Comenzaron a tomar los cuatro y poco a poco, el ambiente se puso más divertido. Se habían sentado en el suelo y no dejaban de reír. Ansel no sabía cuál había sido la última vez que él había estado así de feliz y riéndose. Las dos chicas eran excelentes y muy graciosas. Estaba completamente seguro de que la noche era joven y la disfrutaría muchísimo. — Entonces estaba con mi mamá y atropellé a un señor —Camila les estaba contando la situación, mientras llegaba el repartidor de las pizzas—. Obviamente fue algo superficial y él se tiró al suelo y todo. — ¿Qué hicieron? —Samanta asombrada cuestionó. — Pues mi mamá estaba furiosa, pero siempre tenemos la cámara en el auto. Así que, en vez de ponerme a gritar, me reí. Había sido muy cómica la manera en la que lo hizo. — j***r, y

