Capítulo 28

1741 Palabras
—    Señora Sofía, por favor cálmese —pidió la jueza. —    Señora jueza todo lo que está diciendo es mentira. La mujer solamente asintió y volvió con Camilo. Quien no dejaba de mirar la puerta de salida. —    Si usted me dice que no hizo nada de lo que se le acusó. Podría decirme, ¿por qué atacó a la señorita Aubrey en su casa? Camilo sonrió de medio lado y miro la susodicha con gracia. Ese momento había sido épico. Había pensado que ella tal vez le había roto la mano, pero cuando llegó a su casa y darse cuenta de que no había sido así. El odio que cargaba en contra de la familia de Aubrey era más grande que cualquier otra cosa. —    Sí sucedió, su señoría —mintió—. Pero se lo merece. Ella estaba escondiendo a mi hijo. —    ¡Eso no es así! —Gritó Aubrey desde su lugar, recibiendo una mirada advertencia de la jueza. —    Continúe —pidió la mujer, dejando que Camilo se defendiera. —    Como le decía su señoría. Estaba escondiendo a mi hijo. No me quería dejar verlo y yo me defendí. La jueza levantó las cejas, incrédula de la situación. Nunca había conocido a un hombre tan descarado durante sus veinte años de carrera profesional, así que le pidió que se dirigiera otra vez a su asiento, ya que no quería escucharlo más. Camilo comenzó a caminar con lentitud. Bajo cada uno de los escalones que llevaban al piso normal de la sala sin dejar de observar a Ansel y Aubrey, que se encontraban tomados de la mano. —    Tú… —señaló a la novia de su hijo—… y tu familia van a pagar por todo lo que me han hecho. La jueza no dijo nada al respecto. Sólo dejó una anotación sobre el hecho y la amenaza para después revisarla durante la audiencia. La misma continuó con ella escuchando los testigos de las dos partes y cada una de las pruebas que tenían. Tres horas después, decidió que era suficiente y procedió a decir su decisión final sobre el caso. —    Muchas gracias a las dos partes por estar aquí otra vez. Me acaban de confirmar que la mujer y el niño se encuentran en buenas condiciones en este momento. Poseen algunos golpes, pero nada que no se pueda solucionar con cariño y atención médica. Sofia abrió la boca sin poder creer la situación. Esperaba que aquella mujer pudiese salir de esa relación y buscara ayuda. —    Por otra parte, esta sala ha decidido qué el señor Camilo, aquí presente. Sea inmediatamente llevado a una prisión con una condena de diez años y seis meses, sin que pueda rebajar condena. Ansel y su madre se abrazaron con fuerza. Dejaron caer las lágrimas al suelo luego de escuchar aquella decisión, la cual hubiese sido la más feliz de su vida, por muy poco. Sentían que por fin se habían quitado un peso de encima, así que estaría custodiado aquel hombre y ya no tendrían que estar preocupados porque él volviese a aparecer y volviese a violentar a alguno de los dos. Camilo, por su parte, al escuchar aquella decisión miró sus zapatos y luego sus manos, para proceder a sacar un arma de su camisa y disparar a su cuerpo. El impacto de bala llego a su cabeza y con prontitud el cuerpo del hombre cayó al suelo, inerte. Camilo se había suicidado en plena audiencia.     Los gritos en el recinto no se hicieron esperar y todas las personas alrededor comenzaron a correr fuera de la sala. La jueza observó aquello y cerró sus ojos para no tener que verlo más tiempo. Con prontitud pidió que se acercara el personal respectivo y taparan el cuerpo. Para Ansel, un dolor de cabeza inmenso apareció, se quedó observando el cuerpo en estado de shock. Había visto cómo su padre se había muerto y no podía borrar la imagen de su cabeza. Aubrey, por su parte, intento bajar su cabeza y abrazarlo para que no siguiera observando, pero por dentro se sentía asqueada. Esta situación había sido más de lo que había pensado y realmente no sabía cómo actuar. Lo único que sabía era que tenía que sacar a su novio de ahí lo más pronto posible, para que dejase observar. —    Vámonos —ordenó llevándolo fuera del recinto. —    Bry… —    No te preocupes. Estoy contigo. —    Bry… Y Ansel la siguió con su piel completamente pálida y caminando como un zombi. Había sido un día demasiado complicado para él y para su madre, como para terminarlo de esa manera. Había visto en películas y noticias que esos casos pasaban, pero nunca pensó que fuese a suceder con una persona tan cercana a él y, además, qué él vería todo. Mucha gente podría estar feliz por la situación, pero él no estaba así. Sentía que su padre había escogido la salida más fácil para no responder por sus errores. Así que, con prontitud salió del lugar y respiro aire fresco. No sabía cómo tendría que proceder ahora debido a que tenía que volver en un vuelo a la universidad en la noche. Ansel se estaba sintiendo realmente mal cuando llegó a su casa. Había estado todo el día por fuera junto a su madre y Aubrey trataba de entender por qué había pasado