— Pregunté si ya se fue Jarek —repitió Esmeralda sin rodeos, ante el silencio de su hija. Titi se quedó inmóvil. Abrió los labios para responder, pero no alcanzó a decir nada antes de que su madre continuara, con una calma que la dejó helada. —Puede que tu padre sea un poco despistado en algunos asuntos —dijo Esmeralda, ladeando la cabeza—, pero yo sé perfectamente que Jarek estuvo aquí. Titi frunció el ceño, confundida, y avanzó un paso. De nada servía negarlo. —¿Cómo lo sabes? —preguntó, intentando sonar casual, aunque el corazón le latía con fuerza. Esmeralda la observó en silencio durante un segundo que se le hizo eterno. Luego esbozó una sonrisa breve, suave, casi cómplice. —Porque soy tu madre. La frase cayó con un peso extraño, no como una acusación, sino como una verdad simp

