Navidad con los niños del orfanato p1. Recuerdos...
Por James O’Connor padre.
—¿Dónde vas con todas esas cosas papá?— me pregunta el loco de mi hijo Christian, mientras ve las cajas de los viejos adornos de navidad que traje a este país. Sí, era un idiota sentimental y no podía dejar atrás esos maravillosos recuerdos de mi querida Stella y cada una de las navidades que vivimos juntos y en familia.
—Llevo estás cosas al orfanato, al final el amienemigo de Adam nos mandará un árbol como donación y no hay muchos adornos.
Mi hijo se acerca y abre una de las cajas y su semblante se ilumina.
—Mira, este ¿Reno? Lo hice con mamá, son tan pocos los recuerdos que me quedan de ella que me lo quedo.
—Christian…
—¡Papá! Tu sabes que el espíritu navideño vive los trecientos sesenta y cinco días en mí y este es un maravilloso ejemplo de eso, creo que lo hicimos para el día del padre, pero mamá pensó que era tan bonito que lo guardó y lo colocamos en el árbol esa navidad.
—¿Qué hacen?— y ahí llega mi otro retoño, uno que me hará abuelo en muy poco.
—Inclúyanme en su conversación — y esa es mi hermosa nuera que ya camina a penas con esa pancita tan bella que tiene.
—Mira Vannah, este reno lo hice cuando tenía cinco años.
—¿Reno? Mas parece un perro mojado, Chris— no aguanto la risa y me largo a reír a carcajadas, creo que pensé lo mismo cuando lo vi en esa época, pero no podía hacer lo que estoy haciendo ahora con mi preciosa esposa, me habría dejado durmiendo en el sofá por varios días. James se sienta a mi lado y abre otra caja.
—Debo decir que desde pequeño era perfeccionista — saca una casita de madera y sus ojos se cristalizan—. Esta fue mi primer proyecto de casa, mamá la guardó y esa navidad apareció en el árbol.
—Familia, hemos llegado— y ahí entra mi otra hija, Dani es eso para mí, una hija más junto a su esposo Jex y sus hermosos bebés —¿Qué hacen?
—¿No falta nadie por llegar? Miren que no quiero contar la misma historia de nuevo—dice Christian sentándose en el suelo y abriendo otra caja.
—Mira, Dani. Este tren lo hicimos con tu papá, creo que tenía como ocho años.
—Es… es hermoso, Chris. Todavía recuerdo cuándo nosotros hacíamos los adornos del arbolito con cerezas y bastones de dulce, al final de las fiestas el árbol se veía chistoso, pues con papá cada vez que podíamos robábamos un adorno y pasaba a mejor vida.
La cara de Jex es la única que no demuestra alegría en este momento, por lo que me atrevo a hablar.
—Hijo…
—Dígame, suegro.
—He estado pensando en cuál sería el mejor regalo para el orfanato y creo que tú eres el indicado para darme algunas ideas— sus ojos se expanden y ese brillo que veía en todos al fin aparecía en su rostro.
—La verdad, esta navidad no será tan distinta como la que hemos pasado los últimos años, desde que empecé a trabajar con los Scott hubo un santa anónimo que llenaba de regalos el árbol y siempre le atinaba a cada niño.
—Más bien era una santa ¿no?
—En realidad eran tres, solo lo supe cuando mamá y la jefa, perdón. Blue me lo contó. Ella y las chicas se organizaban con mi mamá y hacían que cada navidad esos pequeños no pasaran por lo mismo que me pasó a mí.
—Oh, cariño — mi linda hija le abrazó y meció sus cabellos como si fuera un niño y Sarita saltó a sus brazos como si entendiera que necesitaba amor.
—Pero bueno, ahora tengo lo que cada navidad pedí y no me arrepiento de todo lo que he vivido.
—Eso, papi Jex. No nos adepentimos de nada, nada.
Nuevamente risas y esa calidez que inundaba estás fechas llenó el lugar.
—Bueno, bueno. Ahora, díganme qué puedo regalarle al hogar.
—¿Y no le has preguntado a mamá?— fruncí el ceño, pues las cosas no han estado muy bien con Ángeles, ella no está muy contentas de que toda la restauración del orfanato sea gracias a nuestro dinero, pero no me importa lo hago con todo el amor del mundo porque esos niños se han robado mi corazón.
—Papá, Jex te hizo una pregunta.
—La cosa es que…
—Ya te peleaste con la hermana Ángeles ¿no? Y ahora ¿qué fue lo que hiciste? Porque no me cabe duda alguna que con alguna burrada saliste y ella te mandó a freír espárragos — me regaña James y todos asienten.
—No me peleé, es que Ángeles es demasiado terca y orgullosa, no entiende que todo lo que hago es para esos pequeños que lo necesitan.
—¿Y se lo has dicho de esa manera? O le has lanzado tu verborrea de macho alfa lomo plateadopara hacer valer tu hombría.
—¡Dani!— la regañan todos y yo creo estar rojo de la vergüenza.
—No he hecho ni lo uno ni lo otro, solo no se me ha dado la oportunidad y por eso pensé en ir hoy a buscar el árbol y llevar estos adornos para alegrarles el día a mis niños.
—Si no fuera que ya somos adultos, juro que me pondría celoso— dice James, intentando aguantar la risa.
