CAPÍTULO 6

3303 Palabras
Thiago bajó de la camioneta junto con sus dos hermanos mayores, Gerardo y Esteban. Ahora él estaba a cargo de aquel rescate que estaban por realizar. Ezra le ordenó sacar a Pepe un socio muy hábil que fue capturado hace tres días y ahora tenían que sacarlo pues era una pieza importante en el rompecabezas ya que era un gran proveedor de la mercancía y consumidor también, pero sus habilidades eran lo más importante. —Bien, Thiago —dijo Gerardo con su mirada asesina y la sonrisa de loco—, tú dirás. —Chore irá por delante junto con tres hombres más —comenzó a explicar el chico cargando su metralleta—, Gembe estará listo con la camioneta en cuanto estemos fuera. Memo será nuestro pase de entrada. —¿Memo? —se sorprendió Gerardo al escuchar que ese chico participaría. —Ya le dejé claro lo que debe hacer y si no lo cumple —tragó saliva y miró hacia la comisaria—, le voy a llenar el cuerpo de balas. Memo era un chico de casi veinticinco años que trabajaba para la policía, pero era un corrupto y jugaba chueco. Se vendía al mejor postor, claro eso era para los demás, pero para el Cartel de las Sombras siempre era fiel pues, aunque era independiente en todo, cuando se trataba de ellos Memo tenía jefes. —¡Vamos! —gritó Thiago con toda la actitud poniéndose el pasamontaña al igual que los demás. Los demás ríen y cargan sus armas comenzando con el rescate. Chore y sus hombres entraron con pasamontañas disparando a todos a su paso. Pronto todo comenzó a descontrolarse y el lugar se convirtió en un campo de tiroteo. Memo apareció y caminó discreto hacia un pasillo donde rápido Thiago y los otros dos entraron con pasamontañas y persiguieron al sujeto mientras todos están distraídos en el tiroteo. Avanzaron a las celdas y Thiago no dudó en dispararle a los guardias que se habían quedado ahí. Entonces, llegaron a la celda. —¿Y las cámaras? —Apagadas —respondió Memo sonriendo y abriendo la celda donde al fondo estaba un hombre sentado en la dura cama. Thiago se quitó el pasamontaña y sonrió. —Hasta que llegan —dijo un hombre levantándose, dejando a la vista su perfecto cuerpo de ya todo un hombre. Era guapo y su único defecto era esa gran cicatriz que le cruzaba la mitad del rostro.  ... La noche había sido muy larga y de mucho trabajo. Barbara la enfermera tuvo que limpiar la herida y luego coser de nuevo, pero sin anestesia por lo que Arlene tuvo que soportar como la aguja entraba y salía de su piel. El sol ya había salido y estaba en lo alto del cielo azul iluminando con sus rayos calientes a través de la ventana. Arlene abrió los ojos poco a poco hasta que su campo visual se aclaró, volteó a su lado al sentir unos brazos en su abdomen. Ezra descansaba a su lado. Ella estaba en ropa interior con la chaqueta de él puesta. Observó su rostro tan perfecto. Su piel era clara y lisa, sus labios eran un poco carnosos, pero deseables y parecía todo un ángel durmiendo, pero claro que eso era solo mientras dormía porque en realidad era un demonio. Aun se seguía preguntando el cómo es que alguien tan joven había terminado de esa manera siendo un asesino y narcotraficante. Se levantó poco a poco quitando el brazo de Ezra. —¿A dónde vas? Ella se sobresaltó y volteó a verlo, aún tenía los ojos cerrados, pero era claro que no estaba dormido. —Al baño —susurró. —Te acompaño. Rápido abrió los ojos y se levantó de la cama al mismo tiempo que lo hizo ella. Ezra rodeó la cama hasta donde estaba ella y la ayudó a caminar porque era evidente que no podía por si sola debido a que estaba débil. —Me duele —susurró ella al comenzar a caminar soltando una que otra lagrima. —Fuiste muy valiente a noche —le dijo ya en la entrada del baño—, no te desmayaste en ningún momento y otra persona incluso ya hubiera muerto. Ella abrió los ojos sin saber que responder a ello pues aún tenía que seguir cuidando sus palabras si quería salir viva y obtener su libertad. —Yo... —no tenía ni idea de qué hacer o decir, se sentía tan pequeña frente a él y más cuando tan solo tenía una chaqueta que casi no le cubría ni la mitad de su cuerpo desnudo—, necesito ropa. Él sonrió de lado y le señaló el armario luego salió de la habitación. Ella sin pensarlo dos veces caminó con un dolor molesto en su abdomen hacía el armario y sacó la ropa de mujer. Se pone unos jeans negros ajustados, que mágicamente había pues el día anterior solo había vestidos, y que el resorte le llegaba debajo del ombligo lo cual le favorecía ya que así la herida estaría libre sin que nada la tocase. Tomó una blusa de color tinto de tirantes pequeña que dejaba ver su pansa y la herida con una venda, se puso unas botas negras que le quedaban un poco grandes y sale lista para irse a saber dónde, pero tenía que ir planeando su huida.  