Capitulo 20

1874 Palabras
Nieve p1. Por Cameron Scott “Señores pasajeros, les habla el capitán, estamos a pocos minutos de aterrizar en el aeropuerto JFK, favor colocar sus asientos en posición vertical y abrocharse sus cinturones, la temperatura en estos momentos en Nueva York es de dos grados, la nieve y el aroma a muérdago y especias está en el ambiente. Gracias por viajar con nosotros y feliz navidad” Hago caso a las indicaciones del piloto y me acomodo en mi asiento, si hay algo bueno de ser un Scott es poder viajar sin problema en primera clase y disfrutar de la buena vida. Después de casi un año en España, perfeccionándome con los mejores, vuelvo a casa, con más dudas que certezas y sintiendo que me falta mucho por descubrir. Saco esos pensamientos de mi cabeza y veo por la ventanilla del avión. El cielo está despejado, pero bajo él las nubes se notan oscuras y llenitas de agua— Hoy será uno de esos días nevados— sonrío por que me encanta la nieve—Creo que haré algunas cosas con los más peques. Digo revisando lo que traigo en mi mochila. Aprovecharía al máximo mi tiempo aquí, eso era bueno, me encantaba estar con mis primos y sobrinos, pues era tanta la diferencia en edad con mis hermanos mayores que siempre le reclamamos eso a nuestros papás, después de eso fue el reclamo por entender como mus hermanos se habían casado entre ellos y después, ah... sí después fue saber que teníamos familiares más locos que una cabra. Sonreí nuevamente al recordar a mi disfuncional familia y me alegré que por suerte alcancé a llegar hoy veinticinco de diciembre, me he perdido de muchas cosas en este año, pero no me quejo, he disfrutado y aprendido muchísimo. Guardo mis audífonos y preparo mis cosas esperando el aterrizaje —Por fin volveré a ver a mi familia. Cuando las ruedas del avión se posan en la loza del aeropuerto y termina de frenar, desabrocho mi cinturón y tomo mis cosas, no son muchas, de hecho sólo mi equipaje de mano y mi mochila, donde está mi computadora y todos mis juguetes, ah y los regalos para todos. No necesito nada más para volver, pues tengo claro que de mis cosas se preocupará mi mamá. Bajo del avión como cualquier pasajero y hago mi ingreso al país, cuando salgo con mis cosas hacia la entrada del aeropuerto veo esa cabellera rojiza que me ha acompañado desde que estábamos en el vientre de mamá sacudir, a duras penas, un cartel con mi nombre. —¡Cam! ¡Oh, dios idiota, cuánto te extrañé!— corre, en la medida que puede, hacia mí y ahí es que la noto, está con muletas y una bota ortopédica, me hago el que no sé nada y coloco mi peor cara. —¿Qué mierda te pasó?— ella frunce el ceño y coloca los brazos en jarra, lo que es divertido con las muletas a los costados, pero mejor no se lo digo, no quiero morir tan temprano. —Ya te lo contaré, pero ¿Qué me trajiste? No veo mis regalos. —¡Mierda! se me olvidó—mascullo entre dientes a ver si cae en la broma y por supuesto que lo hace, solo le falta patalear, pero no puede— Es una broma, pero mejor vayamos al auto y ahí te entrego tu regalo. —Eso me gustó más. Ven, vámonos. —¿Y Hanny? ¿No tuvo permiso por las fiestas? —No, nada de eso, ella anda en una misión, eso fue lo que nos dijo la tia Hannah y que no llegará hasta año nuevo. —¡Qué lástima! También quería verla venir a buscarme. —Pues gracias, hermanito, por lo que me toca. —No seas pendeja, Melanie. Es solo que esperaba verla. Hola Rubén, es un gusto verte— digo saludando al chófer y guardaespaldas de mi hermana y uno de mis buenos amigos.. —Lo mismo digo, Cameron, te hemos extrañado. Una vez dentro del auto miro a mi hermana y es momento de que le saque toda la información de lo que le pasó, algo me contaron mis papás, pero sentía que faltaban cosas que saber. —Ahora sí, Mel. Suelta prenda. —Uff, no fue nada del otro mundo hermano. —No me evadas, Melanie Scott. —Está bien, lo que pasó es que en un entrenamiento al coach se le ocurrió la genial idea de practicar con el grupo de energúmenos de tus amigos y pues me creí la mujer maravilla, por desgracia el golpe me dejó nockout por unas horas y luego supe que el idiota de Powell se las dio de caballero de brillante armadura estaba hospitalizado igual que yo con un tec cerrado e inconsciente y cuando lo fui a ver el muy descarado me besó y nada ya mañana me quitan la bota. —¡¿Qué Adrien que?!