Mientras tanto Alexander estaba conversando con su amigo Samuel, el hombre hombre le estaba aconsejando que se casara, pronto que lo hiciera antes de que el tiempo establecido en ese testamento llegara a su fin y no podía darse el lujo de perder toda esa fortuna, Alexander estaba en un verdadero aprieto y por eso se sentía cada vez más desquiciado, a sabiendas de que su solución era ella, sin embargo Andrea parecía estar renuente a aceptar. Pero tenía que seguir intentando. —Yo lo sé —emitió con un dedo en la barbilla reflexivo, y sentado en su silla giratoria de aquella lujosa oficina, lamentablemente podría tenerlo todo, pero no conforme con ello iba a por más, por lo que le pertenecía, así que estaba dispuesto a hacer cualquier cosa con tal de obtener toda esa fortuna —. Samuel, sabes

