Capitulo 11

3554 Palabras
Lo único que deseo es que vuelvas a mí p2. Por Val Soré Despierto entre las mullidas sábanas de la habitación en la que me encuentro, con unas manos gigantes que me sostienen de la cintura y un dolor de cabeza de la puta madre. ¡Dios santo! ¿Qué mierda he hecho? Veo al hombre que está de costado, con una incipiente erección y los recuerdos de la noche que pasamos vuelven a mi cabeza. Tomo mis cosas y me visto rápidamente, necesito salir de aquí, como la vil rata rastrera y traidora que soy. «Esto no lo puede saber nadie» Bajo en el ascensor y la vergüenza me carcome ¿Cómo mierda me dejé llevar por ese maldito ogro sexi? Que digo, ¿Sexi? Es un maldito aprovechador, espero y después de esto no vuelva a dirigirme la palabra y me deje en paz… Salgo del ascensor y miro a todas partes para ver que nadie me reconozca, esto sería tanto o más vergonzoso si alguien del hospital se entera que me acosté con el director general. ¿Qué mierda pasaba por tu cabeza, Val? Todavía recuerdo la estupidez de como caí en su trampa… Flashback —Señor Scott, necesito que apruebe estos documentos para el nuevo instrumental que requerimos. El odioso, insoportable y guapísimo Ethan Scott, me miraba con esa cara de pocos amigos que siempre nos dirigía a todos los que teníamos cargos en este hospital, por desgracia, nuestro anterior jefe había fallecido en un accidente de tránsito junto al padre de Ethan y todo fue un caos por algún tiempo aquí. A los pocos meses de haber pasado ese terrible suceso, el mayor de los hermanos Scott asumió en el cargo de director general del hospital, pero nadie entendía que hacía aquí, él era uno de los mejores abogados de la plaza y su hermano un de los mejores en la bolsa de Nueva York. —Doctora Soré, ¿sus padres no le han enseñado a tocar la puerta? —Por supuesto que sí, lo hice señor Scott, unas tres veces por lo menos, pero veo que usted está tan ocupado en otros menesteres y por eso no me respondió. Lo veo ajustar su ropa, por lo visto estaba en una sesión de sexties con alguien que al parecer le habla tras la pantalla. —Lo siento, querida, ya hablaremos del contrato— le guiña un ojo a la pantalla y luego cierra su computador y se saca los audífonos. ¡¿Cómo me iba a escuchar el muy imbécil?! Se pone de pie y acomoda la boa que tiene entre las piernas y cierra su cremallera. Sí, no he dejado de mirarlo fijamente, diablos es que era enorme. El tipo me mira con esa cara arrogante que se trae y se acerca a mi estirando su mano—Los documentos, doctora Soré. —Perdón — le entrego los documentos y sin querer nuestros dedos se rozan, un escalofrío me invadió y solté todo de una sola vez, cayendo todo al suelo—. Mierda, lo siento. Ambos nos agachamos y cruzamos nuestras miradas ¿Qué me estaba pasando? ¿Por qué tenía esa sensación de familiaridad con alguien que a penas y conocía? Peor aún, que me caía tan mal como la leche de vaca, ¡Ash! Desvié mi mirada y comencé a hablar de lo importante que era este nuevo instrumental para mi departamento, me paseaba de un lugar a otro para no tener que verlo a la cara, sabía que él me estaba mirando como si fuera una presa, su actuar lo delataba, estaba apoyado en su escritorio con los brazos y pies cruzados, imaginaba su cara, que debe ser de cuatro metros por lo que le estoy pidiendo, pero no me quedaría así, mi departamento y mis pacientes lo necesitaban. —Como verá, es la mejor inversión que puede hacer el hospital en estos momentos, señor Scott — terminé con mi discurso y me atreví a verlo, estaba justo como me lo imaginaba, diablos que era sexi el desgraciado. «Ya para, Val