Capítulo 6: Primera noche

1472 Palabras
Ángel entró con mi maleta y mi bolso. -La comida está lista -avisó la mujer que nos esperaba. -Gracias, María; pasemos al comedor. Ángel me tomó del codo y me llevó a la otra habitación donde estaba todo preparado. -Lo siento, ella es María, mi ama de llaves -se disculpó Ángel cuando nos presentó-, ella es Cassandra, mi nueva secretaria. Luego del saludo, nos sentamos a comer una sopa de pollo de esas que devuelven el alma al cuerpo y unas pastas deliciosas; de postre, un flan casero delicioso. -¿Mejor? -me consultó Ángel al terminar. -Sí, mejor es un eufemismo, esta comida me devolvió la vida, muchas gracias. Y usted quería que me perdiera esto y lo cambiara por la comida plástica del aeropuerto -le reproché en broma. -Creí que tendría hambre después de tantas horas de viaje. -Sí, pero no quiero volver a ver un aeropuerto... en mucho tiempo. Ángel se largó a reír, su risa era muy extraña, era como si cientos de estrellas estallaran en su boca. Era casi mágico. -La entiendo muy bien, uno muchas veces ya no quiere andar en el aire. -¿Usted viaja mucho? -Sí, a veces creo que demasiado. Lo dijo de una forma que se me apretó el corazón, pareció muy triste, quizá, de tantos viajes, no tenía ni tiempo a ver a sus seres queridos ni a su familia. -¿Tiene familia? -me animé a preguntar. -Padres, pero los veo muy poco, unas cuantas veces al año. -Qué mal. Bueno, ese es el costo de buscar tanto el dinero. -Es el costo de trabajar tanto. -¿Es muy trabajólico? -Debo serlo. -¿Por qué no delega? -Porque ya delegaron sobre mí. Mi obligación es hacer que todo funcione como corresponde. -¿A qué se dedican, específicamente? -Somos una empresa de turismo, pero no vendemos paquetes turísticos, lo que hacemos va más allá de eso. Creamos o transformamos espacios para que las personas puedan disfrutar de su entorno, de lugares considerados turísticos, sin echar a perder el medio ambiente, sin atacar el ecosistema; el fin es acercar la naturaleza a los seres humanos y que estos puedan comprender que todos somos uno, que somos polvo de estrellas y que eso nos hace estar en unión. Al ser humano le falta estar en sintonía con el Universo, con el todo; en fin, la idea es que las personas puedan subir de nivel y... ¿Qué pasa? Me había quedado extasiada al escucharlo hablar así y creo que tenía cara de estúpida. -¿Cassandra? -Yo volví en mí. -Nunca había oído a alguien hablar con tanta pasión de algo, es más, nunca había oído a nadie hablar de esto. -¿De qué? -De esto, de que somos uno, de que somos polvo de estrellas, de que estamos en unión con el Universo, pero no en sintonía... -¿Te molesta el tema? ¿No crees que sea así? -No, para nada, es solo que… No sé, su forma de decirlo me hizo transportar al universo, como si yo misma fuera parte de él. -Eres parte de él, eso es lo que intento decirte. Todos somos uno y parte del Universo. -Yo no sé nada de esto. Yo tenía una compañera que decía ser de otro planeta, pero nunca dijo nada parecido. Ella solo decía que los extraterrestres nos querían ayudar a subir de nivel. -Hay mucha gente a la que le gustaría venir de otro planeta. -Así como está la tierra, mejor es ser de otro planeta y esperar a que nos vengan a buscar antes de que explote nuestro mundo, ¿o no? -Sí, tienes razón, pero la tierra no va a explotar. -Ojalá, porque sería re fome. -¿Sería qué? -Fome... Algo que no debiera ser... malo, aburrido, tonto... -No sabía cómo explicar esa palabra que tenía tantos significados. -Ah, ustedes y sus modismos -se burló. -Sí, y no nos damos cuenta, muchas veces lo hacemos sin querer. -Sí, ya está insertado en su ADN -bromeó. Sonreí avergonzada, era cierto, los extranjeros no entendían nuestra especial forma de comunicarnos con tantas palabras inventadas. Después de aquella conversación, me fui a dormir. Mi habitación se encontraba en el segundo piso. Era una pieza mediana, con baño propio. Me metí a la ducha, pero no me lavé el pelo, no tenía ganas de esperar para acostarme, mucho