Haley
Ante la desesperación después de la noticia que me había dado el doctor Griezmann, no podía concentrarme en uno de mis trabajos. Ser camarera y cantante en el mismo lugar, no era una buena estrategia, pero eso hacia a que me ahorrara lo del transporte de un lugar a otro. Una de las ventajas, era que podía comer de lo que los clientes solían dejar intacto, porque, aunque este restaurante no fuera uno cinco estrellas o con estrellas Michelin, si era uno de elite, comían delicioso mientras les encantaba escuchar cuando me subía al escenario a interpretar a Mariah Carey, Dolly Parton y algunas canciones de Blues.
El número de amistades siempre era escaso, como jamás tenía tiempo para socializar más que solo para trabajar y correr a visitar a mi hermano, en eso se dividía mi vida… una de las chicas que me hablaba aquí, se dio de baja, ya que se casó y bueno, sus penas eran como saber que debía de preparar para cenar en pareja, mientras que lo mio era ver como generaba más ingresos para costear la estadía en la clínica y el tratamiento, ahora, sumándole el coste de un trasplante de medula y hacer a que lo único que me quedaba de mis padres, se quedara conmigo hasta que muriéramos juntos de viejitos.
–¿Por qué estas triste? Para una cantante no es normal estar triste, cuéntame, soy tu amigo aparte de ser el doctor de tu hermanito– sí, el doctor Dereck iba a escucharme cantar al restaurante, todos los viernes, amaba a Mariah Carey.
Suspire y era como querer lanzarle un zapato a la cabeza, definitivamente no entendía la lógica masculina, obviamente estaba asustada y con miedo por ver como costeaba ese bendito trasplante y tener a mi hermano para siempre.
–No es fácil cantar con la mente ocupada y con el corazón triste y angustiado que, lo que depende de mí, se está muriendo en esa prestigiosa clínica y que seamos pobres, sin ayuda de un adulto, bueno, un adulto más grande, yo aun soy una adulta chiquita– dije, mientras él, con su bella sonrisa, me hizo perderme en un momento en su voz.
sí, el doctor Griezmann es guapísimo, no lo dudo, pero sería algo antiético que yo me relacionara con el de una manera amorosa. No es ético.
–Sé que eso te tiene mal, pero encontraremos una solución, sabes que no estás sola y, aunque en este momento no pueda apoyarte económicamente, vere como una asociación pueda apoyarte… de hecho… presente el caso de Mathew en el consejo de médicos, para encontrar a un donante compatible y que sea a un costo más bajo, le serviría muchísimo a la buena imagen del hospital, eso no importa, pero, poner a tu hermano es lo que necesito para que puedas estar tranquila. Sabes que los quiero mucho– carraspeo y tomo aire–, lo quiero mucho– dijo retractándose de “Los quiero”.
Me tomo de la mano, como en señal de consuelo, y es que si, él era mi único consuelo, porque amigas no tenia, solamente a una amiga por correo, una que se encontraba en Inglaterra y que tenía la certeza que jamás llegaría a conocer.
–¿en serio? Y ¿Por qué no me lo había dicho, doctor? –dije asombrada, no quise alegrarme, ya que el último momento que había tenido feliz, había sido ese cumpleaños de mi abuela y se vio empañado con la muerte de mis papás.
–Quería tener una respuesta más concreta, no solo él “estamos decidiendo que hacer”, pero te pido que confíes en mí, que tengas fe.
Le regale una sonrisa, esas eran gratis y pues bueno, alguien una vez me dijo que mi sonrisa era hermosa y que era un regalo que Dios me había dado para compartir.
–Gracias, doctor, en verdad le agradezco mucho el apoyo– él me sonrió y se acercó un poco a mí, casi que nuestras frentes se topan, pero llego Rose, una de las anfitrionas del lugar y carraspeo para hacerse notar.
–Haley, es tu turno con las mesas, hoy no llego Marisa, anda— gracias a Rose, no traspase la barrera Doctor- hermana del paciente.
—Claro que sí, ahora mismo voy a la cocina, ¿las ordenes las llevas tú? —pregunte, quitándome lo rojo como un tomate de la cara.
—Si, vamos que ya tienen hambre, si nos disculpa señor, Haley debe trabajar toda la noche— el doctor sonrió y asintió con la cabeza, yéndome detrás de Rose y dejándole sólo, con una bebida sin alcohol y con el calor del ambiente.
