Cada mañana

1240 Palabras

El dolor punzante en la cabeza fue lo primero que sintió Gabriella al abrir los ojos. Un latido torpe, insistente, que parecía querer partirle el cráneo. Pero incluso más fuerte que esa resaca insoportable era el dolor en su cadera, en sus muslos y, sobre todo, entre sus piernas. Soltó un quejido ronco y se llevó la mano a la sien, malhumorada. Trató de incorporarse y el gesto la hizo apretar los dientes. —Diablos… —murmuró, dejándose caer un segundo contra las almohadas. El silencio de la habitación le permitió confrontar, poco a poco, los recuerdos difusos de la noche anterior. La boca de Dante había devorado sus pechos. Sus manos firmes la guiaron mientras subía y bajaba sobre su v’erga. —Así, preciosa —gimió sin dejar de observarla. Era como si estuviese hipnotizado. Y ese posesiv

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