Ese día estaba comportándose de esa manera, pero realmente sabía por qué y simplemente esperaba que ella entendiera porque no era una situación fácil.
Con lentitud subieron escaleras para ir al cuarto de la chica. Se dirigieron allí, donde al entrar, cerraron la puerta con seguro, e inmediatamente se acostaron en la cama de ella.
Ansel le dejó un pequeño beso en los labios de Aubrey y se volteó.
— Mañana es su entierro, ¿no?
— Si.
— ¿Dónde va a ser?
— Donde fue el de mi abuela —respondió.
Ella asintió y soltó un suspiro, dándose cuenta de que realmente iba a continuar así durante algún tiempo y tenía que respetarlo y aceptarlo.
Con cuidado se cómodo en su cama y puso su cabeza en el hombro de Ansel, para cerrar los ojos. Habían sido unos días agotadores y solamente esperaba a dormir, además tendría que estudiar el siguiente día y entraba muy temprano en la mañana.
— ¿Tienes que hacer algo?
— Nada. Ya adelanté todo lo que tenía que hacer. No te preocupes.
— Está bien.
Con delicadeza Ansel comenzó a acariciar su cabello y, a susurrar algunas canciones que tenían en su mente.
— Por favor, tranquilízate un poco.
— Lo sé, perdón.
— No te disculpes —Aubrey atinó a decir rápidamente—. Solamente me parte el corazón verte de esta manera.
— Lo entiendo —él le regaló una pequeña sonrisa y besó su frente.
***
El siguiente día había sido algo complicado para la muchacha. Había dejado a Ansel en su cuarto y se había dirigido temprano hacia la Universidad cómo había tenido una cantidad impresionante de trabajos por realizar, pero ya se estaba adelantando en todo y gracias a una chica de su semestre a la que había estado preguntándole todo. Ella se había encargado de explicarle cada una de las cosas que tenía que hacer, Y eso le agrada bastante. Sabía que era una buena chica.
Aubrey abrazó su maleta cuando llegó, y al entrar al salón pudo observarla de lejos. Vio cómo estaba riéndose con otro chico que, si había visto unas cuantas veces, pero ni siquiera conocía su nombre. Su sonrisa era muy parecida a la de Ansel, así que lo recordó inmediatamente y le saludó, en un mensaje de texto. No sabía qué era lo que iba a hacer ese día, pero solamente habían quedado en que se encontrarían en el cementerio.
Ella al verla, le sonrió y le hizo señas para que se acercara.
— ¡Hola!
— ¿Cómo estás? —Aubrey le devolvió la sonrisa. Al parecer eran muy sonrientes.
— Bien, ¿cómo has estado?
— Todo ha estado tranquilo. Gracias por preguntar.
Acomodó sus cosas al lado de ella y dejó escapar una exhalación con fuerza. No había vuelto a hablar con Amelia desde el día que la había dejado en el bar y, realmente no le importaba. Solamente había sabido que ya estaba bien y ni siquiera por boca de ella. Ella no le había enviado un mensaje o una nota de voz, y por su parte tampoco. No quería hablar con ella.
Su hermano, por el contrario, le había estado escribiendo algunos mensajes que ella había ignorado con éxito. Si, era un hombre guapo, pero hasta ahí. Realmente no quería generar discordia o malentendidos entre su novio y ella, puesto que los mensajes que le enviaba no se veían como mensajes de un amigo simplemente, sino que podían entenderse de otra manera. Además que mucho menos en ese momento quería tener algún tipo de problema con Ansel.
La clase comenzó y la castaña sentía cómo su cabeza comenzaba a doler. Había olvidado que esa era su segunda semana y que la anterior semana no había vuelto a la universidad, entonces sería como su primer día. Bastante información por digerir, y poco conocimiento de su parte. Sabía que tenía que encontrarse con Natalia y que ella le ayudaría un poco.
— ¿Copiaste lo que te envié?
— ¿Qué? —Aubrey se asustó, sin dejar de escribir. Ella había revisado sus mensajes temprano y no había nada.
— Para la siguiente clase… —Natalia abrió los ojos y sacó su celular, tapando su boca—. Mierda. No tenía internet.
— ¿Cómo así? —La castaña la miró con miedo y frunció el ceño.
En ese preciso instante sintió cómo el mundo comenzó a caer encima suyo. Tenía que entregar un trabajo para dentro de una hora y ni siquiera sabía qué tema era. Claramente no había sido culpa de ninguna de los dos, simplemente el internet había dejado de funcionar y Natalia no había podido enviárselo. Había pensado que sí lo había hecho, pero realmente no había sido así.
De esa manera, Aubrey sacó su tableta y comenzó a investigar con rapidez todo lo que se le pedía para la siguiente clase. Sentía que era un tema bastante denso, pero, con urgencia comenzó a escribir todo en una hoja para estudiar un poco más tarde. Lo bueno era que la profesora con la que estaba teniendo clases, les daba un descanso de 15 minutos y en ese descanso, pensaba seguir estudiando para su siguiente clase. Por lo menos esperaba tener algo de conocimiento sobre el tema para cuándo llegará la siguiente docente.
