Capítulo 7

1743 Palabras
—      Entiendo —Aubrey asintió y volvió a mirar por la ventana. Entendía completamente que no encontraran nada porque Jeff, su vecino, le había dicho que proveerían a la policía de todo el material que necesitaran. Y que ella ya había visto. Pero realmente pruebas no existían. Solamente quedaba la casa a la que ella había ido y que no quiso dejarle ver las cámaras. Al recordar a la mujer de la tarde, Aubrey volvió a sentir la misma zozobra. ¿Por qué había reaccionado de esa forma? Unos minutos después, entraron al vecindario donde su casa se encontraba y detalló lentamente aquella casa. En cada una de las puntas de la casa pudo ver unas pequeñas luces rojas, que significaba que sí existían las cámaras. ¿Por qué le había mentido entonces? Y cuando vio la ventana de aquella casa, se dio cuenta del por qué. Nunca olvidaría la forma en la que estaba vestido, ni esa chaqueta verde militar que tanto le había caracterizado y dicho a él que le encantaba. Ella estaba protegiendo a Liam. La mujer que no quiso dejarle ver las cámaras sabía que se trataba de Liam y no quería que nadie se diese cuenta. Ahora Aubrey tenía que saber si realmente había ayudado a la policía, o si, por el contrario, les había dicho lo mismo que a ella. Cosa que no se podía hacer, ya que además de ser ilegal, estaba interfiriendo con una investigación en curso. Y ella no se iba a quedar de brazos cruzados. Y menos cuando la policía había visitado el vecindario ese día después de que ella revisó las cámaras de Jeff. —      Mamá, debemos ir a la policía. —   ¿Por qué dices eso, Aubrey? —   Necesitamos averiguar qué ha pasado con el caso de Ansel. Es imposible que no hayan averiguado algo. —   ¿Cómo estás tan segura? —   Hoy estuvieron aquí en el vecindario. Tuvieron que encontrar algo. Luego de hablar un poco más, el celular de Jay, sonó; alertándola de que tenía una llamada entrante. —   Es Sofía —habló—. ¿Será algo de Ansel? —   Contesta, mamá. Luego de orillarse con cuidado, Jay contestó con rapidez. Ella también estaba preocupada por lo que había sucedido y aún más después de lo que le había dicho Aubrey sobre Liam. — ¿Sí? —   ¿Jay? —Escuchó la voz de su amiga. Claramente algo estaba sucediendo porque no había hablado como normalmente lo hacía. —   ¿Qué sucede, Jay? —   La policía reconoció al hombre que golpeó a Ansel. Pero aún no saben su nombre. —   ¿Dónde estás? —   En casa. Ven pronto. Luego de eso, Jay colgó el teléfono y volvió a prender su auto. Estaba aún más preocupada de lo que iba a ver cuando llegara a la casa de su amiga. Ellos habían estado cuidando mucho a Aubrey después de la agresión de aquel hombre que supuestamente se llamaba Liam.  El día cuando había sucedido aquello, llegó como un flashback que hizo que los cabellos de la nuca de Jay se erizaran.  Su esposo y ella se encontraban en una cena romántica cuando su celular comenzó a sonar. Apenas lo revisaron, se dieron cuenta que era un número desconocido, lo que los alertó. Nadie llamaba a esa hora de un número que no tuviesen guardado. Ellos contestaron la llamada y se trataba de una oficial de policía, que le comenzó a comentar lo que había sucedido y que en ese momento se encontraban con su hija. Jay le había agradecido al universo por el hecho de que su hija supiera defenderse de esa manera y, además, que hubiesen atrapado a la persona que lo había hecho.   Esa noche no habían dormido y solamente se habían encargado de levantar todo tipo de denuncias, órdenes de alejamiento y demás, para tener a su hija protegida. Jay había podido ver el hombre que casi le había hecho daño a su hija y su rostro nunca se le iba a olvidar. Lo odiaba con cada pedazo de su alma. Él no merecía misericordia por querer aprovecharse de una niña llenándola de mentiras y expectativas. —   ¿Mamá? ¿Estás bien? —   Si cariño —Jay suspiró, despegando un momento la mirada de la carretera—. Estaba recordando que debemos solucionar algunas cosas. —   ¿Lo de Liam? Hubo un momento de silencio, pero luego Jay respondió: — Si, cariño. Tu padre tiene que pasar hoy a recoger la orden. No te preocupes. —   Está bien.   