Gabriella lo miró, aun respirando agitadamente, con las piernas flojas, incapaz de moverlas de inmediato. Aun así se apoyó sobre sus codos y se arrastró hasta el centro de la cama. Lo vio desabotonarse la camisa. Si aquello había sido la antesala, no podía si quiera imaginar todo lo que seguía. Cada botón cedió bajo sus dedos, revelando su pecho firme, el abdomen marcado, y ese maldito tatuaje en su pecho que la representaba a ella —El sol en su pectoral izquierdo— Acompañado de unos cuantos en su cuello y brazos. Se quitó sin prisa la tela y la dejó caer al suelo. Luego sus manos fueron al cinturón. Se bajó los pantalones. Después el bóxer. Y quedó completamente desnudo. Gabriella tragó saliva al verlo. Su v***a era imponente. Gruesa y larga. Algo fascinante a los ojos de cualquiera

