El sol había caído rendido dando paso al turno de la luna que brillaba en lo más alto del cielo oscuro estrellado. Ezra manejo el resto del camino sin detenerse ni un segundo, cuando por fin llegaron al rancho los hombres que cuidaban los recibieron muy bien, pero Arlene se había quedado profundamente dormida en el asiento. —Vayan a dormir —les dijo Ezra agotado—, fue un día muy largo. Todos asintieron pues lo único que querían en ese momento era dormir. Ezra se volvió y abrió la puerta sacando a Arlene en sus brazos. Los trabajadores se asombraron al ver a la chica, pero no por ella, sino por su jefe quien era reconocido por ser alguien a quien no le interesaban relacionarse con las mujeres. —¿Quién será? —Se ve buena ¿o no? Ezra ignoró todos esos comentarios porque estaba muy cansad

