— Entiendo que tú, Aubrey, reconociste a ese hombre en la grabación que le proveímos a tus familiares, ¿correcto?
— Correcto.
— ¿Cómo pudiste reconocerlo?
— Por su forma física y cabello —respondió—, él tiene una orden de alejamiento que interpusimos mi familia y yo cuando trató de violentarme.
— ¿Podrías decirnos su nombre completo?
— Liam André. Él me decía que era francés, pero creo que estuvo mintiendo todo el tiempo.
— Bien, muchas gracias. Y tu —el policía se dirigió al muchacho, que escuchaba atentamente todo—. ¿Podrías decir que es él?
— Completamente. Él antes de golpearme me dijo que era exnovio de Bry. Por eso también sé que es él.
— Oficial —interrumpió la chica—, yo intenté pedir en una de las casa de mi vecindario las grabaciones de esa noche. Y solamente una persona no quiso ayudarme. Era una mujer no tan vieja y en el video se ve que él entra es a ese lugar, después de golpear a Ansel.
— ¿Cuál casa?
— Aquí —rápidamente tomó su teléfono y compartió la grabación con el oficial—. Esa casa es de un color amarillo claro con blanco. Lo recuerdo perfectamente.
— ¿Sabes que pedir esas grabaciones es ilegal y tu eres mayor de edad?
— Lo sé —se encogió de hombros—, pero necesitaba saber quién pudo haberle hecho esa clase de daño a Ansel y no podía quedarme de brazos cruzados. Además, Liam apareció nuevamente y me dijo que, si no quería que algo le pasara a Ansel, me alejara de él.
— ¿Cuándo sucedió eso?
— Hace dos días.
Después de esa corta conversación, los jóvenes salieron del lugar y fueron advertidos de que necesitaban encontrarse en un lugar seguro y con sus familias, mientras capturaban a Liam y lo procesaban por intento de homicidio. Las pruebas que ellos habían logrado recolectar más los testimonios, era lo que se necesitaba para que pudiesen llevarlo a juicio y posteriormente a la cárcel. Él era un peligro y no podía andar por la vida, maltratando y atacando personas inocentes.
— ¿Qué vamos a hacer ahora? —Preguntó Sofia, mientras conducía su auto nuevamente a casa.
— Es mejor estar todos juntos y apoyarnos en todo —respondió Jay, a lo que todos hicieron un sonido de afirmación, apoyándola.
— Claramente. No es posible que te quedes sola en tu casa. Nos vamos contigo unos días mientras se soluciona todo este problema.
Así habían decidido que iba a ser todo. Ellos iban a quedarse en la casa de Jay mientras atrapaban a Liam, para no correr ningún peligro. Si él había sido capaz de casi matar a Ansel, él iba a ser capaz de cualquier cosa.
Mientras se iban acercando a su hogar, Aubrey se movió con agilidad hacia la ventana para poder apreciar la casa a la que había entrado Liam y si por algún motivo, lo llegaba a ver.
Lastimosamente no alcanzó a observar nada y tuvo miedo de que supiera lo que habían estado haciendo y que, por lo mismo, se escapara. Ella no podía aceptarlo.
— Aquí es donde él se escondía. Espero pronto venga la policía.
☼☼☼
Eran alrededor de las ocho de la noche, cuando gritos y estruendos se escucharon fuera de la casa de Jay. Las personas que estaban dentro se alarmaron, e inmediatamente corrieron a la puerta a ver qué era lo que había sucedido. Cuando miraron a la calle, se dieron cuenta que habían llegado varios carros de policía a la casa que ellos habían notificado, albergaba a Liam y estaban sacando a la señora que se había negado a darle las grabaciones a Aubrey.
Ella al verla, corrió para confrontarla.
— ¡Usted sabía quién era él! ¡Usted lo escondió!
La señora se asustó al verla, y bajó la mirada, para no tener que mirarla a los ojos directamente.
— ¿Dónde está, Liam? ¿Dónde?
— No sé de qué habla, niña.
Con rabia, Aubrey se abalanzó sobre la mujer, pero un policía apareció, y la alejó.
— ¡¿Qué le pasa?! —Gritó la mujer mirándola con rabia—. ¡Usted está loca!
— ¡Estúpida! —La igualó la castaña, tratando de alejarse del agarre del oficial—. ¡Lo está encubriendo!
— ¡Ya basta! —Uno de los policías las silenció, e hizo que se alejaran.
Aubrey vio como se llevaban aquella mujer y cómo ella silenciosamente se reía. Nuevamente su cuerpo se llenó de ira, pero no pudo hacer mucho, puesto que ya la habían subido a la patrulla.
— Señorita Clive. No se encontraron rastros del señor sospechoso en el lugar. Pudimos evidenciar que hay algunas prendas de hombre, pero nada que nos dirija a él.
— ¿Cómo así? ¿Sabía que iban a venir?
— O simplemente salió y llegamos en un mal momento.
— Cálmate —murmuró Ansel en el oído de la muchacha y ella exhaló con fuerza. Se sentía exhausta de que siempre fuera así todo. Ese hombre era muy audaz y sabía cómo salirse con la suya.
Aubrey se volteó y le abrazó con fuerza. En su pecho se sentía protegida y siempre le había gustado el perfume que emanaba su ropa. Ansel siempre olía bien. Y cuando no, era porque estaban en algún plan casero, para el cual no tenía que pasar por la ducha.
— Tengo miedo, Ansel —expresó, abriéndose a su mejor amigo.
— Yo también lo tengo, pero estamos el uno para el otro.
☼☼☼
Eran las tres de la mañana y Ansel no podía dormir. Sus dedos continuamente se golpeaban entre sí y sus pensamientos vagaban entre miles de cosas, algunas que ni recordaba. Sentía que tenía un peso impresionante en sus hombros por lo sucedido en la noche y le daba tristeza que Aubrey tuviera que pasar por todo eso. Ella no se merecía volver a vivir con la zozobra de que un loco la estuviera acechando.
Se encontraba en la habitación que siempre había dormido cuando se quedaba en esa casa. Con cuidado se levantó y se asomó a la ventana, que daba directamente a la calle. Todo estaba oscuro, pero podían distinguirse las cosas puesto que había algunas luces prendidas, para no dejar todo completamente oscuro.
Con precaución miró la casa a la que horas antes había llegado la policía y pudo distinguir una pequeña luz desde la ventana del segundo piso. Igual que donde estaba él.
Se tensó y corrió a tomar algo para protegerse y decidido, pensó en salir de aquella casa.
— ¿Dónde vas? —La voz de Aubrey se escuchó desde la sala cuando Ansel se disponía a salir de la casa, haciéndolo saltar.
— Demonios —soltó y la miró, con una mano en el pecho—. Me asustaste.
— ¿Dónde vas?
— A caminar.
— ¿Sabes que es peligroso?
— Si… —tragó saliva el joven. Si seguía ahí, ella sabría qué era lo que quería hacer.
— ¿Qué vas a hacer?
— Caminar.
Aubrey levantó una ceja y se encogió de hombros, yendo a donde su mejor amigo y abrazando su brazo.
— Perfecto. Vamos juntos.
— Oye, no-
— Cállate.
En silencio, salieron los dos de la casa y comenzaron a caminar frente a la misma.
Ansel estaba pendiente de todo a su alrededor ya que sabía el por qué de su salida y Aubrey, se encontraba un poco adormilada. Ni siquiera recordaba el peligro que podían estar corriendo al salir a esa hora de casa.
— Eres tan extraño —susurró la chica entrecerrando sus ojos.
— Y tu una idiota por salir así.
Rieron suavemente, pero un sonido en la casa de aquella mujer les llamó la atención. Una figura se dejaba ver en la ventana del segundo piso y los dos muchachos se despertaron completamente.
— ¿Lo viste? —Cuestionó Aubrey, apretando más el brazo de su acompañante.
— Si, toma cualquier cosa y protégete. Vamos a atraparlo.
— Está bien…
Con precaución y sin despegar la mirada de la ventana, decidieron dar una vuelta alrededor de la misma, buscando algún lugar para entrar, sin hacer mucho ruido. La puerta trasera se encontraba algo dañada y tal vez se había tratado por el ingreso de los policías más temprano. Así, ellos pudieron ingresar con mucha precaución.
— Bry, toma esto y llama sin hacer mucho ruido. Cualquier cosa yo trataré de que no se de cuenta que estás aquí.
La chica asintió y luego se quedó en la parte trasera de la casa mientras Ansel entraba.
Estaban muertos del miedo.
Ansel soltó una bocanada de aire por la boca y tocó su cintura sintiendo el destornillador que había logrado guardar para que Aubrey no se diera cuenta.
La casa estaba en completo silencio y pasó por su cabeza que tal vez era una falsa alarma, así que después de revisar todo el primer piso, decidió subir a donde había visto la forma.
Cuando entró al cuarto, pudo darse cuenta de que era correcto. Había bastante ropa de hombre, pero nada que dijera que era de Liam. De esa manera, revisó los cajones (luego de checar que efectivamente estaba solo en el cuarto), y solo encontró cosas poco importantes. La policía se había llevado todo y no se había olvidado de nada.
Unos golpes se escucharon con fuerza desde el primer piso y alarmado, Ansel bajó, encontrando a aquel hombre tratando de agarrar a Aubrey.
— ¡Oye! —Exclamó, tratando de tener toda la atención de Liam, el cual se volteó, para encararlo.
— Vaya, vaya… quién está aquí.
— Déjala. Yo soy el que te odia en este lugar.
— ¿Por qué? ¿por dejarte esa hermosura de correcciones en tu rostro?
— Por ser una mierda que tiene que estar en la cárcel —respondió Aubrey y golpeó la cabeza de Liam con un florero que se encontraba allí.
Con un quejido el rubio cayó con un golpe sordo al suelo e inmediatamente Ansel sonrió, impresionado.
— Eso fue demasiado sexy, Bry.
— Cállate y ayúdame. No debe demorar la policía.
Con rapidez y trabajando en conjunto, encontraron la forma de amarrar sus pies y manos, mientras llegaba la policía.