Pronto llegaron a la casa de Sofía y se detuvieron. Con rapidez se posicionaron frente a la misma y golpearon la puerta, para ver a una Sofía con el rostro hinchado de tanto llorar. —   Amiga... Jay le abrazó con fuerza y dejó que sollozara en su pecho. Mientras, le hizo señas a Aubrey para que entrara y buscara a su mejor amigo, que estaba sentado en la sala reproduciendo algo en su celular. —   Hola… —   Hola —le sonrió Ansel—. ¿Cómo estás? —   Bien, ¿Qué tal todo? —   Mira... Ansel le pasó su celular a Aubrey y repitió el video que estaba viendo. Era desde lejos, pero podía entenderse que fue de la noche que le atacaron. La castaña pudo observar cuando él la dejaba en mitad de la calle y luego volteaba para irse. Luego, cambia la cámara y muestra cómo él se encuentra con una persona, la cual inmediatamente le da un golpe y lo tira al suelo. El rostro de Aubrey se tensó de ver aquello. Su corazón se estaba rompiendo en cientos de pedazos con cada golpe que le propinaban y sus ojos no se despegaron del rostro de aquel malhechor, del cual, sentía que conocía su nombre. —   Ansel… —susurró viendo los segundos finales del video y como la cámara cambiaba a una alejada de su amigo. El hombre que le había golpeado salió corriendo en dirección contraria a donde está Ansel y se escondió detrás de un árbol, para momentos después, entrar en una casa de lo más normal. Antes de entrar, Aubrey pudo ver que una mujer le abrió la puerta y gracias a la luz de la entrada, distinguió la mata de cabello rubio que la cruzaba. Era la mujer que no quiso dejarle ver las cámaras.  Y la otra persona era claramente Liam. —   Dime… —   Es Liam —susurró y sus ojos se inundaron de lágrimas. Era todo cierto. Él le había hecho daño por ella. Era su culpa que lo hubieran dejado en un hospital y que hubiese tenido que aguantar todo. Si principalmente, ella le hubiera dicho que no se preocupara y se hubiese devuelto sola o en un taxi, nada de eso hubiera estado pasando y por aquella razón, no pudo detener las lágrimas que comenzaron a caer como cascadas por sus mejillas. Ella era la culpable. Ella y el maldito de Liam. —   Cálmate, Aubrey. Por favor —pidió Ansel nervioso. No le gustaba verla en ese estado. Él sólo quería que estuviera feliz, como le gustaba verla. —   No pu-puedo. Es mi culpa. —   No lo es, mujer —gruñó el muchacho—. Es culpa de ese malnacido. Está mal mentalmente. Necesita ayuda urgente y los dos sabemos que es un peligro ahí fuera. —   Él me acorraló hace poco —sollozó la castaña—. Me dijo que te alejara de mí si no quería que te hiciera más daño. —   Ya no podrá hacerlo porque yo lo reconozco y le romperé la cara si llega a intentar algo, Aubrey. No te preocupes. —   No, no. No quiero que te lastime. Ansel por encima del nerviosismo, esbozó una pequeña sonrisa. Ella seguía demostrándole que le importaba y eso le llenaba el alma. Con cuidado tomó el rostro de su mejor amiga e hizo que le mirara a los ojos. Ella era hermosa. Siempre le había parecido así. Se conocían hacía más de diez años y seguía igual de linda que aquella vez que los presentó un amiguito en común de los dos. Ese día él había quedado flechado por su vestido rosa. Con el tiempo, ellos siguieron hablando y comenzaron a volverse cada vez más unidos. Ansel en un momento se confundió, pensando que tal vez ella quería algo más allá de una amistad con él, pero cuando la había visto besando a otro chico, tras de que su corazón se había roto, entendió que ellos solamente tenían una buena amistad y nada más. —   ¿Te puedo besar, Aubrey? —Musitó, sin apartar los ojos de los de ella. —   Yo- yo... Sin darle tiempo de responder, comenzó a acercarse a su boca y plantó un suave beso en ella. Un suspiro escapó de los labios de la chica y luego, al tratar de profundizar el beso, escucharon cómo se iban acercando sus madres, haciendo que se alejaran de golpe. —   Muchachos… —saludó Sofía—...aquí estamos nuevamente. ¿Qué hacían? —   Aquí charlando —atinó a responder Aubrey, acomodando su cabello. —   ¿Sobre qué? —   Ay, mamá —se quejó con una sonrisa—. Son cosas de jóvenes, ya no puedes saberlo. Y así un momento tenso, se llenó de carcajadas. De alguna forma necesitaban relajarse un poco para afrontar lo que se venía y tener fuerzas para acusar a Liam. Porque eso era lo que iban a hacer. Iban a decirle a los policías que aquella mujer dentro de la casa que salía en el video estaba escondiéndolo ahí, y que además de golpear de esa manera a Ansel, también había acosado y amenazado a Aubrey.                              ☼☼☼   Los muchachos habían hablado sobre lo que iban a decir a los policías, antes de entrar a la estación. Habían armado su discurso para que congeniara y así, fuese más fácil atrapar a Liam, ya que solamente con el testimonio de una persona que jura reconocer a alguien en un video de noche y de una cámara de seguridad, no iban a tomarle mucha importancia. Dentro del lugar los esperaba ya uno de los policías que estaba siguiendo el caso de Ansel y que sabía todo lo que había sucedido con la orden de alejamiento de Aubrey. —   Hola muchachos. Por favor, acompáñenme. El policía los condujo hacia uno de los salones, donde había un escritorio y varias sillas. Allí les pidió que se sentaran y prosiguió:
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