Soré. Nathan no se lo merece » Me decía mi conciencia y sabía que tenía razón, pero este hombre frente a mí, era como un maldito imán. —¿Y qué gano yo si firmo ese documento? —¿Qué? ¿ganar? No lo estoy entendiendo. Se acercó a mi con ese caminar que más de alguna vez había visto por los pasillos del hospital y mi maldito cuerpo también estaba reaccionando. —Digo que necesito un aliciente para aprobar esto ¿Qué estaría dispuesta a hacer doctora Soré para conseguirlo? Mi líbido se fue a la mierda, se me secó hasta la garganta y ahora lo único que quería hacer era darle un par de golpes a ese mal nacido, pero me contuve y como la dama que soy le respondí. —Ah… Ahora entiendo, señor Scott, por supuesto. Pues de mí puede conseguir todo— hago una pequeña pausa y lo enfrento con la cara en alto, me sacaba como dos cabezas de altura, con suerte le llegaba al pecho, pero no me dejaría, si él era una arrogante yo lo sería el doble —, puedo dar todo de mi para que cada cirugía que realice sea perfecta y darle más beneficios y renombre a este hospital— su cara es un poema y mi sonrisa burlona no tiene precio—. Cuando lo haya decidido, por favor hágamelo saber para empezar a dar “todo” de mí, señor Scott. Salí de su oficina y cerré de un portazo, la secretaria me miró como si me hubiera salido un cuerno en la cabeza y yo no atiné a nada mejor que correr. Este problema que me había ganado por culpa de mi tozudez me traería una oleada de más problemas, pero mis pacientes lo merecían… Fin del flashback Ha pasado una semana de ese molesto encuentro y desde ese día han comenzado a llegar rosas, chocolates y peluches a mi consulta. —Wow, cariño. Nathan si que se está esmerando— me dice mi amiga tomando una de las cajas para engullirse varios a la vez. —No son de Nath, Hanna—mi tono es molesto, tan molesto como la actitud de ese tipejo. —¿Y de quién son? ¿qué me has estado ocultando, Val Soré? ¿Un admirador anónimo? —No te he ocultado nada, bruja. Es solo que al idiota del director del hospital le dio por cortejarme— mi amiga se ríe a carcajadas, pero al ver mi rostro se detiene. —¿Es broma? —Noup, ninguna broma, ese incordio desde que se me ocurrió presentarle el proyecto sobre el instrumental para microcirugía no ha parado de darme regalos y ya no sé cómo más rechazarlo. —¿Y le dijiste que eso era molesto? O por lo menos que tienes novio, uno que debe ser tan ciego que no cuenta se da de que tienes un admirador. —Ay Hanna, no sé en que otro idioma decírselo porque el muy idiota no entiende. —O sea que de verdad le gustas. —No lo creo, más bien pienso que soy un desafío para él, en fin. Será mejor que vayamos a hacer nuestra ronda, no quiero que el idiota aparezca y me vea haciendo nada. —Eso me gusta, pero me llevo esto y esos peluches, a mis niños les van a encantar. —Haz lo que quieras con ellos, puede que a ti te sirvan más. Hanna toma una bolsa y echa todo dentro de ella como si fuera el saco de santa, al final solo dejó las flores y una pequeña cajita en la que no había reparado, tomé mi fonendo y salí con ella, en otro momento la vería. Cuando mi turno termina voy camino a la sala de guardia, estuve buscando a Nathan y no lo encontré por ninguna parte. Yomo el pomo de la puerta, pero me quedó ahí escuchando los gemidos que salen desde dentro de la habitación. —¡Vamos, dame duro, así Nath, así!