menos de secármelo con secador. Quería meterme a la cama y olvidarme de ese nefasto día. No lo logré. Toda la noche la pasé con pesadillas de que iba en un avión que se caía. Cada cierto rato, despertaba y el temor se apoderaba de mí, sentía que todavía estaba en el aire, como cuando iba al río y sentía hasta mucho después como si flotara en el agua. Llegó el amanecer y yo seguía en vela. No me quería levantar, mi cabeza daba vueltas y me dolía. Intenté seguir durmiendo, lo que hacía a ratos y a saltos. Tocaron a la puerta y entró María con una bandeja con desayuno. -¿Y esto? -pregunté sorprendida. -Ángel me pidió que le trajera el desayuno. Dice que hoy descanse, que, después de lo vivido ayer, debe reponerse. -Gracias, pero ya me voy a levantar, es mi primer día aquí y no quiero abusar de ustedes. -Pierda cuidado, si él dice que descanse, es mejor que haga caso, además, a juzgar por la cara que tiene, sí necesita reponerse del viaje. -¿Me veo muy mal? -inquirí avergonzada. -Bastante -dijo con un tono de maternal burla-. Tome desayuno y siga descansando, le traje unos analgésicos. -Gracias, ¿cómo sabía que lo necesitaba? -No me pregunte cómo, pero él parece que siempre lo sabe todo. -Lo agradezco, porque anoche no dormí casi nada, tuve muchas pesadillas -le conté con culpa. -Quédese tranquila, tome su desayuno antes de que se enfríe, tómese los analgésicos y quédese en la cama. Si necesita algo, solo llámeme, estaré en la cocina. -Muchas gracias. María se fue y yo me tomé el exquisito café con leche y las tostadas con palta. Me tomé las pastillas con el vaso de agua que me llevó y me volví a acostar. El dolor desapareció en pocos minutos y pude volver a dormir. Cuando abrí los ojos, bastante más repuesta, lo primero que vi fue a Ángel sentado en una silla, al lado de mi cama, me miraba muy fijo. Debo admitir que no me asusté ni me avergoncé, sus ojos y facciones me daba una paz difícil de describir. Sostuve su mirada por largo rato, ninguno de los dos dijo nada. Sentía como si todavía no estuviera despierta del todo. -¿Te sientes mejor? -me preguntó al rato. -Creo que sí. -¿Crees? -Es que no siento la cabeza. Sonrió extrañado. -¿Cómo no sientes la cabeza? -Es como si no la sintiera, pero también siento que, si la muevo, en cualquier momento va a volver el dolor. -Entonces, no te muevas. -Tengo que moverme, ¿qué hora es? -Las dos y un cuarto. -¡Qué tarde! -Me quise incorporar de golpe, pero el dolor y la mano de Ángel, me detuvieron. -Tranquila, niña, no te muevas muy brusco. -Es tardísimo. ¡Qué vergüenza! -Después del día tan tenso que tuviste ayer, es lógico que hoy hayas despertado así, cansada, con dolor de cabeza, ¿el cuerpo no te duele? -No, por lo menos no hasta el momento. -Más tarde te tomas otros analgésicos. ¿Quieres bajar a comer o prefieres que María te traiga el almuerzo? -No, no, no estoy acostumbrada a comer en la cama, no me gusta. -Bueno, te esperamos entonces. Se levantó y me dejó sola para que me vistiera. Me calcé un par de jeans, unas zapatillas y una polera manga larga, aunque la casa estaba abrigada, yo tenía un poco de frío. Bajé y en el comedor ya se encontraban los dos instalados, me esperaban. -¿Cómo te sientes ahora que te levantaste? -me consultó Ángel. -Bien, bien, pensé que me iba a doler más la cabeza al levantarme, pero no. -Eso es bueno, si quieres después te acuestas un rato. -No, si vuelvo a dormir, pasaré la noche en vela. -Si prefieres, puedes ir a dar una vuelta al pueblo. -Creo que prefiero quedarme aquí hoy día, voy a llamar a mis abuelos y me voy a quedar flojeando. -Como quieras; en la sala está el teléfono, eres libre de usarlo. -Muchas gracias. -No hay nada qué agradecer. Después de un agradable almuerzo, Ángel salió a la oficina, no quiso que yo ese día fuera a trabajar, según él debía descansar. De todos modos, me dijo, mi trabajo comenzaría el lunes siguiente y recién era jueves, cosa que, debo admitir, agradecí de sobremanera.
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