No se presentó. Quizá fui demasiado estúpida, impulsiva e inmadura al hacer eso. Pero fue sobre todo, la desesperación por querer conseguir respuestas. Sin embargo, las pataletas de ahogado no llevan a otra parte que no sea el fondo. Sentada en el borde de mi cama a media noche, luego de un día atareado, siento vergüenza por la estupidez que cometí. Me levanto y abro mi armario, solo para encontrarme con la foto de Mileto y la mía sonrientes. He pensado en preguntarle, o incluso mostrársela, pero era muy pequeño y no creo que lo recuerde. Aparte, está muy chico para vivir con la duda que me carcome, esa que no va a sanar hasta conseguir respuestas. Sospecho que eso no llegará dentro de poco. Me dedico a mirar las flores en mi escritorio. Me recuesto y comienzo a dejarme llevar por las

