuerzo. Ya era muy tarde para desayunar y muy temprano para almorzar. Tomó dos vasos de jugo de naranja, unos panqueques con frutas y comió un aguacate. Sintió su estómago completamente llenó y dejó escapar un suspiro de felicidad. Amaba comer. Luego, tomó su celular viendo nuevamente la hora. La una de la tarde. No hablaba con Ansel desde el día anterior en la tarde y ya le extrañaba. Ellos normalmente hacían videollamadas en la noche y así sentían que se dormían juntos. Si, bastante romántico, pero también lo hacían porque se extrañaban el uno al otro más allá de ser novios. Ellos siempre estaban juntos y ahora vivir separados era algo difícil. Revisó el chat que tenía con su novio y observó que la había saludado. Algo seco, pero le había dado los buenos días, que claramente ella no había contestado. Por arte de magia y tal vez por la ley de atracción, la chica inmediatamente recibió una llamada por parte de su novio, que se encontraba algo preocupado por ella. —    ¿Hola? —Preguntó mordiendo su labio. —    ¿Aubrey? ¡Por Dios! —    ¿Qué sucede? —    ¿Por qué no me respondías? —Ansel preguntó. Se escuchaba que estaba caminando deprisa—. Estuve tan preocupado. Anoche y hoy. —    Perdón —se lamentó ella con suavidad—. Tengo que contarte todo lo que sucedió. Fue horrible. —    ¿Estás bien? —    Si, no te preocupes. Un suspiro salió de los labios de Ansel y continuaron hablando. Él tenía clase, pero el profesor aún no llegaba, lo que hacía que pudiese alargar la llamada con su novia. Ella se encargó de contarle todo lo que había sucedido la noche anterior y en la mañana, recibiendo algunos regaños de Ansel, por no programar bien su alarma o dejarla todos los días para no tener que cuadrarla todos los días. —    Entonces, ¿Qué vas a hacer? ¿Vas a volver a hablar con ella? —Inquirió, queriendo saber qué haría su chica. —    Creo que sí. Por ahora es la única persona que conozco. Ansel asintió—. Yo también haré lo mismo mientras consigo algún otro amigo. Spencer es un idiota. —    ¿Qué sucedió? —    Yo volví a casa muy temprano porque estaba muy incómodo con él —respondió—. Quiso que fuéramos a un bar y me hizo algo parecido que tu amiga. Nos llevó con algunas chicas y se pusieron todos pesados y me fui. —    Entiendo —asintió Aubrey, entrando a su habitación—. Es agotador salir con personas así. —    Son personas que nunca han tenido una relación, Bry. No saben lo que es el respeto. —    Tienes razón. Ansel observó la puerta y observó una mujer joven entrar. Poseía unas gafas y una carpeta grande pegada a su pecho. Era la profesora. —    Mierda —susurró y volvió a la llamada—. Mi amor, te dejo. Llegó la profesora. Hablamos ahorita. —    Está bien. Cuídate. Y colgó. Tenía que poner cuidado en esa clase. Según lo que había estado escuchando esta era otra de las peores asignaturas que tenía que ver. No era de primer año, sino de segundo año y la había tenido que ver porque ya no había más cupos para las asignaturas que tendría que ver. Sentía algo de miedo por el hecho de que podía no tener el conocimiento de sus compañeros, ni los términos que se utilizaran y sabía que, por eso, tenía que estudiar muy fuerte. —    Buenas tardes muchachos —saludó la mujer, dejando todo lo que llevaba encima del escritorio—. Me llamo Jennie. Espero estén muy bien. Todos en el salón respondió al unísono y ella barrió el salón con su mirada, buscando personas nuevas. Sus ojos se detuvieron en Ansel y levantó las cejas, intrigada. —    Veo que hay un nuevo estudiante que no había estado conmigo antes. ¿Cómo te llamas? Las mejillas de Ansel se tiñeron de un suave rosa y se levantó de su lugar. —    Mi nombre es Ansel y soy de primer año. —    ¿Por qué estás viendo esta asignatura si no corresponde a tu plan académico? —    La ofertaron y tuve que tomarla. La que era de mi año no pude verla porque todos los cupos estaban tomados. —    Muy bien —asintió, entendiendo la mujer—. Pero ¿también te dijeron que necesitas la información de la asignatura anterior a esta para poder entender? —    Si, señora. —    ¿Entonces? —    No importa. Creo que puedo aprender. Las personas dentro del aula los miraban atentamente, debido a que conocían a su profesora. Ella no era una docente cualquier y, al contrario, era demasiado exigente. Algunos alumnos que habían estado con ella habían llorado porque les subiera una décima su nota para no perder la asignatura y ella ni siquiera los había mirado, cuando la habían buscado. —    Me gusta tu pensamiento —terminó ella—. Esperemos que sigas así todo el semestre. —    Si señora. La mujer le miró por última vez y le ofreció una pequeña sonrisa al muchacho. No era el primero que intentaba hacer eso y no