— esa es la voz de Daniela, esa maldita de Collins, pero había dicho Nath. Abrí la puerta y me encontré con esos dos teniendo sexo en uno de los camarotes, solté una risita queda y comencé a aplaudir el espectáculo que estaba viendo. —Miren de lo que me vengo a enterar, ¿Se la están pasando bien? —Val, amor…— el insulso de mi novio sale de entre las piernas de esa arpía y me muestra sus partes, ya no tan nobles, aún en su máxima expresión y de la nada me acuerdo de la boa de cierto personaje—Esto, esto no es lo que piensas, yo… —No hagas las cosas así, los vi. No necesito que alguien me lo diga y la verdad algo intuía desde hace un tiempo, por favor continúen con lo suyo. —Pero Val, yo… yo te amo. —Pero Nathan… del amor no vive el ser humano, tranquilo no los voy a despedir, no soy tan cruel como todo el mundo cree, pero desde ya les digo que ni se les ocurra volver a hacerlo en el hospital pues si los vuelvo a pillar o me llega el comentario no se los dejaré pasar. Sh y Daniela, bienvenida al club, estoy segura que no será a la única que va a engañar. Salí de ahí como si fuera el correcaminos y mientras me movía por los pasillos del área de cardiología sopesaba lo que me había pasado, al final todos los hombres eran iguales, por eso no creía en el amor, al girar hacia la sala común choqué con un muro fuerte y duro, .e fui hacia atrás y esperé el golpe, pero unos brazos fuertes me sostuvieron y sentí el calor que ese muro me provocaba. —Veo que le gusta lo que toca, doctora Soré— sé que estoy sonrojada, pero la arrogancia de este tipo me hacía revirar los ojos. —Veo que le gusta aparecer donde no lo llaman señor Scott. —Pues no, en realidad te estaba buscando. —Para decirme qué más me va a regalar. —¿Te han gustado? —No. —¡Qué lástima! Creo que debo esmerarme, pero no era por eso que te buscaba— ¿desde cuándo tan amigos? Que ahora me tuteaba. —¿Y para qué me buscas? —Tenemos un evento al que concurrir y necesito que estés lista a las seis, paso por tu casa a buscarte. Puedes retirarte, ya le avisé a tu secretaria. —¡¿Qué qué?! —Ya lo dije, a las seis paso por ti. Nos vemos doctora Soré. Y así sin más me deja de pie mirándolo como una estúpida. Caminé a paso raudo hacia mi consulta y una Ágnes toda sonrojada me esperaba con mi bolso y un saco de una afamada diseñadora. —El… el señor Scott, dejó dicho que… —Tranquila ya lo sé, me voy. Nos vemos mañana, Ágnes… Ahora, heme aquí a las seis en punto, como una quinceañera esperando por idiota de mi jefe, enfundada en un vestido rojo que no deja nada a la imaginación, pero había algo que no me cuadraba ¿Cómo conocía mi talla? Incluso la de mis zapatos, este tipo era demasiado raro. Y como si hubiese llamado al diablo, el timbre de mi departamento suena, camino como puedo con estos tacones de mierda y abro la puerta con el ceño fruncido, cosa que me dura menos de lo que esperaba al ver a ese hombre enfundado en un traje n***o a la medida, con un moño y un pañuelo a juego con el color de mi vestido. —Te ves hermosa— me dice y yo aún estoy en shock al verlo frente a mí. —Gracias — bruta, podrías haber dicho otra cosa ¿no? —¿Nos vamos? —Sí — ahora si que me mato, me dejó hablando en monosilabos. —Deja de mirarme y ve a buscar tu bolso. —Tienes razón — ay, por fin doa palabras salieron de tu boquita. Me di la vuelta y salí disparada hasta mi sala, tomé mi bolso y un pequeño chal que complementaba mi outfit, volví a la entrada y me lo encontré viendo las fotos que había en el lugar, las miraba muy atento y algo parecía molestarle, pero no decía nada. —Ya estoy lista, podemos irnos. Salimos ambos al mismo tiempo y quedamos enganchados la caída era inminente porque ambos forzamos la salida, pero de la nada él se echó para atrás y yo salí disparada. —¡Cuidado, preciosa!