Había aprendido en el colegio que, si no quería que le preguntaran de una vez, tenía que hablar y participar sin que la profesora lo preguntara. Así que eso era lo que iba a hacer. Iba a participar y se iba a encargar de decir todo lo que tenían las hojas, para que luego nada más le preguntaran.
Ellos hacían una recapitulación de lo que se había investigado, luego se empezaban a escuchar las partes y, a lo último de la sesión, se realizaba un pequeño resumen. Después de hacer todo esto, ya la profesora comenzaba a explicar su tema. Así eran sus días entonces sabía más o menos cómo tenía que comportarse.
— Hazlo más rápido. tienes solamente 20 minutos.
Aubrey soltó un gemido lastimero—. Estoy terminando. en 5 minutos.
Natalia asintió y comenzó a molestar sus uñas. se sentía un poco nerviosa de que su amiga no alcanzara a anotar todo lo que tendría qué hacer para cuándo comenzara la clase.
— ¿Y ahora?
— Natalia —Aubrey la miró seria—. Acaban de pasar dos segundos.
La castaña terminó de investigar faltando cinco minutos para que se termine la clase y comenzó a arreglarlo con rapidez. Debía tener las ideas presentes y que tuviesen relación entre sí. Estaba tranquila para su primera clase ya que había participado ese día y había entregado todos sus trabajos, entonces la profesora no la estaba molestando tanto. Además de que no estaba haciendo tan obvia de que estuviera haciendo trabajos de otra clase.
Cuando se dieron cuenta que tendrían que salir así a su otro salón la muchacha soltó un respiro y se tranquilizó. Había alcanzado a copiar todo y a leer, entendiendo un poquito del tema.
— Demonios, eso fue difícil —Natalia se rió—. No puedo creer que alcanzaste a terminar todo.
— Lo sé. Soy super poderosa —se burló.
Su teléfono comenzó a sonar y se dio cuenta que se trataba de su novio. Contestó inmediatamente y puedo escuchar con atención qué era lo que le estaba diciendo. Ansel le comenzó a decir que se encontraba en su casa, acompañando a su madre a ponerse la vestimenta adecuada para la reunión. Se sentían muy mal y le comentó que él pensaba que no iba a ser de esa forma cuando su papá faltara.
Aubrey le comentó que ella estaría también en el entierro un poco más tarde porque había comenzado más temprano de lo que se había pensado y Ansel aceptó, entendiendo que tenía sus obligaciones y que cumplirlas.
El resto del día pasó demasiado rápido para ella y cuando se terminó su última clase soltó nuevamente un respiro de alivio. Le había salido como ella había pensado. La profesora le había felicitado por su investigación tan exhaustiva y como había nutrido la clase por toda la información que había conseguido.
Sabía que estaba mal lo que había hecho, pero, no le importaba mucho.
En ese momento solo estaba pensando en acompañar a Ansel.
Aubrey corrió lejos de la universidad para dirigirse al cementerio. Había salido un poco más tarde de lo que había pensado, pero ya había avisado que se retrasaría, pero, que pronto llegaría.
Sus pies se movían con rapidez mientras tomaba el primer taxi que encontró en la calle y un suspiro de alivio salió de sus labios, al momento que estuvo sentada dentro de uno de ellos.
— Al cementerio de las afueras, por favor.
— Hay dos, muchacha —espetó el conductor, observándola de rapidez—. ¿Sabe cuál?
— ¿Quedan cerca?
— Relativamente.
— Entonces déjeme en la mitad de los dos.
— Está bien —aceptó el hombre.
Ella nunca había ido a ese lugar. Estaba agradecida de nunca tenerlo que hacer, ya que las personas en su familia eran bastante sanas.
La única que se había enfermado en un momento de su vida había sido su abuela materna, pero había salido de todo cuando ella tenía apenas quince años. Le alegraba no haber tenido que vivir eso a una edad más adulta porque sabía que hubiese sufrido más de lo que había sufrido en su momento.
El celular de la chica comenzó a sonar y ella rápidamente lo tomó, para contestar. Llevaba media hora de retraso y ya comenzaba a preocuparse. Esperaba que Ansel no estuviese furioso.
Y precisamente, él era quién la estaba llamando.
— ¿Hola?
— Mi amor —murmuró él—. ¿Dónde estás?
— Ya estoy llegando, de verdad.
— ¿Por qué te estás demorando tanto?
— Me tuvieron más tiempo en la universidad…
— Entiendo —Ansel bufó y podía jurar que estaba pasando una mano por su cabello—. Te espero en una cafetería, puedes vernos a la entrada. Estamos tomando algo.
— Está bien.
Colgaron y Aubrey comenzó a morder una de sus uñas. Ese día había más tráfico que cualquier otro y no sabía a quién tenía que maldecir por eso.
— A veces pasan estas cosas —explicó el hombre—. Como vamos para fuera de la ciudad, están los colegios campestres y las rutas son las que retrasan todo.