Capítulo 4

1115 Palabras
Ethan: Yo suspiro —mira, lo que paso ya paso. Ahora solo hay que buscar soluciones. Lo primero. Empezare los trámites para la anulación de esto, o en su defecto, el divorcio. —Segundo, —continúo estirando la mano —el anillo Ella se lo quita y me lo tiende. —Tercero, no dirás nada de esto a nadie. —Saco mi chequera y garabateo una cifra —si tu silencio vale más… —No hagas eso —me dice —siento que compraste mis servicios Yo voy a abrir la boca para decirle lo obvio, pero al ver sus ojos me callo—no hagas que te de otra cachetada Me callo sabiamente unos segundos, y luego cambio el tema. —¿Recuerdas algo de ayer, Angela Avery? —pues he leído su nombre en el acto de matrimonio —¿Qué si recuerdo el “si acepto”? pues no. La miro un largo rato. Es una chica delgada, de ojos impresionantes, facciones del rostro delicada, y un cuerpo bien distribuido, aunque no muy beneficiado al frente. ¿Por qué yo me acostaría con ella? No es que fuera un diez. Tampoco un cero. Pero no entiendo. Me voy a la parte de la máquina de café que esta en la esquina del departamento y tomo uno—desayuna algo—digo —pronto me iré de aquí. Te pasare dejando y nos mantendremos en contacto. Me darás tu celular hasta solucionar este tema, y como podrás apreciar necesito tu total confidencialidad en el asunto. No queremos que esto se haga un tema mediático. Ella se acerca y mira mi vaso en un murmullo bajo — ¿Un café? ¿Quién carajo se desayuna un café luego de una borrachera? Este tipo debe tener problemas mentales… —¿Perdona? —ofendido Ella da un respingo —¿hable en voz alta? Yo suelto un suspiro y me toco la cabeza. Tengo jaqueca. Suficiente de esto. —Pide lo que quieras de servicio al cuarto —me doy media vuelta y salgo de la habitación Mis pasos son largos y pesados. Estoy hastiado. ¿Cómo una noche de pasión pudo terminar en esto? ¿casarme yo? Me he emborrachado muchas veces y nunca he hecho una tontería de estas. ¿Por qué lo hice incluso fuera de mis cabales? ¿una parte recóndita y retorcida de mi quiere casarse? Lo dudo. ¿Esa mujer me habrá dicho algo ayer para conmoverme? ¿yo le habre dicho algo a ella para conmoverla? ¿Por qué esta vez fue diferente? Fuera más fácil si siquiera recordara... Mi celular suena y por el tono se quien es “tengo problemas” le contesto como un hola. “No eres el único. Tu padre esta preguntando porque no estás aquí aún. Tienen una reunión mañana temprano” Había olvidado eso “tranquilízalo. Estoy en las vegas” “Casual” “Ni tanto” Mi tono lo alarma “¿paso algo?” “Necesito un favor…” “¿Un favor pagado?” “James” una advertencia “Soy tu abogado.” Me suelta tranquilo “¿Qué tan fácil y legal es casarse en las vegas?” “Mas de lo que quisiera admitir. ¿Quieres casarte con alguien?” “Quiero anular un casamiento” Hay un silencio prolongado del otro lado de la línea “¿perdón?” “Estoy casado James. Me case ayer en las vegas con una completa desconocida” James es mi abogado, sí. Pero también es mi mejor amigo. Y antes de ayudarme, primero se ríe de mi desgracia. “¡Ya basta!” “¿Por qué? ¿El gran James por primera vez en su vida tiene algo en sus manos que no puede controlar? Vaya… casado. Un mujeriego como tú. ¿Qué tan buena debe estar la mujercita para que lo hayas hecho?” “Honestamente, ni siquiera es mi tipo. No entiendo que ha pasado.” “¿No es un diez?” “No se trata de eso. Pero por ahora, solo la seduciré con mis encantos para que este a mis pies. Es bueno tenerla de buen humor y mimada hasta conseguir lo que queremos. Tenerla de nuestro lado ¿Qué pasaría si se rehusara a firmar el divorcio?” “¿Te ha dicho que no quiere firmarlo?” “No. Creo que quiere.” “Entonces no hay nada de que preocuparte, Ethan. Déjamelo todo a mí.” Y como confió en el “si” porque mi amistad no estaba condicionada a su trabajo *** Cuando regreso a la habitación de hotel ella ya esta lista. —¿nos vamos? Yo le asiento y noto el guante en su mano. Ahora que lo pienso cuando me levante era la única prenda que no se quitó. —¿Pasa algo? Yo niego —no —miro sus ojos verdes y no puedo evitar que estos me traigan recuerdos del pasado. Quizás fueron precisamente sus ojos los que me atrajeron tanto ayer en ese club. —Vamos —continuo y nos guio fuera. Mi chofer nos esperaba en el auto. Ya adentro, ella me da su número y yo le doy el mío. Viajamos largas horas hasta llegar a un vecindario. Ni siquiera son casas. Son edificios. —¿Vives aquí? —no sé qué expresión tendré en el rostro, pero seguro no es una aprobatoria. Lo sé, cuando escucho su respuesta —¿También quieres criticarlo? —No, yo… —Compórtate si quieres que te siga contestando ese teléfono —me advierte Y odio tener que darle la razón. Aun así, no soy un perro atado a una correa. Pero la chica no es tonta, sabe en qué posición esta ella y en que posición estoy yo. La necesito más de lo que desearía. —Iba a decir que es un barrio… pintoresco —fuerzo una mueca lo mas parecido a una sonrisa —No soy una carta a jugar —me dice sin creerse mi actuación —Por ahora lo eres —la contradigo —y no dejare que solo desaparezcas. Así que no cambies de número. No querrás que instale guardias en tu edificio. —Eres exagerado —O cámaras —pienso ahora esto seriamente —No dejare que eso suceda. —Y yo no dejare que solo desaparezcas de un día para otro. —le sonrió y empiezo a divertirme con esto por la expresión tan consternada en su rostro y sus ojos verdes confundidos —porque te buscaría, Angela. Te buscaría hasta el fin del mundo, esposa mía. Y si no tiene miedo, quizás debería.
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