—Qué bueno que no fue algo grave —murmuró Titi mientras observaba el tobillo vendado de Gabriella. Dante la había cargado hasta la terraza del jardín principal, donde ahora ella reposaba con una taza de té entre las manos. Dormir no había Sido muy cómodo, no podía moverse demasiado para evitar lastimarse más, pero tampoco se quejaba, Dante durmió toda la noche rodeándola con su enorme brazo y por la mañana, antes de marcharse a hacer sus deberes en la mafia, la despertó para avisarle que ya se iba, no son antes ordenar que le subieran el desayuno y ambas sirvientas estuvieran ahí para ella para ayudarla en lo más mínimo y hacerle el día mucho más llevadero. Era un exagerado, pero disfrutaba de ello. La rubia de ojos verdes había llegado en cuanto se enteró del incidente. Podía haber so

