Después de aquella platica con mi Sara pasaron algunos días, en ese intervalo salimos a caminar una vez, a cenar otro día incluso hasta nos besamos, pero hasta ahí. Ella me amaba, pero había comentado que aún no estaba lista para regresar a la capital y respetaba su decisión a pesar de que ese día del beso tuve que luchar con todas mis fuerzas para no pedir más de lo que me pudiera dar. Este día era mi cumpleaños número veintiocho deseaba pasarlo con ella, pero no sabía si estaba enterada de la fecha, tal vez la invitaría a cenar, aunque no tuviera idea del motivo. A mediodía después de la comida pase por su oficina, pero ésta estaba vacía, se me hizo raro ya que por lo regular, era el lugar donde siempre se encontraba, decidí preguntarle a Ana su asistente y ella me dijo que Sara había p

