Capítulo 9

986 Palabras

La mañana después de la advertencia de Fernando se sentía distinta. El aire en la oficina era más denso, cada mirada de mis compañeros parecía una posible acusación. Su frase, “no me faltes”, no había sido una petición, sino una orden envuelta en seda. Una reclamación de propiedad que todavía me dejaba un sabor a ceniza en la boca. Me movía en mi cubículo como un autómata, tecleando informes mientras mi mente era un campo de batalla: de un lado, el calor de Ulises, el refugio prohibido de sus brazos; del otro, la mirada intensa de Fernando, el objetivo que se estaba volviendo peligrosamente humano. No lo sentí llegar. Ulises se apoyó en mi escritorio y su sombra eclipsó la luz del techo. No dijo nada, solo dejó caer un sobre blanco junto a mi teclado. Su silencio pesaba más que cualquier

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