Empecé con mi noche de mesera, recogiendo buena propina por la amable atención, había muchas familias que llegaban a comer y siempre preguntaban por mí, haciendo a que mis compañeros sintieran celos de mí, pero, lo único que yo agradecía eran las propinas, porque de diez dólares en diez, llegaría a una buena suma a final de mes, aunque esperaba un milagro cayera del cielo y me ayudase a operar a mi hermano.
La noche transcurría y me empezaba ya a sentir cansada, pero no podía desmayar ahora que debía reunir una cantidad fuerte de dinero, ya terminando de atender a los comensales, inmediatamente llegó Cole, uno de los bar tender del lugar, para decirme que ya empezaría a cantar, así que le entregue todo y me fui directo a los lockers a sacar mi vestuario como cada noche, hoy me tocaba cantar “Without you” de Mariah Carey, esa canción me hacía recordar a mis padres, más que todo a mi madre que le encantaba la canción.
—Esta noche, ha bajado una bella estrella del cielo, para conceder sus deseos con su hermosa voz, recibamos con un fuerte aplauso a Haley Evans, con Without You de Mariah Carey— dijo Phil, el dueño del restaurante, mientras todas las personas aplaudían y coreaban mi voz.
Esta demás decir que cantar, era lo que me desconectaba de mis tribulaciones, me convertía en otra persona, en una mujer totalmente diferente, aquella mujer que sentía ser dueña del mundo y que su mayor deseo y sueño, era ver a su hermano completamente sano.
Perdida entre las letras de la canción, en las notas de mi voz, todo era como si me transportará, y más cuando cantaba:
“—No, I can’t forget tomorrow.
When I think of all my sorrow
When I had you there but then I let you go
And now it’s only fair that I should let you know
What you should know
I can’t live.
If living is without you
I can’t live.
I can’t give anymore.
I can’t live.
If living is without you
I can’t give.
I can’t give anymore—”
Las parejas se miraban y cantaban, mientras él estaba ahí, en la barra del bar, bebiendo una soda con limón y con sus ojos perdidos en mí, o pueda ser también, admirando mi talento, si, mejor dejémoslo en admiración.
Terminé de cantar y canté otra canción, una de Whitney Houston, realmente eso además de ser uno de mis trabajos, era el que más me gustaba y me generaba más propinas cuando cantaba en las mesas.
(***)
—Estuviste espectacular, Haley— espeto Dereck con una bella sonrisa, una que me distorsionaba el sentido y querer tomarlo por el cuello y besarlo.
—Gracias, doctor. Aunque ya es tarde, debe irse, mañana tiene turno en la clínica.
—No, mañana tengo el día libre… ¿podemos… vernos? —esto ya estaba tomando otro rumbo, y no voy a negar que me encantaba, pero, en este momento lo que me importaba, era Matthew.
Suspire cansada, y rápidamente a mi mente llegó lo más sensato.
—Gracias por querer compartir su descanso conmigo, doctor, pero… no creo que esto sea bueno, es mejor tener el trato de médico y hermana de la paciente, es preferible.
Él, con sus hermosos ojos azules, me vio, dejando entre ver un mar de desilusiones, pero, en este momento lo que menos quería, era una relación y menos, con el doctor encargado del caso de mi hermano.
—Lo entiendo, no te preocupes. Por lo menos… déjame llevarte a tu casa, es muy tarde y estás cansada.
Acepte la ida a casa, realmente no quería caminar hasta llegar a la estación del metro, moría por llegar a mi cama y levantarme a las seis de la mañana para ir a ver a Matthew y luego buscar otro empleo.
En el transcurso del viaje, encontré un mensaje de Rose, mi jefa, pero no quise verlo frente a Dereck, no quería ser mal educada y comportarme como una cría arrepentida de haberlo rechazado.
—Debes descansar, créeme, tengo fe en que el hospital tomará como candidato a tu hermano y no tendrás que trabajar tanto, todo saldrá bien.
Sonreí y por fin, llegamos a mi casa, agradecí por el viaje y me despedí, subiendo al pequeño apartamento que rentaba, uno muy económico y es que, si contará la historia de como conseguí este piso, no me lo creerías.
Me desmaquille, entre a la ducha a relajarme un poco y bueno, cene sobras frías que tenía en el refrigerador, acostándome en la cama, mi teléfono empieza a sonar, nunca lo dejaba en silenciador ya que podría ser de la clínica y darme alguna noticia sobre mi hermano.
Mindy R:
–¿estás despierta?
Haley ?
–Si, ¿todo bien en casa?
Mindy R
–sí, es solo que Rose me conto lo de tu hermano, y, de hecho, estoy en un trabajo informal donde gano dinero sin tener que salir de casa, igual, mañana temprano pasare a saludar al restaurante, espero verte ahí, y no acepto un no, por respuesta, te dejo descansar.
Haley ?
–¡por supuesto, te veo mañana!
Deje el móvil en la mesa ratona y apague la luz, dispuesta a dormir o eso creía, ya que la noticia de la operación no me dejaba conciliar sueño y también, solo de pensar en la sonrisa del doctor, me quitaban la concentración al dormir.
Luego de luchar con el sueño, logre quedarme dormida a las tres de la mañana, y mi sueño fue interrumpido por mi alarma, ya eran las seis de la mañana, por suerte, me tocaba visitar a mi hermano a medio día, así que iría temprano a mi trabajo, por fortuna era fin de mes y era día de pago, le llevaría a mi hermano un bizcocho pequeño, de esos que amaba comer y lo metía de contrabando para que lo comiera a escondidas.
Me duche, lave mis dientes y me puse un jean azul, mis converse rojos y una blusa blanca, peine mi rubia cabellera y me aplique un poco de vainilla casera, a falta de perfumes caros de tiendas legitimas, prefería usar la esencia de la vainilla y colocármela en cuello, manos y lóbulos de la oreja. Salí del apartamento y me puse mis auriculares, muy feliz hacia el restaurante, anoche había sido una de las buenas, propinas de ambos trabajos y un buen bono como empleada del mes.
Llegue al restaurante luego de dos transportes y ahí estaba Mindy, la chica de los mensajes de anoche y la mesera que había renunciado porque se había casado y en fin, ella tenía noticias que darme.
–Hasta que llegas, Evans…
–perdón, era el tráfico, pero ya estoy aquí, así que dime, ¿qué ingreso extra tienes?
Ella suspiro y empezó a hablar sobre algo con invertir en la bolsa de valores y ver videos todo el día, eso, según ella y su cabeza, hacían a que ganara mil dólares por hora, era una mentira. Rose se acercó y no sé si era el destino, pero siempre me salvaba de situaciones incomodas.
–Basta, basta. Pensé que era un negocio de verdad, no está estupidez, Mindy, por favor, mejor ten, lee el periódico, siempre piden mesera o asistente de dentistas en algún lugar. –me entrego el periódico, llevándose a Mindy y sus locuras, mientras que una locura era lo que estaba a punto de encontrar cuando en las ofertas de trabajo, en un recuadro color rosa estaba un anuncio que decía:
Tennessee Fertility Institute, en busca de donadoras de Óvulos, compensación económica de hasta setenta mil dólares, requisitos:
–Tener entre 18 y 26 años
–Buen estado de salud física y mental
–llenar los cuestionarios necesarios
–Permitir una evaluación de historial médico familiar
–No consumir alcohol en exceso
–No haber fumado en un año ni consumir sustancias ilícitas
Luego de leer todo esto, lo único que resonaba en mi mente eran los setenta mil dólares, yo no bebía desde la muerte de mis padres y jamás fume y menos me drogue, además, mi familia, la única que tenía, era mi tía y bueno, mi hermano, pero a él, yo no lo expondría, jamás, si esto lo hiciese seria por él y porque este anuncio es una esperanza para mí.
–Bueno, ¡ROSE, ROSE! –grite, para pedirle la mañana libre e ir a la clínica de fertilidad que, viéndola bien, era una de las más prestigiosas del estado, y no tenía nada que perder ya que, en mi plan, el tener hijos no es lo mio, o eso es lo que creo, aunque por ahora, mis huevos pueden hacer feliz a una pareja que no pueda tener hijos, y su dinero, me haría feliz a mí y a mi hermano.
–¿Qué pasa?
–Necesito salir ahora mismo, prometo doblar turnos esta semana, solamente necesito ir a ver unas… situaciones– no quería que me vieran así de desesperada, es que, joder, setenta mil dólares…
–Bueno, pero hoy te toca cantar una hora más, a la familia Perucci le encanto demasiado escucharte, organizaron aquí la fiesta de compromiso de su hijo el más pequeño y desean que tu amenices la reunión, así que te quiero presentable hoy.
Asentí emocionada y la abracé, ella se quedó congelada, si, como quedaran mis óvulos al vendérselos al mejor postor y ayudar a mi hermano a vivir.