—Dilo por ti , hermanito. Yo si lo estoy.
—Pues ¿Qué les parece que esta vez nosotros preparemos la cena de navidad? Ya sabemos que los Scott se pondrán con los regalos, Elmer el gruñón con el árbol y los demás ya se están preparando con algo así como una obra de navidad y ustedes cuatro cocinan como los dioses.
—¿Cómo sabes tanto, Vannah?
—Recuerda que ahora que estoy en casa me aburro, así que paso a videollamadas con los chicos, fue que Brunito me lo contó. Además Cam y Hanny vendrán para año nuevo y por lo que entendí ya Cam está preparando la sorpresa para un pequeño concierto en el orfanato.
—Y yo que paso metido todo el día ahí y ni enterado estoy de todo eso—bufo molesto—, está bien que Ángeles me ignore, pero por lo menos podría contar con mi ayuda.
—O sea que sí le hiciste algo, James O’Connor —afirma más que preguntar, Dani y no me queda de otra que reclamar, no puedo creer que todos crean que he discutido con Ángeles, aunque no están tan equivocados, pero no fue una discusión, más bien fue un conflicto de intereses.
—¡Qué no le hice nada! Y ya dejen de mirarme con esas caras de limón agrio y mejor me llevo estos adornos al orfanato. ¿Alguien se suma?
Todos exclaman al mismo tiempo un yo, que creo que todo Manhattan escuchó y volvimos a reír.
—Pero antes de cerrar la caja, me quedo con este reno.
—Y yo con esta casita.
—¿Me puedo quedar con el tren?
—Vale, vale. Tomen lo que crean pertinente y luego nos vamos.
—¡Eso!—Chris y Dani chocan sus cinco y hacen su bailecito de la victoria y se sientan a buscar entre los adornos. Después de que jugaron como niños por una media hora, cada uno tomó un adorno para recordar los hermosos momentos que vivimos como familia y los dejamos en la mesa, esperaba que el bendito árbol que quería Sarita llegara pronto, porque de no ser así de alguna manera me las ingeniaría para hacerle uno a mi chiquita, tan difícill no sería hacerlo ¿no?
Los chicos tomaron las cajas, mi Dani tomo a Jexito, yo le di la mano a mi Sarita y salimos hacía ese lugar que donde ahora crearíamos nuevos recuerdos.
Al llegar al orfanato nos encontramos con que el insidioso de Miles ya estaba entrando el árbol de navidad.
—Buenos días a todos—Nos saluda con esa risa triunfal como si hubiese ganado algo en contra de mí, pero no le hice caso, hoy era un día especial y quería que los niños disfrutaran al decorar el árbol y colocar las botitas.
—Hola, Miles. Madrugaste ¿O no duermes?— le saluda Jex, él al igual que yo no el soportamos. La risa obligada de ese idiota salió para tratar de demostrar que no lo afectaba, pero todos notamos su pequeña molestia.
—Hola, Jex. No, si duermo. Es solo que hoy desperté con ánimos renovados.
—¿Podemos entrar? Hace un poco de frío y mi Moritas con los niños se pueden enfermar.
—Tienes razón, pasen, pasen. Están en su casa.
Tomamos las cajas, mientras las chicas entraban al lugar, al cerrar la puerta nos encontramos con el griterío de los niños al ver el árbol y mi mal humor quedó de lado, esto era lo que necesitaba.
—James, James viniste— Candela, una pequeña de diez años y ojos vivaces llegó a mi lado y me abrazó, esta niña me había robado el corazón desde que la vi solita en el patio del orfanato. Ella junto a su hermano Manuel habían quedado huérfanos el día que su madre fue atropellada por un conductor ebrio hace tres y el orfanato se transformó en su hogar. Por lo que me comentó Ángeles varias personas intentaron adoptarla, pero ella se negó, jamás dejaría solo a su hermanito.
—Candy, bella ¿Dónde está Manu?
—Ahí viene, con la hermanita Ángeles, está un poquito congestionado y no la pasamos muy bien anoche.
Corrí a hacia ellos y tomé en mis brazos al pequeño Manu, se veía tan desganado y en sus ojitos no estaba ese brillo de siempre.
—¿Por qué no me llamaron? Manu no se ve nada de bien, Ángeles, debiste haberme llamado.
—James, creo que te estás pasando de la raya, si no te llamé es porque con Miles pudimos solucionar todo, su fiebre bajó y lo único que queda es que está un poquito desganado.
—Pues ni tú, ni Miles son médicos, será mejor que lo lleve al hospital y uno de los chicos lo revise.
—No puedes llegar y decidir por él, James. Manu depende de mí y de los encargados del orfanato.
—Pues si no quieres pasar una navidad con una denuncia en tu contra por incompetente, muévete de una vez y acompáñame, porque me llevaré a Manu al hospital lo quieras o no.
Mañana seguiremos con estos deseos que se uniran a los de otros como en cada una de estas pequeñas historias, pero hoy quiero detenerme un minuto para agradecer a la vida lo maravilloso que ha sido este año escribiendo, porque no solamente cumplo años en edad, sino que también cumplo mi primer año escribiendo y al mirar atrás no puedo creer que ya lleve 12 historias, es por esto que me he tomado un tiempito para celebrar con ustedes este año y espero que sean muchos más.