Capítulo 19

1731 Palabras
Un bebé en navidad. Por Savannah Lewis —¡Mierda! Esto duele muchísimo — grito al sentir otra contracción y como mi porotito va encajándose en el canal de parto. —Tranquila, mi Moritas. Ya estamos llegando. —Respira con nosotras, ya Hannah está con la pediatra esperándonos. —Deja de gritar, Val. Me lo has dicho como diez mil veces. —Perdón, perdón. —Vannah, estamos a cinco minutos, voy lo más rápido que puedo con esta nieve. —Agustín, tú maneja tranquilo. No queremos provocar un accidente. ¡Cuidado! ¡Te acabas de saltar un rojo! —¿Daria? ¿Puedes ver?—Pregunta Lamas y yo estoy que grito nuevamente por otra contracción. —Luego te explico, por favor pon atención en la ruta, nuestra sobrina es lo más importante. —Por lo que más quieran, dejen de discutir y… Ah… ¡Mi bebé quiere salir! El dolor era punzante y la necesidad de pujar ya no la estaba aguantando me superaban, mi niño bonito me tenía tomada de la mano y con la otra masajeaba mi vientre que estaba duro como una piedra. No sé si fueron cinco minutos lo que demoramos, pero en ese momento parecían horas, para cuando Lamas estacionó la camioneta, los gritos de los chicos y también los míos llenaron la sala de emergencias. —Tienes diez de dilatación, amiga, no llegaremos a la sala de partos, deberás pujar aquí mismo. —¡Hagan lo que tengan que hacer! Necesito pujar. —¡James!, necesito que te coloques ese mono y los guantes que te va a pasar Ágnes si te quieres quedar. —¡Claro que me voy a quedar, Val! —Pues si no te apresuras… Ah… Este bebé no te va a… Ah… Esperar. —A la cuenta de tres te subiremos a la camilla, Vannah, ¡Soporta! Vamos chicos, un… dos… tres. —Ah… que delicados… Para tratar a una parturienta. —Ya… ya estoy aquí ¿Qué hago? —Siéntate al lado de Vannah y solo preocúpate de acompañarla. Hannah se coloca frente a mí, termina de abrir mis piernas y me mira con esos ojazos de mamá gallina que siempre a tenido. —Por suerte tienes depilación láser, mujer. Tu bebé está coronando. —Eso… ya… lo sabía, ahora… dime… cuando… mierda pujar. —Bueno, mis querubines es momento de traer a nuestro sobrinito. Vamos Vannah, es momento de pujar. Y qué me dijeron a mí, con todas mis fuerzas pujé y a la primera mi porotito ya tenía su cabeza afuera. —Vamos cielo, otro más y estará fuera por completo. Hice varías respiraciones y volví a pujar, botando todo el aire que tenía en un grito sobrehumano que fue acallado por el llanto de mi porotito. —Felicidades papis, han traído al mundo a una hermosa pelirroja. —Mo…Ri… Tas…— sentí como la mano de James me soltaba y luego el estruendo. —Bienvenida al club amiga, al parecer nuestros hombres no aguantan nada— dice Val muy tranquila —. Agustín, ¿Nos ayudas? ¡Agustín! —No creo que pueda ayudarles— dice mi hermana y me volteo a ver. Un Agustín más pálido de lo que ya es, yace a los pies de mi hermana absolutamente noqueado. Aunque me dolió como la mierda no aguanté la risa y todas al parecer, porque las carcajadas se escuchaban en toda la sala de emergencias. —Bueno mami, hagamos los honores — Ágnes, después de haber limpiado a mi porotito la colocó en mi pecho. —Es igualita a su padre— dije entre lágrimas — feliz navidad, mi querida Stella. Besé su preciosa cabecita roja y como si ella entendiera movió su boquita, el cansancio por el esfuerzo hecho me empezó a pasar factura y antes que me durmiera, Ágnes tomó a mi pequeña. —Con esta señorita iremos a que la revisen, tú descansa mujer que yo me encargo. —Cuídala mucho. —Por supuesto, preciosa y nuevamente, felicidades… Cerré mis ojos y me dejé llevar por los brazos de Morfeo, para cuando desperté, aún era de noche y aunque me costó un poco enfocar noté que mi hermana y Agustín dormían en el sofá que estaba en la habitación, comencé a agudizar mis sentidos y escuché un arrullo, una canción que mi mamá nos cantaba cuando nos hacía dormir. Hush, little baby, don’t say a word… Mama’s gonna buy you a mockingbird And if that mockingbird won’t sing Mama’s gonna buy you a diamond ring (Cállate, pequeño bebé, no digas una palabra… Mamá te va a comprar un ruiseñor… Y si ese ruiseñor no canta… Mamá te va a comprar un anillo de diamantes…) —Esa canción es muy hermosa— digo sonriendo al escucharlo arrullar a nuestra bebé y James se voltea y me mira con esos ojos de amor infinito que tiene ahora no solo para mí, sino que también para ese pequeño ser que es una parte de los dos. —Mira porotito, mami ya despertó — se acerca con cuidado y se recuesta junto a mí, entregándome a nuestra