Capítulo 36

1343 Palabras

El sacrificio de Fernando en la sala de juntas no trajo paz. Fue una chispa lanzada al infierno. Zuri, expuesto ante el mundo y herido en su orgullo, abandonó la sutileza. Ya no había estrategia, ni máscaras. Solo rabia. Su venganza, que hasta entonces había tenido la precisión de un ajedrez, se convirtió en un acto salvaje, impulsado por el odio más puro. La llamada llegó esa noche. El teléfono vibró sobre la mesa, y Ginger, con el corazón ya en vilo, contestó. La voz que oyó al otro lado no era la de un hombre, sino la de una bestia. —Lo elegiste —susurró Zuri, con un tono cargado de veneno—. Elegiste a un rey roto en su castillo en ruinas, en lugar del imperio que te ofrecí. Disfruta tu elección, Ginger. Porque voy a quemarlos a los dos en su trono. La línea murió. Sin un clic, sin d

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