Con la mente un poco nublada y hablando con mucha dificulta, Hali le dice a Enrique: — No tengo tiempo, acaso no me vez que estoy muriendo. — Hasta tu último momento sigues creyendo que no existe Dios, yo sé que tú nunca has creído Hali, pero este es el momento para hacerlo. Hali se retuerce en la cama y le dice a Enrique: — ¿Creer en qué?, un Dios que no puedo ver. — Sí, el Dios invisible, el Dios que va a salvar tu alma si te arrepientes de corazón, no mueras así como lo estás haciendo, porque de nada vale que me digas que te perdone. Yo solo soy un hombre que no puede salvar tu alma si no te arrepientes. Los dolores que estas sintiendo ahora, no es nada en comparación de lo que sentirás si te vas al infierno, porque el infierno existe Hali. En ese momento, Hali le dice a Enrique:

