Cada zancada que di dentro de mi valentía temporal me restaba segundos de vida, maldije al culpable con rostro incógnito de toda la mierda que me cargaba encima desde que nací. Toda mi vida siendo una chica educada, reservada y de familia para nada, tanto tiempo luchando internamente contra una fuerza extraña que intentaba salir a la luz para hacerme ver el mundo de otra forma y fue en vano, siempre me sentí diferente, incluso diferente es un eufemismo. Me sentía enferma, como un monstruo, anormal. Creí que lo había superado. Las batallas mentales las gané, los susurros tentadores se fueron, cambie mi alimentación y me obligué a ser como todos: una persona consciente, cumplidora y tranquila, una mujer normal. Una mortal. Pero allí estaba, corriendo dentro de un campo minado de asesinos

