Capitulo 9

1985 Palabras
Emergencia, Navidad Por el equipo de cardiología del hospital general —Juguemos a piedra, papel o tijera. —Idiota, las vidas de nuestros pacientes no tienen ese valor. —Tonto, es claro que no, pero mi pequeña viene para las fiestas y con Brunito estamos preparando todo. —Los turnos ya estaban hechos desde el mes anterior Cicarelli. Además, en mi caso viene la familia de Italia y creo que traen más de una sorpresa, incluso una para tí. —¡Mierda! Mi hermano. —No lo sé, las chicas no me han querido decir absolutamente nada. —Con mayor razón. —Ya basta ustedes dos— y ahí viene el insidioso del director, Ethan entra con esa prestancia que le han dado los años y el cargo que ostenta, aunque su capacidad de ser niño en estas fechas no ha cambiado nada. —Amor, tranquilo. Nosotros podemos solucionar nuestras discusiones sin intervención tuya. —Lo sé, mi reina. Es solo que me gusta picar. —¡Ethan! — lo reprenden los tres amigos y luego todos ríen — ¿Se acuerdan de nuestra primera navidad aquí? —¡Qué días aquellos! —No es justo, yo no estaba presente. —Pues déjame que te cuente cómo fue nuestra primera navidad juntos… Hace más de quince años atrás… El ambiente navideño se está apoderando del hospital general, todos corren preocupados por sus propios problemas, pero hay un grupo que enfrenta a un nuevo desafío. ¿Quién se quedará en el turno del 24 de diciembre? Un Owen George, los mira con esa cara de santa disimulado y los enfrenta, con esa voz bonachona, pero imponente. —A ver muchachos, ustedes saben que aunque sean pasantes necesitamos de su apoyo para ese día. —Jefe, todos tienen que colaborar, no por ser hijos de uno de los dueños o creer que tienen más influencias tienen el derecho a sacársela tan barata. —Nadie ha dicho eso, Collins. Es solo que no tenemos que quedarnos todos. Los chicos son pasantes como dice el jefe y también tienen el mismo derecho que tú o yo a pasar con sus familias. —Por mí no te preocupes, Ethan, yo no tengo ni perro que me ladre y si Dylan se queda aquí no tengo problema en hacer el turno— Bruno le guiña un ojo a su nueva pareja y él se sonroja, aunque Dylan ya tenía planes para esa nochebuena y le incomodaba la exposición. —Por mí, tampoco hay problema, jefe. Puedo pasar el 25 con mi madre y mi hermana. —Por desgracia, yo sí quería pedirles el día, vienen mis padres, lo siento Bruno. —Con mayor razón — dice Bruno un tanto desanimado —. Yo me quedo. —Entonces nos quedamos todos, ven que no es tan difícil. —¡Ethan! Pensaba que querías pasar la navidad con tu familia y te quería invitar a... —Lo siento, Collins. El deber está primero. —Pues ya todo está dicho, celebraremos la navidad con nuestros pacientes. Con la rabia bullendo en la cabeza de Collins, los planes arreglados de Dylan yéndose por el caño, la cara de felicidad de Bruno por no pasar estas fiestas solo y la complicidad que tienen Ethan y Val “como amigos”, las semanas transcurren y estamos ad-portas de otra víspera de navidad... Hoy es un día especial, los chicos disfrutan la mañana decorando el árbol con sus niños. —Val ¿Crees que santa podrá venir aquí? El hospital es tan triste que no creo que nos tenga en su lista, además llevo tan poquito que no sé si él lo sepa que me cambié acá. —Santa siempre sabrá dónde estás Pam, te aseguro que él vendrá aquí para ti y para todos los niños de este hospital— Val le guiña un ojo a la niña y eso hace que ella cambie un poquito su carita apenada, por otro lado Ethan, que estaba colocando unas guirnaldas con otro de los niños, escucha la conversación y se le ocurre una idea, un tanto macabra, digna de Halloween, pero con ese espíritu navideño que le llena el corazón. —Claudia, ¿puedes seguir con esto? Necesito hacer algo urgente. —Si, claro. Ve tranquilo, yo me ocupo de seguir con James. Ethan le entrega las guirnaldas que tenía en sus manos y sale de la sala común del área de cardiología, sus pasos son fuertes y determinados, pero cuando llega a la puerta que quiere tocar, sus ánimos se desinflan al escuchar lo que dentro de ahí pasa. —Claro que estaré ahí, ese crucero no me lo pierdo por nada del mundo, este año será genial y prometo no faltar, ya son muchos años los que llevo metido aquí en el hospital, además ya todo está solucionando con los turnos, ¿Sabes? Tengo a un grupo de muchachos fantásticos que aman lo que hacen y eso me hace muy feliz. ¿Cómo iba a aguarle la fiesta a George? Él era el que más se merecía un descanso, su vida y su soltería se debía a todo el amor que había dedicado a ese hospital, sus pacientes y a todos sus alumnos en la facultad. No, no podía arruinarle las fiestas, debía buscar a otro para que hiciera lo que tenía pensado. —Oye, Ethan ¿Qué haces frente a la puerta del jefe supremo? —Bruno lo saca de sus pensamientos y a Ethan no le queda más que contarle a su amigo la idea que se había cruzado por su mente, no sabiendo que las paredes tienen todos. —Me encanta la idea, yo me sumo, aunque debería hablar con Alma a ver si ella en su taller de teatro en la escuela tiene algo que nos sirva, ninguno da la talla para Santa. Con lo escuálidos que somos los niños se darían cuenta. —Por eso había pensado en George, pero él ya tiene planes y no soy quién para