lo que habían visto. La jueza había dicho que el caso continuaría y que realmente lamentaba mucho lo que había sucedido, pero que tenían que continuar siendo fuertes y sacar adelante el proceso que ya se estaba llevando a cabo. Él no sabía realmente qué era lo que iba a hacer ahora porque ya tenía que volver a la Universidad, pero, su padre había muerto. Entonces, siguiendo el protocolo, lo primero que haría el lunes a primera hora sería llamar y avisar sobre su situación y esperar para saber cuál sería la decisión a la que llegarían ellos después de que les dijera eso. Legalmente, él sabía que debían darle algunos días de duelo, por lo que había sucedido. —    ¿Qué quieres comer? —Aubrey preguntó, esperando alguna respuesta de Ansel. —    Nada. —    Mi amor… —    De verdad, no quiero nada. La chica asintió y soltó un suspiro de resignación. Entendía que estuviesen pasando un mal momento, pero llevaba todo el día sin comer y eso le preocupaba, no podía dejar que él se enfermara por esa situación. También Sofía se encontraba mal, pero con ella estaban sus padres. La situación era algo complicada de manejar y necesitaban una persona con conocimiento manejando el tema de Camilo y del juicio. Por eso habían decidido dejar todo en manos de su abogado y del padre de Aubrey. Entre los dos solucionarían algo sin necesidad de comentarle todo a Sofía. Ella se sentía tranquila y la verdad no tenían ninguna pizca de tristeza o nostalgia sobre la situación que había pasado. Para ella simplemente había sido algo impresionante de ver, pero nada que tuviese que ver con Camilo en específico. Él le había hecho daño y se sentía demasiado herida como para perdonarlo y lamentar su muerte y la verdad no creía que eso fuese a cambiar en poco tiempo. Aubrey se sentó con precaución y observó a su novio. Sus ojos se veían cansados y su mirada agotada. La noche anterior, su novio no pudo dormir muy bien por los nervios, aunque tratara de esconderlo. Después de tantos años lo conocía como la palma de su mano.                                                                                                    ***   Algunas horas habían pasado y todo estaba más calmado. Sofia había decidido que lo primero que harían sería comunicarse con la universidad de Ansel y avisar que no volvería durante la siguiente semana por la cuestión que ya se sabía. Él había dicho que podía llamar el siguiente día, pero prefirieron hacerlo de una vez enviando un correo a la secretaría académica y comentando la situación. Sofía no quería que él se fuese durante algunos días, ya que necesitaba algo de apoyo y tendría que ir a conocer a la mujer que había sido la esposa de Camilo, debido que, se había dado el poder de acompañarla durante todo el proceso para poder volver a ser quién era, con ayuda psicológica. En ese momento, se encontraban todos cenando en el comedor de la casa de Jay. Había decidió salir de la casa de Sofia para dejar de pensar un poco en eso y al final, también se quedarían allí. Aubrey tendría que ir a la universidad el siguiente día porque claramente el hecho de que hubiese muerto aquel hombre no significaba nada para ella. No había un vínculo sanguíneo ni fraternal, de manera que, no podía faltar a la universidad, además de que ya había faltado bastante tiempo por lo sucedido con su rostro.   —    ¿Dónde se quedará Ansel? —    En el cuarto de invitados —respondió el padre de la chica con obviedad. —    Pero si él siempre se quedaba en mi cuarto —reprochó Aubrey. era injusto que lo dejara dormir solo cuando estaba pasando por una situación difícil. —    Cuando eran amigos. —    No sabes desde cuando estábamos saliendo… —    ¿Significa que él se quedaba aquí cuando ustedes dos se querían de otra forma más que amigos? —Inquirió Jay. Escuchando la conversación. —    Sin comentarios —se silenció Aubrey y caminó, lejos del lugar. Continuaron hablando de sus vidas, todo lo que querían a futuro y cómo se habían sorprendido del hecho de que sus hijos comenzaran a salir juntos como algo más que amigos. Jay había dicho que ella siempre había querido que ellos dos tuviesen algo más, pero que nunca había dicho una palabra al respecto, porque sabía que su relación era bastante fraternal y que el amor que se tenían era como hermanos.  Claramente, la sorpresa se la llevó cuando los habían invitados a cenar, y ella nunca había sospechado puesto que conocía tanto la relación de los dos muchachos. —    ¿Vamos a mi cuarto? —Preguntó Aubrey con una pequeña sonrisa. Quería que se alejaran de todo ese revuelo. —    ¿Para qué? —Ansel la miró de reojo y luego volvió a revisar sus dedos. No dejaba de moverlos y eso ya estaba impacientando a la chica. —    Para estar tranquilos —respondió algo obvia. El muchacho asintió varias veces y se levantó para dirigirse fuera junto a ella.
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