Bajó con mucho cuidado las escaleras y se encontró al final de las escaleras con todos los hermanos muy serios y hablando en voz baja. —Sera mejor que la traslademos a Puebla... —Ya mejor hay que asesinarla —dijo Gerardo. Luego todos voltearon a la escalera y al verla se callaron enseguida. Arlene terminó de bajar los pocos escalones y armándose de valor mira muy bien a todos. —¿Qué pasa? —preguntó ella con valentía tratando de sonar dura logrando todo lo contrario ya que su voz apenas se escuchó. —Ezra —le advierte Thiago, pero el mencionado tan solo pensaba. —Todos a las camionetas, nos vamos —dijo y todos sueltan un ¿qué? Como respuesta. —¿De qué hablas? ¡No podemos irnos! —exclamó Daniel muy enojado. —¡Estas loco! —soltó Gerardo tocándose la cabeza y sonriendo, pero de enojo. —Es una broma ¿cierto? —Ezra no podemos... —¡Sí, podemos! —gritó él mirando a sus hermanos— Todos sabemos lo que pasara si no nos largamos ahora mismo. —Volveremos ¿cierto? —preguntó el menor. —Por supuesto —respondió Ezra mirándolos—, todos somos uno solo, siempre juntos y volveremos, siempre lo hacemos. Todos asintieron con tristeza y coraje. Esa hacienda había sido su hogar desde hace ya algún tiempo y dejarla se les hacía imposible. —¿Qué ocurre? —¡Qué te importa! —¡Gerardo, basta! —le detuvo Ezra— ¡Den la orden! Nosotros nos tenemos que ir ahorita. Todos salieron por la puerta principal gritando y dando órdenes y enseguida todos los trabajadores comenzaron a correr de un lado a otro. —Ezra... —susurró Arlene asustada y rara a la vez por mencionar el nombre de aquel tipo como si ya lo conociera de tiempo, él la miró sorprendido pues su nombre sonaba tan bien saliendo de ella. Estaba asustada. Hablaban de irse, pero ¿Qué pasaría con ella? —Vente, nos vamos —le dijo tomándola del brazo a lo que ella se suelta. —¡No! Yo no iré a ningún lado con ustedes déjenme ir... —¡¿Para qué?! —le gritó acercándose a ella—. ¿Para qué quieres volver? Si tu vida es un asco. Ese chico no te quiere Arlene, ¡vamos, ni tus padres se aman! Tu padre tiene otra familia y tu madre es una puta... Arlene le soltó una cachetada y Ezra se calló enseguida, se puso rojo de coraje y tan solo apretó los puños. —No te voy a permitir que te exprese así de mis padres —dijo ella con los ojos rojos y llenos de lágrimas. —No me estoy expresando —respondió aguantándose las ganas de alzar la voz—, es la verdad. La tomó del brazo y entre empujones y jalones la subió a la camioneta donde dentro ya había algunos hombres armados. —Nos vamos en cinco minutos. Cuídenla. —Sí, jefe. Ezra estaba muy enojado, nadie le ponía una mano encima, pero debía admitir que esa chica a la que comenzaba a conocer le reconocía su valentía, mira que ponerle una mano encima. Ezra sonrió con malicia y después se subió a una de las camionetas.  Arlene miraba a sus lados, iba en una camioneta diferente de donde iba Ezra. Estaban ya saliendo de la hacienda. Tenía que salir porque era obvio que por voluntad propia ellos no la dejarían libre ni siquiera se habían molestado en ponerle una venda en los ojos para que no viera el camino o a dónde se dirigían y era porque ya no les importaba que supiera porque no la dejarían ir.  Ezra le atraía de cierto modo, pero era un asesino, aunque algo le estaba pasando. Ya no lo veía igual como al principio, ella le salvo la vida una vez, pero su intención era morir. Él le había salvado la vida dos veces y cuando la estaban curando Ezra le sostuvo la mano todo el tiempo a pesar de que ella gritaba y le enterraba las uñas. —Jefe ¿por cuál calle? —preguntó el conductor por radio atrayendo de vuelta a la realidad a la chica. —Sigan derecho y en el centro nos desviamos todos. Se escuchó por la radio y Arlene cerró los puños nerviosa. ¿A dónde la llevarían? Era su pregunta principal que rondaba sus pensamientos al igual que muchas otras. Ya estaban en la carretera tan rápido y ahora se dirijan al sur a toda velocidad, no faltaba mucho para que las camionetas tomaran caminos