—grito molesto. —Que se las dio de caballero y fue él quien recibió el mayor golpe. —No me refiero a eso, Mel. —Ah… Te refieres al beso— me dice toda sonrojada y a mí me va a dar…—. Tranquilo, tonto. Fue solo un beso y nada más, debe haber sido por su estado y no se dio cuenta de que era yo. —Ese idiota me va a escuchar. —No seas melodramático, hermano. De verdad que no fue nada. A propósito, ya tienes todo preparado para el concierto de año nuevo—típico de Mel, cambia la conversación cuando se siente incómoda y como yo soy su otra mitad la dejo y comienzo a contarle que tuve la oportunidad de conocer a una violinista excepcional y si todo salía como esperaba, ella llegaría el treinta a Nueva York para hacer el concierto conmigo. Seguimos conversando de lo que me había perdido y lo que más me sorprendió es que Vannah haya dado luz hace pocas horas. «Nota mental, ir a ver a mi nueva sobrina» Cuando veo el paisaje noto que no vamos camino a la casa y como si Mel lo supiera me dice que nos dirigimos al orfanato, que toda la familia iría hacia allá después de pasar a Vannah y a los bebés y yo me quedo pensativo. —¿No que era un solo bebé el que esperaba Vannah? —A pues, lo que pasó es que cuando nació la pequeña Stella, en otro de los quirófanos nuestro hermano y Nath trataban de salvar la vida de una mamá y su bebé, por lo que me contó Val, la pobre mamá no soportó la operación y su bebito se quedó solo en el mundo, pero Vannah y James tienen un corazón de oro y han decidido adoptarlo. —No lo puedo creer, es que esos dos cada día me sorprenden más, aun no supero que estén juntos y ahora con dos hijos. —Si vieras a Stella y a Ángel ni siquiera notarías que no son hermanos, son tan lindos. —Haré todo lo posible por ir mañana a verlos. —Si quieres, te acompaño. —Obvio que quiero, tú sabes que me encanta hacer cosas contigo. Hicimos nuestra pinky promese como cuando éramos niños y nos reímos como locos, digan lo que digan, somos un par de mellizos alocados y aunque pasen los años nuestra complicidad se nota a leguas. Al llegar al orfanato, el abrazo de mamá no se hizo esperar, duro como cinco mil años y no dejaba que nadie me tocara, lo que me causaba risa, pero la entendía era la primera vez que estaba tanto tiempo separado de mi familia. Después de dejarme llevar por el amor de mi mamá, pude saludar a todos y ver a mis primos y sobrinos que estaban como locos después de haber estado con Santa en la nochebuena. Disfrutamos de la tarde con los niños del orfanato y me comprometí a hacerles algunas clases de música y pintura mientras estuviera acá, lo cual aún no había decidido, pues aunque me gustaba mucho la investigación y lo que he aprendido en las águilas, aún sentía que algo me faltaba. La noche llegó como si nada y los bostezos de los mas chicos no se hicieron esperar, al igual que los míos, el jetlag me estaba pasando factura por lo que me fui durmiendo en el auto acurrucado en el regazo de mi hermana. Al llegar a casa subí hasta mi habitación y me lancé en mi cama. —¡Cuánto extrañaba este lugar! —¿Se puede?— Mel entra como Pedro por su casa a mi habitación y la veo meterse en mi vestidor. —¿Se te perdió algo, Scott? —Oh, nada del otro mundo, solamente un regalo que debe estar por aquí. —No seas tan intensa y pásame mi mochila. Ella corre a mi escritorio y toma lo que le pedí. Abrí mi mochila y le entregué su regalo, algo simple y pequeño, pero con todo el amor del mundo para mi otra mitad. —Es hermoso, hermano ¡Lo amo! —Sabía que te gustaría, cuando lo vi en el escaparate me dije Cameron, ese muñeco feo y desgarbado es para Mel y bueno, ahí lo tienes. Nos acostamos juntos, como cuando éramos niños y nos dormimos como bebés. A la mañana siguiente, me levanté muy temprano, tenía muchas cosas por hacer, así que dejé durmiendo a Mel y me vestí rápido. —Lo siento hermanita, pero debo hacer algunas cosillas antes de que hagamos cosas juntos. Salí de mi habitación y cerré la puerta con cuidado, me bañé en el baño de Mel y luego pasé casi corriendo por la cocina, tomé la leche y el cereal bajo la atenta mirada de la abuela Gloria y organicé mis cosas para salir y arreglar algunas cuentas que tenía por ahí. —Me vas a decir ¿por qué tan pensativo? —Nada abu— decirle abuela se habia hecho tan natural que no sé ni cuando empecé, pero ahí estaba yo rindiéndole cuentas—. Es solo que debo ver a algunas personas y hacer tantas cosas antes de volver que ya siento que estas mini vacaciones serán muy cortas. —Pues aliméntate bien y disfruta tu comida, no te atragantes con solo cereal y leche, por favor. —Lo haré, te lo prometo. Terminé mis cosas y me dirigí al hospital, al llegar saludé a todo el mundo, por suerte no me he encontrado con ninguno de mis hermanos o sus amigos, quería saludar a Vannah primero, aunque Mel me matara, el problema era que debía entregarle algo con urgencia y no podría hacerlo con mi hermana enfrente, pero el destino dijo otra cosa y estoy en frente del segundo personaje en mi lista... —¡Que suerte la mía! —Hermano, que bueno que te veo… El puñetazo certero en su mandíbula lo lanzo a algunos metros de distancia, el pendejo se levantó a penas y juro que se le debe haber olvidado respirar porque estaba rojo, pero como ahora no me importa iba a ir por la estocada final. —¡Cameron, no!
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR