Estoy en el jardín jugando ajedrez con Mileto. El hijo bastardo de mi padre, como lo llamó mi madre en aquel recuerdo. Pero para mí, no es así. Quisiera poder decirle las cosas como son, pero un reflejo de cordura en mi cabeza me advierte que no lo haga. Debo averiguar por qué esta aquí y sobre todo. ¿Por qué no lo recordaba? Aparte, está en casa de un mafioso y es enemigo de mi verdadera familia. Debo evitar perecer en el intento. Mantener perfil bajo o todo será en vano. — ¿En serio debo jugar esto? —se queja Mileto mientras mueve el caballo hacia el camino de una de mis torres y con eso, trae la muerte para mi pieza. —Fue... Una petición de tu padre —el titulo me sonó casi tan vacío como la mirada del niño. —Ya lo sé, dice que me volverá un gran estratega. Me estremezco recordand