—sus fuertes brazos me sostuvieron y por primera vez me dejé llevar por el abrazo ¿Sería porque estaba dolida por la decepción de mi noviazgo echo trizas? Me solté de inmediato y repuse mi postura. —Gracias ¿Nos vamos? —Sí, por supuesto. Al entrar al gran salón, Ethan me cedió su brazo y lo crucé con el mío. El saludaba como si fuera el dueño del lugar y a cada paso que dábamos alguien se acercaba a nosotros para saludar. En eso una hermosa mujer se acercó a nosotros. —No pensé que vendrías acompañado, Ethan. —Hola, Yore. También es un gusto verte. Te presento a Val, mi compañera. La mujer me miró de pies a cabeza y yo solo asentí a la presentación hecha por él, aunque ella farfulló algo, no la escuchamos y Ethan me hizo seguir nuestro camino. A los pocos minutos, avisaron que era momento de pasar a las mesas, con la mala suerte que esa mujer estaba en la nuestra. Cada vez que podía le intentaba sacar conversación a Ethan y él olímpicamente se dirigía a mi, la tensión era molesta y para el postre ya tenía ganas de mandar todo a la mierda, pero la música comenzó a sonar con los acordes de la canción de la bella durmiente, mis pies se movieron por si solos y él lo notó. —¿Bailamos?— se levantó de su asiento y me extendió la mano, la que tomé y nuevamente esa sensación de familiaridad me invadió. Nos desplazamos hasta el centro de la pista y de la nada tomó mi cintura y me acercó a él. El un, dos, tres daba vueltas en mi mente, pero Ethan era un buen bailarín y me dejé llevar por la música. —Esto ya está terminando y no quiero que lo haga— me dice al oído y mi piel se eriza. —Señor Scott, dígame la verdad ¿Qué pretende con todo esto? Porque si quiere llevarme a su cama se equivocó de persona. —Si te dijera que no es solo eso ¿Me creerías? —No lo sé, usted no es la persona que más conozca del hospital. —Pues yo sé todo de ti, Valentina Soré, pero me gustaría saber más. De la nada sus labios de posaron en los míos con un beso dulce y delicado. Todo mi ser reaccionó a aquella intrusión y le seguí el beso. —Vámonos, he cumplido con lo que debía hacer. Y, ahora me encontraba como una chiquilla huyendo del lugar, mi risa se hizo contagiosa y lo vi reír, mientas nos subíamos a su auto. —Pensé que me llevarías a mi casa— dije cuando veo que estamos entrando a uno de los hoteles más conocidos de la ciudad. —Te dije que quería conocer más de lo que ya sabía, necesitamos un lugar más… cómodo. Enarqué una ceja y le seguí la corriente, yo también quería conocerlo más allá de lo que ya sabía. Entramos al estacionamiento y después de estacionar, como todo un caballero se deslizó y abrió mi puerta. Entramos al ascensor y nuevamente su mirada posesiva me desnudó, su cuerpo se acercó al mío y me besó, ahora era demandante y posesivo, pero me encantaba y dejé llevar. A quién quería engañar, esto era lo que quería y me dejé llevar. Al entrar a su habitación, noté que era el lugar donde vivía, había ropa lanzada por todos lados y cajas de pizza y otras comidas chatarra desperdigadas por el lugar. —No veas, que me avergüenza el desorden que hay, deberé pedir que vengan por la mañana. —No te preocupes, es que me parece ilógico que el gran Ethan Scott sea un cochinito. Su risa no se dejó esperar y terminó en carcajadas que seguí sin ningún tapujo. —Te ves tan hermosa al reír. Volvió a besarme y de la nada sus manos ya habían deslizado mi vestido, dejándome solo en una pequeña braga negra, lo vi relamerse los labios y ahora fui yo la que me lancé a besarlo y como no quería demorar las cosas hice jirones su camisa, él me tomo en sus brazos como si fuera una princesa y me llevó a su habitación, su cama me recibió cuando me posó delicadamente y de la nada lo tenía