Aquella noche, la luz volvió a aparecer en mi ventana. Me acerqué para mirarla, pero solo logré ver cómo se iba a toda prisa, como si huyera de mí, sin embargo, logré darme cuenta de que no era mi luz, la luz que siempre veía, y me pregunté cuántos tipos de esas naves extrañas existían, porque yo, al menos hasta ese momento, podía distinguir tres. ¿Serían todas la misma cosa?, ¿cada una de ellas significaba algo distinto o tenían distintos fines? La que se asomaba a la ventana de Ángel era distinta a la mía. Un nuevo ovni, más potente y en forma de lenteja, bajó, yo me quedé allí, quieta, esperando. El miedo hacía nudos en mi estómago, aun así, no podía o no quería moverme, me quedé allí, como pegada al piso, observando aquel espectáculo, inexplicable, pero hermoso. Aquel platillo se q