distintos, pero al final todos llegarían al mismo lugar. De repente la camioneta frenó de golpe y comenzó la balacera hasta delante donde estaban los hermanos. —¿Qué pasa? —preguntó Arlene asustada, todos se bajan y comenzaron a disparar. Ella gritó y se agachó tapándose los oídos. Sus manos estaban frías y húmedas mientras su corazón palpitaba rápidamente. Bajó de la camioneta aprovechando que nadie le estaba prestando atención y vio como hasta delante estaban patrullas con policías disparando a las camionetas de los hermanos. —¡Vamos, disparen! Se escuchó la voz de Ezra entre los disparos. Arlene sin pensarlo dos veces fue hacia delante agachada, tomó la cabeza del conductor y la estrelló contra la camioneta, le arrebató el arma y comenzó a correr. Volteó hacia atrás donde alcanza a cruzar la mirada de Ezra. Arlene cerró los ojos y se volteó para seguir adelante, corrió muchas cuadras hasta cruzar la avenida donde los autos estaban detenidos por el tiroteo y entró a un local para pedir un teléfono, tenía que llamar a sus padres. Estaba a una distancia razonable y casi no se escuchaba todo el escándalo, pero aun así la gente estaba murmurando cosas. —Me permite usar el teléfono —llegó con la respiración agitada y el rostro húmedo por el sudor. La mesera vio el arma que colgaba de su mano e inmediatamente asintió y le paso el teléfono. Arlene sin importarle nada más dejó el arma en el mostrador y comenzó a marcar el número de su padre. Esperó a que el timbre sonará mientras todo su cuerpo temblaba. Se escuchó un celular sonar y a ella se le detuvo el corazón, era el sonido del móvil de su padre. Volteó conteniendo la respiración con los ojos llorosos mientras su padre en una mesa alejada sacó el teléfono y contestó, pero ella colgó de inmediato y tomó la pistola y se acercó. —¿Padre? Él volteó y separó de la mesa inmediatamente nervioso. —¿Arlene? —dijo con nerviosismo volteando a ver a la mujer con quien comía segundos antes y al niño de cinco años sentado en un banco —. Creí que estabas… —Eres un idiota. Se limpió las lágrimas con la mano donde tenía la pistola y miró a su padre a quien se le notaba el miedo en los ojos. Se dio la vuelta y corrió saliendo del restaurante llena de coraje y adrenalina. Comenzó a correr entre la gente y en cuestión de minutos ya estaba de vuelta en la carretera donde el tiroteo seguía. Vio como avanzaban los policías haciéndose notar uno en particular de buen cuerpo y rostro hermoso y a su lado una mujer de ojos verdes. Ezra estaba disparando, cubriéndose detrás de una camioneta mientras los demás estaban dispersos en diferentes puntos. Gerardo tenía una metralleta y estaba cargándola. Estaba enojada, su padre ya creí que estaba muerta y ella también lo hubiera pensado si alguien a quien quisiera fuera secuestrado por días, pero él se veía hasta aliviado ni siquiera la estaba buscando, estaba con su ¿otra familia? Sus pensamientos se nublaron por el coraje como para pensar con el cerebro así que siguió sus instintos. Corrió rápido y subió a una de las camionetas que por suerte tenía las llaves pegadas y respiró profundo. Nunca había conducido en su vida y a los únicos coches a los que se había subido para según ella manejarlos habían sido esos que estaban en cualquier parte donde le echabas unas monedas y se movía hacia adelante y atrás y eso había sido hace años. Pisó el acelerador y se fue para atrás. —Bien, ese era para retroceder —dijo y pisó el de al lado mientras movió una palanca. La camioneta avanzó a gran velocidad hasta estrellarse con un carro pequeño color rojo, sacó la pistola por la ventana y disparó sin tener un objetivo en especial. —¡Vamos suban! —gritó Arlene y Gerardo quien estaba a unos metros y detrás sus hermanos voltearon. El moreno asintió y les hizo la señal a ellos. Contó hasta tres y salió con la metralleta, todos subieron al vehículo y luego Arlene aceleró más donde estaba Ezra quien sin pensarlo dos veces subió. —¡Gerardo, mueve ese trasero y sube! Gritó la chica yéndose de reversa, Thiago abrió la puerta de la cajuela y Gerardo saltó dentro mientras al mismo tiempo ella aceleró y los policías se tiraron a un lado para no ser arrollados. —Todos ya saben que hacer —informó Ezra y segundos después metros atrás se ve una gran explosión. Ezra volteó a ver a la chica quien estaba muy nerviosa manejando. Sus manos temblaban y sus ojos