aguarle la fiesta. —Ya verás que algo se nos ocurrirá. Ambos amigos retomaron sus pasos hacia la sala común, mientras quién les había espiado sopesaba lo que había escuchado a hurtadillas… Pasaron los días y ya estamos en nochebuena, George se había despedido de los chicos en la mañana y todos estaban felices de verlo partir a sus merecidas vacaciones. El día había pasado rápido y los chicos por fin se tomarían un descanso de unas horitas para reponer energías y preparar lo que habían planeado días antes. Bruno, cómo el cotilla número uno del grupo no aguantó y debió contarle a Val cuando ella lo descubrió pidiéndole unas cosas a su hermana Alma. Por suerte, ella era tanto o más corazón de abuelita que esos dos, así que sin siquiera pensarlo se había unido a este selecto grupo de santas improvisados. —Ah… No doy más, me duele hasta el último de mis cabellos. —El cabello no duele, idiota. Pero no puedo discutirte que también estoy muerto. —Pero ya queda menos, chicos. Esta noche y mañana serán de trabajo y espero que no pase na… —Ni se te ocurra decirlo, Val. No seas pájaro de mal agüero. Cuando Bruno terminaba su frase las cosas se pusieron color de hormiga. ¡Código azul, código azul! Todo el personal disponible concurrir a la sala de emergencias. —Se los dije. Los chicos toman sus fonendos y se vuelven a colocar sus batas blancas, para salir disparados hacia la sala de emergencias. —Fue un tiroteo en el centro de Manhattan —Claudia se une a ellos para darles las primeras informaciones— al menos cuatro heridos de bala en el torax, uno en estado de gravedad que viene llegando. —Ethan, tú y Val preocúpense del herido que viene llegando, Collins tú y Dylan de los que vienen con heridas menos graves y tu Bruno sígueme —Grita George, saliendo de la nada. —Pero si tú te ibas de viaje ¿Qué mierda haces aquí, George? —Mejor anda donde te envié con Val y toma a Leo como enfermero, después hablamos. A Ethan no le queda de otra que seguir las indicaciones de su jefe, por más que le molestara que el siguiera ahí, es que era su día para descansar. Una vez que los pacientes comenzaron a llegar, cada uno cumplió con el encargo que se les había hecho. Val asistía a Ethan en la operación más compleja, eso ya para ellos era pan de cada día y cada vez que se sabía que ambos iban a entrar al quirófano varios médicos y residentes se agolpaban para verlos trabajar. Era un trabajo perfectamente sincronizado, era como si uno fuera la extensión del otro, no había miradas, solo actos, cada uno de ellos era perfecto. —Me encanta ver a estos dos trabajar juntos—dice uno de los doctores del departamento de pediatría — su sincronización es perfecta. —Ojalá y llegasen nuevos elementos así a nuestro equipo—refunfuña el encaargado del área de neurología—, George se ha ganado el boleto premiado esta vez. —Alguna vez me tenía que tocar bailar con la bonita ¿No lo creen? —¿Ya terminaste? —Por supuesto, lo mío no tuvo comparación con lo que hacen estos muchachos. Oye Bruno, necesito que una vez que salgan se dirijan al área común, tengo algo que decirles. —Sí, mi jefecito supremo, yo los llevaré una vez que todo acabe. Pasaron las horas y la cirugía dejó a nuestros médicos cansados, pero felices de haber logrado salvar otra vida. Cuando salen del quirófano un somnoliento Bruno los espera con un vaso de café para cada uno, los tres amigos salen del área de cirugías y se dirigen hacia los familiares para darles las noticias de su familiar. —¡Esto es un milagro navideño! — Exclama uno de ellos, pero los chicos saben que es más que eso, todo se debió al trabajo arduo de cada uno de ellos y de esa pequeña luz de esperanza que siempre albergan sus corazones, por lo que no dijeron nada más y se despidieron de ellos. Al llegar en la sala común escuchan voces conocidas y el aroma de pavo asado que llega a sus narices despierta el hambre que cada uno no tenia idea que sentían se despierta de la nada. —Ho, ho, ho, feliz navidad chicos — dice un Owen George, enfundado en un traje rojo con una barba blanca y unos lentes que de lejos se notan que no son de él. —Feliz Navidad chicos — Alma y Thomas se acercan a ellos para darles un gran abrazo a cada uno, mientras Blue y Adam los miran con esa cara de amor que les nace de ver a toda la familia reunida. —No puedo creerlo, George, pero si tú te ibas en un crucero. —¿Y perderme de esta fabulosa fiesta que prepararon a mis espaldas? Qué poco me conocen, chicos… —¿Y qué pasó después? — pregunta Nath pendiente de lo que le cuentan los chicos. —Después de estar un rato con nuestra familia, George nos obligó a vestirnos como duendes de Santa y fuimos a cada una de las áreas infantiles donde entregamos los regalos que nuestros padres, él y Stuart habían reunido, fue la primera navidad que vivimos juntos y bueno, una de las mejores. —Pues la de este año será fenomenal, eso se los puedo asegurar. Vamos por esos adornos y ayudemos a los niños a hacer el árbol. —A propósito ¿saben si ya papá pudo comprar el árbol de navidad? —No tengo idea, pero espero que el haber hecho las paces con el dueño de Tree RIders haya servido de algo. —Lo averiguaremos mañana, apuesto a que sí lo lograron.
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