Beth viene y me trae el almuerzo. También me trae algo de ropa doblada en un montón. Eso me alegra, ya que he llevado puesto el albornoz toda la mañana y me gustaría ponerme algo normal. Cuando deja la ropa en la cómoda, vuelvo a pensar en encararme con ella e intentar escapar. A lo mejor utilizando el tenedor que había escondido. —Nora, dame el tenedor —me dice. Me sobresalto y la miro con cara de sorpresa. ¿Será capaz de leer la mente? Luego me doy cuenta de que solo está mirando la bandeja vacía y de que falta un cubierto. Prefiero hacerme la tonta. —¿Qué tenedor? Ella suelta un suspiro. —Ya sabes cuál, el que has escondido detrás de los libros. Dámelo. Otra suposición de la que me equivoco. No sé por qué pensé que tendría algo de privacidad. Miro al techo con atención y no veo