estaban un poco hinchados por haber llorado tanto la noche anterior mientras le curaban la herida más aparte por las lágrimas que había soltado al ver a su padre feliz de la vida con su otra familia y que la dio por muerta. Ezra estaba sorprendido y mucho, ¿una chica rescatándolo? Jamás lo había visto, pero ahora sí que no le quedaba duda de que esa chica estaba llena de sorpresas. Pasaron veinte minutos y nadie los perseguía, iban por la carretera sin que ningún semáforo los detuviera o alguna otra cosa. —Arlene, para la camioneta —le dijo Ezra y ella sonrió con tristeza. —Si supiera cómo ¿no crees que ya lo hubiera hecho desde hace rato? —Sabes cómo rescatar a cinco asesinos en medio de un tiroteo —dijo Daniel con voz amable—, pero ¿no puedes detener una camioneta? —No —respondió ella riéndose al mismo tiempo que cerró los ojos. —Pisa ese pedal y mueve la palanca —le indicó Ezra y Arlene obedeció. La camioneta frenó de golpe haciendo que todos se fueran hacia delante. Ezra se bajó de la camioneta y la rodeó para llegar a la puerta del piloto y la abrió—. Vamos sal de ahí. Detrás los carros pitaron, pero a Ezra no le molestó. Arlene quitó las manos del volante dejando una marca húmeda. Había estado sosteniéndolo con mucha fuerza que le dolían los dedos. Se pasó al lado del copiloto y Ezra ahora comenzó a manejar. —¿A dónde iremos Ezra? —preguntó Thiago mirando por la ventana. —Al rancho Contreras —respondió Ezra—, a nuestro querido ranchito ¡ajuuuaa! Todos ríen un momento, a Ezra no le gustaba hacer bromas, no era su estilo, pero cuando el momento lo meritaba lo hacía para bajar la tensión. Los hermanos no estaban tan preocupados pues la explosión fue para distraer a la policía para que los secuaces de los hermanos pudieran escapar y así lo hicieron. Ahora la policía no tenía nada, ni una pista de ellos. Y todas sus cosas serian trasladadas en avioneta al rancho Contreras que era una propiedad que tenían desde hace tiempo, pero a la que nunca iban por el duro trabajo a las 24 horas del día. —¿Ezra, notaste a nuestro amiguito preferido? —pregunto Gerardo. —Sí —respondió Ezra serio. —¿Qué hacía aquí? Se suponía que estaba en Miami —dijo Daniel. —Lo trasladaron —contestó Gerardo—, para hacerse cargo de nosotros. —Pues hay que encargarnos de él primero —dijo Ezra con una gran sonrisa. —Bien —respondieron todos estando de acuerdo con el mayor. —¿Por qué regresaste? —le preguntó Ezra a la chica con mucha curiosidad en voz baja. —Tenías razón —respondió ella bajando la mirada y sin decir nada más en todo el camino.  ... Había mucho tráfico y las ambulancias no dejaban de llegar. Todo era un desastre. Se habían escapado dejando muchos heridos a su paso. —¿Qué pasó? —preguntó el superior del agente Derricks por teléfono. —Un chico llamado Eduardo logró escapar del Cartel de las Sombras, y nos dijo que se escondían en los bosques. —¿Y el tiroteo? —Nos llegó una llamada de que había camionetas negras muy sospechosas, supuse que eran ellos, pues era obvio que no se quedarían en el mismo lugar no después de que se les escapara el chico. —¿Y eran ellos? —Sí, pero alguien más llego en una de las camionetas y se los llevo. —¿Un trabajador de ellos? —No lo creo, muchos afirman haber visto a una mujer. —Marque si tiene noticias. Y Derricks no quiero más fallas. Después le colgó y el teniente tuvo que aguantar su propio coraje. Quería atraparlos a como diera lugar. Había estado tan cerca, la tenía a tan solo a unos metros a todos juntos y se le habían escapado. Aún no sabía cuántos eran los que formaban parte de la organización ni tenía sus nombres ni sus rostros ya que en el tiroteo no pudo verlos mucho. Al único que tenía era a Gerardo Alcantar que efectivamente estaba ahí ya que fue quien disparo con la metralleta dejando a muchos heridos y a más de 8 muertos. —Teniente —le hablaron y él se acercó—, las cámaras no grabaron nada. —¿Alguien vio al conductor? —No señor —informó el policía. La agente Alicia Montero se acercó y le pasó una carpeta a su compañero y este la abrió quedándose asombrado. —Toda la información de Gerardo Alcantar —le informó la mujer con una gran sonrisa—, créame hay información muy valiosa. Dicho esto, se dio la media vuelta y se fue dejando al teniente solo con sus propios pensamientos. —Los encontraré... Lo juro.          
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