Aunque de todas maneras la audiencia sería el domingo en horas de la tarde. Entonces todos sabrían que estaba allí, pero sabía que su madre se pondría furiosa por el gasto de dinero que había tenido sin necesidad. Ella le había dicho que ese encargaría de declarar en contra de ese hombre y lo haría en nombre de los dos y que también, pondría un computador en la sala, para que él pudiera estar presente. Ya había pedido los permisos y todo lo que necesitaba y su abogado había dicho que no había ningún problema. Que todo estaría bien.
— ¿Eso quieres? —Se burló la chica, sintiéndose un poco nerviosa.
No entendía el por qué, porque siempre habían estado juntos y durmiendo en el mismo cuarto. Pero, ahora era diferente. Ahora eran una pareja que dormiría junta el fin de semana.
— Claro. Hace mucho no estamos juntos —musitó él, sin darse cuenta de las mejillas sonrojadas de su novia.
— Está bien.
— Perfecto.
Con cuidado, Ansel soltó un suspiro y se levantó, dándole la mano a la chica para que se levantara también.
— Es hora de irnos —habló y ella asintió, mirando la hora. Había pasado el tiempo y ya pronto serían media noche.
— Pero yo solo traje mi bicicleta.
— Te llevaré.
Aubrey comenzó a reír mientras se montaba en la parte de atrás de la bicicleta y él, comenzaba a manejar. Al primer intento, se fueron hacia un lado y casi cayeron, pero ella saltó con rapidez y no alcanzó a dejar que se fuese para un lado. Al segundo intento, pudo pedalear un poco más, pero les sucedió lo mismo. Y al tercer intento, el castaño soltó un gruñido y comenzó a pedalear, teniendo por fin, el control de la bicicleta y comenzando a manejar lejos de la playa. Estaba cansado y quería descansar y abrazar a su novia toda la noche.
— ¡Ten cuidado! —Exclamó, viendo cómo esquivaban un auto sin precaución.
Un grito se escapó de los labios del conductor y los dos muchachos comenzaron a reír, como si no hubiesen estado a punto de estrellarse.
— Demonios —Ansel tragó saliva y rápidamente limpió su frente—. Esto es difícil.
— No digas eso que me siento gorda.
— Ni siquiera es por ti —bufó—. Es porque tengo tu bicicleta de cuando tenías doce. Aunque…
— ¡Idiota! —Aubrey rió y le golpeó el hombro ante ese comentario.
Era un estúpido.
Los dos se fueron directo a casa de la chica mientras hablaban. Ella no sabía cómo haría para hacerlo entrar y pensó, que tal vez podría subir por donde ella subió y así nadie se daría cuenta.
— Ya creo saber lo que podemos hacer —murmuró la castaña mientras veían su casa a lo lejos.
— ¿Qué?
— Detente detrás de la casa —explicó y él asintió, haciéndole caso—. Ahora, ven conmigo.
Comenzaron a caminar hacia el patio trasero y con cuidado, Aubrey abrió la cerca para que no hiciera ningún ruido. Luego, silenciosamente comenzó a caminar junto a su novio hasta estar cerca del lugar desde donde había bajado.
— Sube aquí —señaló—. Así como yo lo haré.
— Muéstrame.
Aubrey asintió y comenzó a subir lentamente por el tubo que se encontraba frente suyo. Con cuidado, puso un pie tras el otro y Ansel le ayudó a impulsarse para llegar con más rapidez.
— ¡Dale!
— Silencio —susurró mientras rodaba los ojos.
— La vista es excelente —Ansel musitó, buscando incomodar a su novia y ella lanzó una patada al aire sorprendiéndola—. Diablos, casi me matas.
— Si vuelves a hacer esos comentarios, lo haré.
Luego de ella subir, comenzó a hacerlo Ansel. Para él al ser más alto, fue más fácil hacerlo y en menos de dos minutos ya estaba en el cuarto de la castaña.
— Te demoraste demasiado —la miró de reojo.
— Tal vez porque soy más pequeña que tú —se quejó ella, exponiendo lo obvio.
— Eso no es condicionante.
Con fuerza, Aubrey estampó una almohada en la cabeza de él y lo dejó quejándose. Si él quería ser un idiota con ella, pues ella lo sería más.
— ¿Por qué hiciste eso? —Se quejó.
Aubrey se encogió de hombros—. Pudiste esquivarlo.
— Lo hiciste a mis espaldas.
— Eso no es condicionante, querido.
Luego de aquello, decidieron recostarse en la cama y comenzar a hablar de todas las cosas nuevas que habían vivido en la universidad.
En realidad, el que hablaba era Ansel y su novia lo escuchaba atentamente. Ella no había podido vivir nada por el problema que había tenido con el padre de él, pero de igual manera se sentía emocionada, como si se tratara de su caso.
— ¿Qué te parece?
— Te amo.
Los ojos de Ansel se abrieron y Aubrey se dio cuenta de lo que había hecho. Había quedado tan embobada viéndole hablar, que las palabras habían salido de sus labios como si se tratase de unos buenos días.