pequeña—. Gracias y perdón… —A ti, por estar ahí, aunque te hayas desmayado. —De verdad lo siento, pero la sangre y yo no somos buenos amigos. —Tranquilo, te entiendo. —Vi, su brazalete y nuevamente gracias. —Stella es un bonito nombre. —Stella Angelina también lo es. —El nombre de mamá — dice Daria despertando de su sueño y notando que está en el regazo de Agustín. —Stella Angelina—susurro y vuelvo a besar esa cabecita colorada que tanto me gusta—¡Me encanta! Eres la cosita más bella del mundo y nuestro mejor regalo de navidad. Lo demás que pasó ese día fue una tragicomedia de esas a los que ya nos tenían acostumbrados. A las nueve de la mañana apareció toda la plana mayor del hospital con globos, peluches y hermosas flores. Bruno, como siempre se hizo el chistoso y le restregó en la cara a James que no necesitaba hacerle una prueba de ADN a Stella porque era su copia al carbón. Luego llegaron Alma, Rocío y Shannon con los niños, no sé por cuántos brazos pasó mi hija, pero ya me hacía falta tenerla. Por otro lado, Ethan y Nath llegaron con cara de no haber dormido nada, por lo que nos contaron hubo un accidente de tránsito y Ethan debió apoyar a Nath en una de tantas de las cirugías que se hicieron en la noche. Lo más triste que nos contaron es que una familia falleció en el accidente y a la misma hora que nació Stella un bebito llegaba al mundo y se quedaba sin nadie que lo cuidara. —Ya servicios sociales se están encargando, pero los papás de ese bebé no tenían más familia que a ellos mismo, ese pobre bebé deberá ir a un orfanato y espero que alguien lo pueda adoptar — dice Jex, junto a Dani que acaban de llegar—. Yo hablé con ellos y les pedí que se comunicaran con mi mamá, en el orfanato hay cupo para un bebé más. Miré a James y como si fuera un acto reflejo ambos asentimos. —¿Podríamos hablar con ellos y ver la posibilidad de adoptarlo?— les dije, estamos conectados. —¿De qué hablan? ¡Oh, por Dios, es tan hermosa!— mi suegro se acerca a nosotros y me quita a mi bebita de los brazos, refunfuño. Oh, sí que lo hago, pero al ver la cara de ese hombre no me quedó de otra. —Estábamos hablando del bebé que se quedó sin familia anoche. —Oh, claro, Ángeles ya está tramitando su ingreso al orfanato, gracias Jex por avisar. —Nadie ha respondido mi pregunta. —Habría que ver las posibilidades, primo. Una adopción no es llegar y decir queremos ese bebé y listo, deben cumplir con muchos requisitos y… —¿Y podemos hacer los trámites no?— esa soy yo la que pregunta. —Eso es un tema que deberemos hablar, Vannah, pero si de verdad ustedes quieren hacerlo me pongo a su servicio para apoyarlos— y esa es Blue entrando con la Hermana Ángeles a la habitación cuándo me percato que trae una sillita de bebé en sus brazos. —¿Es él?— pregunto estirando mis manos para que lo acerquen. —Se llama Ángel, ese era el nombre que le pondrían sus papás— con sumo cuidado Ángeles lo saca de la sillita y me lo entrega, es tan pequeñito y desvalido que siento que mi pecho va a estallar de la sensación que tuve al tomarlo, el bebé se aferró a mí y con sus manitas apretó mi pecho— Por suerte nació completamente sano y no hubo sufrimiento fetal, los chicos actuaron rápido y no necesita más cuidados que los normales, gracias a ambos por intentarlo todo. —Por desgracia no pudimos salvar a su mamá. —Su camino estaba hasta ahí, Ethan, ahora solo nos queda orar por ellos y cuidar de este pequeño. —¿Podemos darle cristiana sepultura a sus padres?— pregunta mi suegro y todos asentimos. —Yo ayudaré con el papeleo, quédate tranquilo con eso James— dice Ethan y la tranquilidad vino a mí y creo que al bebé porque se acurrucó mucho más a mi cuerpo. De la nada mi pequeña comenzó a llorar y creo que contagió a su nuevo amiguito, como pudimos James colocó a ambos bebés, uno a cada lado y comencé a amamantarlos al mismo tiempo. —Por lo que veo, teníamos hambre mis preciosos tesoros. —Se ven perfectos— ambos bebés, como si supieran se aferraron a mis pechos y desde ese momento lo supe, ellos junto a mi niño bonito eran mi vida. —Pues hagan todo lo posible para que Ángel se quede con nosotros, para Vannah y para mí ya es nuestro hijo. ¿Quién lo iba a decir? Ya era una bendición tener a nuestra poritito junto a nosotros el día de navidad y ahora, este angelito que se había quedado solo nos encontró a nosotros una mañana de navidad. Al final, mi deseo de ser madre se estaba cumpliendo y quién lo diría no solo era un bebé en navidad, sino dos.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR