Me como la comida que Beth me ha traído. Está bastante buena, aunque no es un desayuno típico. Hay pescado a la parrilla y una especie de salsa de setas y patatas asadas con un poco de ensalada al lado. De postre hay mango cortado a trocitos. Fruta local, supongo. Pese a mi desconcierto, me las apaño para comérmelo todo. Si fuese menos cobarde, me hubiese resistido y negado a comer, pero tengo más miedo al hambre que al dolor. Hasta ahora no me ha lastimado mucho. Bueno, me dolió cuando me penetró, pero no me hizo daño a propósito. Me imagino que tratándose de la primera vez, me hubiese dolido independientemente de las circunstancias. La primera vez. De repente me doy cuenta de que ha sido mi primera vez. Ya no soy virgen. Extrañamente, no siento que haya perdido nada. La fina membrana