— ¿De verdad?
— No- perdón Ansel. Yo no sabía qué decir,. Me equivoqué.
— No digas eso. ¿Es verdad lo que me acabas de decir?
— Ansel, por favor no me presiones —Espetó qué chica tocando su cabello. Sentía demasiada vergüenza por haber soltado aquellas palabras tan grandes de un momento a otro.
No pensó mucho en la cuestión del tiempo porque llevaban muchos años siendo amigos, pero si le daba algo de vergüenza haber soltado las palabras así porque nunca lo había hecho. Nunca le había dicho otra persona te amo y realmente para ella era algo diferente.
Cuando se dice el primer ‘te amo’ y este es completamente honesto y sincero desencadena un montón de emociones y sentimientos dentro de quién lo dijo y dentro de quién lo recibe. Decir ‘te amo’ es liberar completamente el alma y el corazón, es quitar la última coraza con la que éste cuenta y permitir que la afortunada persona que recibió ese delicado, pero muy potente sentimiento tenga en su poder la capacidad de arropar ese inmenso sentir o por el contrario ir desgastando y agrietando poco a poco el frágil corazón.
Decir ‘te amo’ tienes sus partes buenas y malas. Por el lado bueno. Debido a que se logra liberar todas las emociones que se encontraban a nada de explotar en el pecho. El ‘te amo’ no solo está ligado al amor que una persona siente por otra, sino también a la confianza y a la paz. Por el lado malo, abrir el corazón de tal manera muestra fragilidad y puede ser utilizado de mala manera. Pero Aubrey sabía que así no sería con Ansel. Él era una belleza de ser humano y cada día agradecía que su relación hubiese comenzado. Porque no confiaba en nadie de la forma que confiaba en él.
Al decir te amo, el corazón no cabe dentro del pecho, las pulsaciones se comienzan a acelerar cada vez más, el sudor comienza a caer por tu frente y las manos se comienzan a humedecer poco a poco. La emoción de decirlo por primera vez hace que la voz ser corte, que la boca se seque y que no se pueda respirar muy bien. Es cierto, se describe como si fuese una enfermedad grave o algo por el estilo, pero esto es lo que causa entregarse en cuerpo y alma en bandeja de plata a una persona. Dejar de lado el ego, inseguridades y de más, todo esto causa decir el primer ‘te amo’.
Y así se sentía ella.
Por eso lo había dicho. No aguantaba más y aunque hubiese salido sin pensarlo, ya no se arrepentía.
— No te estoy presionando solamente quiero que lo repitas.
— Es mi primera vez creo que, con una sola oportunidad de decirlo, es suficiente.
Ansel soltó un bufido y asintió, entendiendo que ella se sentía algo insegura con respecto a las palabras que había dicho. No porque se arrepintiera de decirlo, sino porque nunca había sentido algo así.
— No te preocupes esperaré lo que tenga que esperar.
Los dos chicos luego de aquel emotivo momento comenzaron a hablar de lo que les había estado sucediendo durante el tiempo que no habían hablado por culpa de Ansel.
— ¿Realmente peleaste con tu profesor?
— Sí, como estaba haciendo un estúpido y tenía que hablar con él o sea tenía que decirle que era lo que estaba haciendo mal. No voy a aguantarme como mis compañeros.
— Pero no puedes pelear con cada profesor que se te cruce por enfrente.
— y tú tampoco puedes decirme te amo y luego retractarte.
Aubrey todos los ojos y soltó una carcajada.
— Detente. Deja de molestarme. Necesitamos pensar mejor en qué haremos para que nuestras familias no se enteren que estas aquí.
— Solamente necesito esconderme en tu cuarto.
— Pero iras a declarar en contra de tu padre.
— Pero será el domingo.
— ¿Y?
— Todavía tengo dos días para pensar que haré o como le diré a mi madre qué estoy aquí. Por ahora disfrutemos
luego de aquello comenzaron a jugar cartas, pero poniéndose algunas penitencias
— Muy bien juguemos qué quita prenda —recomendó Ansel con una sonrisa picarona en su cara.
— ¿Ah si?
— ¿No te agrada la idea?
— Puede entrar a alguno de mis familiares. No queremos eso.
Ansel asintió. Por primera vez en su vida, tenía completamente la razón.
— Vale. Entonces solamente juguemos cartas.
— Está bien.
Ansel no hizo ningún comentario, pero se sentía muy nervioso. Sería el juicio de su padre y no sabía que diría en él. Ni siquiera sabía que le podrían preguntar. Había visto muchas audiencias para la Universidad y también en las series que había visto durante su vida. No quería que subieran un estrado y que comenzaran a auto recriminarle actitudes nocivas de su padre o alguna cosa así.
— ¿Por qué te ves tan pensativo? —Preguntó Aubrey, con la palma de su mano en su mejilla.
— Solamente pienso en cómo procederá el juicio de papá.
— Debe ser algo lento y doloroso para ustedes —comentó la chica—. Sabes que tendrían que decir todos los maltratos que vivieron cuando eras un niño y después cuando te abandonó.