Primera vez en 18 años que no ceno en la noche de navidad. Mi estómago se cerró en cuanto mis pies descalzos pisaron las baldosas frías de la casa y esa noche, tampoco dormí. Me la pasé cuestionándome si de verdad quiero saberlo todo, si es que entonces quiero seguir haciéndome daño y siendo una masoquista empedernida. Hoy me encuentro mirando los mismos muros y esperando a que Mileto termine su clase mensual de tiro al blanco con un arma. Juro que cuando se entere de la realidad, me iré lejos con él y no tendrá necesidad de disparar otra arma. Agradezco al cielo porque mi contacto con Misael Cappone sea limitado. No imagino lo que haría conmigo, pero tampoco sé cómo estoy segura viviendo en su propia casa. Lo único que sé es que sin Mileto no me voy. Y creo que sería prácticamente ile