podía, pero siempre le gustaba ver que había un valiente que lo intentaba. —    Muy bien, como muchos de ustedes saben. Estaremos viendo algunas cosas sobre edificaciones. Por eso, es necesario que sepan que utilizarán muchos materiales para esta asignatura. Las maquetas no faltarán y no quiero recibir nada imperfecto. ¿Por qué? —Cuestionó, mirando a las personas presentes. Cuando vio a uno de los chicos que estaba repitiendo la asignatura, lo señaló, pidiéndole que hablara. —    Porque las romperá frente a nuestros compañeros. Ansel abrió los ojos e hizo una mueca. Ahora comenzaba a arrepentirse de ver esa asignatura. La secretaria le había dicho que era una de las más emocionantes dentro de la carrera y que no se arrepentiría si la veía. Pero sentía que le había mentido. Lo había llevado directo a la boca del lobo y ahora tenía miedo de lo pesada que pudiese ser durante el semestre. La clase comenzó a transcurrir en completa tranquilidad y Ansel tomó más apuntes que en sus clases pasadas juntas. No quería perder nada de lo que ella decía por lo mismo que le había explicado. Era mejor que le sobraran anotaciones sobre la clase a que le faltaran y luego cuando tuviese que estudiar, se diera golpes de pecho porque sabía que lo había dicho en un momento, pero no lo tenía escrito. —    Oye… —le llamó un chico que estaba a su lado. —    Dime —susurró, sin dejar de mirar a la profesora, que estaba anotando los materiales que utilizarían durante el semestre. —    No hagas caso. Ella es excelente. —    ¿Cómo lo sabes? —    Bueno —carraspeó el muchacho—. No te asustes, pero perdí la asignatura y sé cómo es ella. —    ¿Qué? —La cara de circunstancias que tenía Ansel era inexplicable y su compañero rió por lo bajo. —    La perdí, pero porque no podía hacer bien las maquetas. No te preocupes. —    Me acabas de preocupar más. El muchacho se encogió de hombros y le sonrió—. Ya te darás cuenta de que no es así. Solamente compra el libro de donde explica todo, estudia la clase antes y estarás bien. Ansel le pidió el nombre del libro y lo anotó con rapidez en su libreta. Quería comprarlo apenas llegara a su departamento. Así que, después de agradecerle, volvió a prestarle atención a la profesora, que ahora se encontraba inmersa en una discusión con uno de sus compañeros. Sus risas se dejaban escuchar y mientras tanto él, revisó su celular, encontrando un mensaje de Aubrey. Era una foto de ella descansando y sonrió. Se veía hermosa. Además, también tenía un poco de celos. Mientras él estaba ahí desde las siete de la mañana, ella tras de que entraba tarde a clases, no había ido. Y realmente era la mejor decisión, solamente perdería dinero si hubiera tratado de ir a clase. El tiempo estaba demasiado justo y llegaría tarde. Era mejor no aparecer a llegar tarde y comenzar dando una mala impresión. Luego podía inventar alguna excusa. Él le escribió lo hermosa que se veía y un carraspeo se escuchó a su lado. Era la profesora. —    Si piensas pasar mi clase mientras te mandas mensajes con tus amiguitas, será imposible. —    Perdón. Una hora después se terminó la clase y Ansel exhaló con fuerza cuando salió del aula y se dirigió fuera del edificio, sintiendo la brisa del campus. Demonios, sabía que tendría que dedicarse demasiado a esa asignatura y solo esperaba no perderla. No tendría cara para ver a su madre después de que ella había pagado tanto dinero por su educación. Además, el perder la asignatura bajaba su promedio y costaba un montón poder volver a verla. —    ¡Oye! —Una exclamación se escuchó detrás suyo y vio al mismo chico que le había pasado el mismo nombre del libro. —    Hola —le sonrió. —    ¿Por qué te fuiste tan pronto? —    Estaba sintiendo mucha calor —confesó y se encogió de hombros—. Las personas ahí dentro tienen un aura muy pesada. El muchacho le miró con gracia y se comenzó a reír. ¿Qué demonios? —    Yo también pienso que los salones contienen mucho calor y es horrible. Te da sueño y es asqueroso. Todas las personas sudando. —    Por Dios, cállate —rió Ansel haciendo una mueca con su boca. —    Y luego ese sudor está en el ambiente y si abres la boca- —    ¡No más! Los dos siguieron riéndose y caminando sin un punto especifico, por el campus. Se veía que el chico era muy gracioso y eso le gustaba mucho al castaño. No quería continuar saliendo con Spencer porque solamente pensaba en chicas y en beber. Él quería hacer un amigo un poco más centrado. Como él. —    Y cuéntame, ¿vives aquí? —    Si, en un departamento. —    ¿Compartido? —    Solo. Un silbido salió de los labios del ahora identificado, Adam. El cual tenía un cabello rojo como el fuego.
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