disfrutando de mi cuerpo como si fuera el mejor majar de los dioses. Sus manos jugueteaban con mis pechos, mientras me besaba entre mis pliegues y me dejé llevar. Mi cuerpo temblaba con cada estocada que daba su lengua experta y sentí como mi primer orgasmo me sacudió. «Fuerte y delicioso» eso era lo que quería decir, pero las palabras no salían de mi boca, él se levantó y posó su cuerpo sobre mí, me miró a los ojos con una devoción que jamás había visto en mi vida y esperando mi consentimiento me sonrió. Le sonreí de vuelta y su m*****o entró en mí como si ya lo hubiera hecho muchas veces. La sensación era maravillosa y me dejé amar… Al despertar esa mañana, hui como una vil delincuente, no podía creer que todo lo que había hecho era consiente y sin ninguna gota de alcohol en mi cuerpo. Llegué a mi casa y me bañé rápido, debía expiar mi estupidez. —Debo haber sido otra más en su lista de deseos— dije molesta, golpeando la loza y sentí que mis lágrimas comenzaban a salir. Después de salir de mi auto martirio me vestí rauda y salí con dirección al hospital, sería mejor que renunciara, se me caía la cara de vergüenza de solo pensar que había caído en las redes del director. Con la conciencia sucia y unas ganas de mandar todo a la mierda me dirigí a la oficina del director general. —¿Está?—su secretaria me miró con cara de susto y asintió, pero no me impidió la entrada, abrí la puerta de par en par y vi a mi amigo Bruno que sostenía a Ethan en sus brazos. —Val, amor ¿Qué está pasando aquí?— me pregunta y no entiendo ni mierda a lo que se refiere. —¿De qué habla señor Scott? —No seas así, dile al estúpido de Bruno que deje el jueguito. —Bruno, déjanos solos por favor. —¿Estás segura?— me pregunta asustado mi amigo y yo asiento. Con cuidado, Bruno deja en el sofá a Ethan y sale cerrando la puerta. —¿Qué pasa con todos, mi amor? —Ethan, no creo que porque nos hayamos acostado una vez sea tu amor así de fácil. —Val, de verdad que esto es una pesadilla, anoche hablábamos de como decirle a Sophia y a los mellizos que santa no necesariamente les daría lo que ellos querían y ahora no hay nada y peor, ya no soy médico ¡Soy un maldito abogado! Lo vi tan vulnerable que toda la distancia se acortó entre nosotros y lo abracé, sabía que estaba sufriendo y no entendía porqué ese dolor me afectaba tanto. Ethan me miró con sus hermosos ojos y sin palabras que decir me besó. —Lo único que deseo para esta navidad es que vuelvas a mí, mi amada reina. De la nada, cientos de recuerdos se agolparon en mi cabeza, la decepción del baile de la barra, la hospitalización de Thomas, la hermosa pedida de mano al momento del nacimiento de Sophia y todas y cada una de las navidades y festividades que habíamos vivido en familia. Me separé de ese beso por la impresión de lo que estaba sintiendo y al abrir mis ojos, la cálida mirada de mi esposo, el padre de mis hijos y el amor de mi vida estaba fijada en mí. Veo como la oficina profesional de Ethan va cambiando y aparecen hermosos dibujos de nuestros hijos, ambos estamos sorprendidos, pero más sorprendido está el al ver su título colgado en la pared. —¡Dios, amor! ¿Qué mierda sucedió aquí? —No tengo la menor idea, pero todo fue tan extraño en estos días que. —¿Días? —Si, días. ¿Me creerás que estaba comprometida con Nathan? Iugh —¿Me creerías que Bruno dijo que no era mi amigo? —¡Muero! Ambos reímos por esto que nos pasó esta víspera de navidad, no sé si lo que viví estos días era una realidad alterna, pero algo me había quedado claro, siempre volvería a él porque él era mi hogar.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR