3 - El castillo

2561 Palabras
Al fin llegamos al lugar que he estado anhelando conocer desde que me enteré que puedo llegar a ser reina, el lugar es enorme. La estación está prácticamente frente a él así que lo único que debemos hacer es caminar hacia la puerta y no soy buena en matemáticas pero el alto de la puerta es tres veces mi estatura. Entramos con cautela y Eleonor se aferra a mi brazo, por nada del mundo la voy a soltar. Hay jardines hermosos, ese color verde no parece de este mundo y aún así lo tengo al alcance de mi mano. La estructura del castillo es impresionante, tengo la impresión de que se preparan para alojar a demasiadas personas y de solo pensar en cuántas personas se encargaran del mantenimiento de ese lugar comienzo a sentirme agotada. El sitio está lleno de ventanas hermosas, todas brillan con una fuerza impresionante, seguramente alguien las limpió muy a fondo, espero que se abran hacia dentro porque de ser el caso contrario implican un riesgo enorme para aquellos que se encargan de esa importante tarea. Estoy ansiosa por entrar y ver la decoración del interior, no tengo pena en confesar que me encantaría quedarme a vivir en este lugar para siempre, incluso si eso significara nunca encontrar a mi compañero sin amor.  -Bienvenidas -dice una persona en la entrada, estoy demasiado bajita y no alcanzo a ver- ustedes han sido criadas para llegar a este momento de su vida, espero estén listas para comenzar a ser parte de la realeza para la que siempre han estado destinadas, se les asignará una doncella a cada una, dicha doncella las acompañará desde hoy hasta que la academia logre forjarlas para liderar. Veo a mi alrededor, somos unas cien personas y según lo que me contó Eleonor tal vez solo veinticinco logren reinar, comienzo a ver demasiado complicado estar entre esas veinticinco pero me esforzaré por estarlo. Comienzan a darnos uniformes y me siento insatisfecha, pensé que usaríamos vestidos preciosos como el que trae Eleonor pero en cambio me dan este uniforme. -Será su vestimenta durante los próximos tres años -dice, o sea que pasaré tres años en este lugar- podrán usar ropa de civil cuando vuelvan a casa y los vestidos elegantes se utilizarán solo en reuniones especiales.  La persona que ha estado hablando comienza a caminar y nos lleva al castillo, el interior es aún mejor que el exterior: cada ventana está decorada con marcos dorados y es de un rosa tan ligero que se puede confundir con el color blanco. Las escaleras son de mármol y todo se ve demasiado limpio, obviamente estaban esperando nuestra llegada pero creo que durante los próximos tres años va a ser demasiado complicado encontrar una mancha en el suelo, ni siquiera aunque me esfuerce. Somos cien personas pero este castillo debe tener como trescientas habitaciones a la vista, probablemente tenga pasadizos secretos o habitaciones subterráneas para los trabajadores. -Muero por explorarlo -dice Eleonor- y tú me acompañarás. Eso me parece magnifico aunque me da un poco de miedo que por romper un poco las reglas nos metamos en problemas, no quisiera ser expulsada sin haber tenido la oportunidad de saber si me convertiría en reina o no. Las habitaciones están ordenadas por el alfabeto, por suerte no muchos se fijaron en las letras C, D y E ya que mi habitación queda separada por una de la de Eleonor, ha sido culpa de una muchacha llamada Daisy.  Abro la puerta de mi habitación y en serio me quiero morir, con mis habitación; mis padres siempre me dieron tanto como tuvieron a su alcance procurando que no creciera malcriada pero esto es algo totalmente distinto, es el lujo en su máxima expresión. -Lo más sensato es tomarme un baño -digo abriendo la llave de la bañera- espero que el champú huela tan delicioso como me imagino. En casa no tenía una bañera pero me va a encantar que esta sea mía por los próximos tres años, deseo disfrutar de los lujos que tengo pero a la vez me siento mal de saber que estoy dejando atrás a mamá y papá. Me relajo y comienzo a cantar una canción de las que escuchaba cuando no había nadie en casa,  Taylor Swift debió haber sido genial cuando estaba viva. Siento que si duro tanto tiempo en el agua y con los ojos cerrados voy a terminar hecha una uva pasa. -Hola -dice alguien y abro los ojos de golpe- no se asuste, estoy aquí para ayudarle. Me cubro con lo que tengo a la mano y sigo procesando cómo es posible que nadie me haya avisado de esa visita, también es bastante tonto de mi parte no haberle puesto seguro a la puerta, esa es una costumbre que tengo desde casa ya que mis papás no eran muy dados a invadir mi privacidad y tampoco es que me interesaran sus asuntos así que teníamos una tregua.  -Dame cinco minutos -grito- en cinco minutos salgo. Efectivamente, cinco minutos después estoy fuera aunque el cabello me gotea demasiado, el clima aquí luce bastante cálido como para garantizarme que no padeceré un resfriado, sin embargo la chica que está frente a mi me va a matar de un infarto si vuelve a entrar así. -Hola -digo más tranquila- disculpa, me has tomado por sorpresa, ¿te puedo ayudar en algo? Ella suelta una risita que parece burla, supongo que debe estarse riendo de mi cabello que gotea agua. -Lo siento -dice poniendo una cara más seria- al contrario, yo estoy para ayudarle en lo que necesite. Me llamo Claire. ¿Coincidencia? Su nombre empieza con C, aunque no entiendo con qué podría ayudarme ya que me sé bañar, vestir y peinar. -Disculpa que lo pregunte -digo apenada- pero ¿con qué me ayudarías exactamente? Ella se queda aún más sorprendida que yo por mi pregunta pero continua a contestarla cortésmente: está ahí para ayudarme con cualquier necesidad que se me presente, es decir, si yo quiero un par de zapatos que está demasiado lejos, en vez de caminar como una persona normal puedo pedirle a ella que me los traiga y debe obedecer fielmente. No me gusta ese arreglo. -No -digo sorprendida de mi propio tono de voz- no vas a estar a mi servicio. Definitivamente no, papá y mamá me han enseñado a valerme por mi misma desde que tengo memoria y eso lo quiero conservar sin importar en lo que me convierta. Ahora solo tengo que buscar la manera de comunicárselo a Claire sin que se sienta ofendida o algo por el estilo. -Por favor no me eche -dice al borde del llanto, yo no tengo idea de qué se hace cuando una persona llora- en serio me portaré mejor y le pido disculpas por haber entrado de esa manera no volverá a suceder. Siento que he envejecido diez años si me habla de ese tono, luce prácticamente de mi edad. -No puedes hablarme en ese tono -digo y ella me mira confundida- no voy a permitir palabras como "necesite" o "ayudarle" dirígete a mi con palabras como "necesites" o "ayudarte" trátame como tu igual. Ella asiente ligeramente con la cabeza y yo agradezco que esté a la altura de la situación, comienzo contándole que no permitiré que haga la mayoría de las cosas para las que fue enviada a mi habitación y le explico que es porque quiero seguir siendo yo misma en medida de lo posible. -¿Qué haré cuando me pregunten qué hago para usted? -pregunta y esa es una muy buena pregunta. -Dirás que en ocasiones te exijo más de lo que debería. Y en mi mente eso debe bastar para que cualquiera mantenga su curiosidad al mínimo, aunque no me molestaría si ella me consiguiera un maso de cartas de poquer en lo que yo me visto con el uniforme. -¿Sabes jugar cartas, Claire? -pregunto y ella niega con la cabeza- pues es tu día de suerte porque hoy vas a aprender, tu primera misión será conseguir un maso de cartas. Y con eso debe bastar para que la gente crea que está haciendo su trabajo. -Señorita -dice y la miro feo para que se de cuenta de su error- disculpe, es que no me han dicho su nombre, lo único que supongo es que también empieza con la letra C. Y ese ha sido mi error, he estado tan preocupada en reflejar modestia que ni siquiera he sido cortés y le he dicho mi nombre. -Soy Charlotte -digo sonriendo- pero el maso de cartas sigue esperando. Es bueno que al fin voy a tener con quién jugar cartas cuando todavía hay luz del día, papá me enseñó a jugarlas pero solo de noche y lejos de la vista de mamá ya que ella discutía con él cada vez que me veía haciendo ese tipo de cosas, supuso que fue porque siempre supo que era una princesa y tal vez las princesas no juegan cartas. Al menos hasta ahora, aunque siendo justos yo todavía no sé qué titulo obtendré. *** -Aquí está -dice Claire- tuve que conseguirlas con el jardinero pero son todas suyas. Nuestras en realidad. -Primero -digo tomando el maso entre mis manos- vamos a repartirlas de esta manera. Comienzo a explicarle lo que hago y cómo debe tener las cartas para declararse ganadora del juego, al principio hacemos un par de partidas amistosas para que ella tome confianza y práctica. Ya está lista para jugar una partida seria. -¿Ya va a empezar el juego en serio? -pregunta y yo le hago un gesto de afirmación. Al ser dos jugadoras la partida durará lo mismo que duraba con papá aunque él es excelente jugador y yo solo soy regular, se siente bien ser la mejor en otro sitio. Comienzo a observar a Claire cuando piensa demasiado en qué carta pedirme, tal vez tenga uno o dos años menos que yo, es más alta que yo y eso es lo que la hace verse tan mayor, su tez demuestra que ha pasado demasiado tiempo bajo el sol por lo que antes de este trabajo debió de tener otro que implicaba demasiado trabajo duro pero sus ojos color avellana indican que a pesar de lo que ha pasado sigue deseando tener un final lo más cercano a ser una princesa. Su cabello es tan perfecto que me da miedo que no sea real, difícilmente podría peinarme de ese modo. -¿Le pasa algo a mi aspecto? -pregunta y me saca de mi análisis- puedo arreglarlo enseguida. Niego con la cabeza. -¿Cuál es el secreto para que tu cabello sea tan perfecto? -pregunto y ella suelta un par de carcajadas. Me explica que en realidad no queda así cuando se peina sino que necesita hacer una mezcla de ingredientes que son los que logran que su cabello luzca así de pulcro, no estaría tan mal tener la vida de Claire y que ella se quede la mía. -¿Tus padres que reino tienen? -pregunta- si es demasiado personal puedes no contestar. Niego con la cabeza, en realidad ni siquiera sé quienes son. -Mis padres no tienen ningún reino -digo y ella hace una mueca de confusión- mis padres son tutores del lugar donde vivía, las personas que decidieron tenerme para seguir su linaje no se han comunicado conmigo en toda la vida y mis padres no me dieron información de ellos al respecto, va a ser un poco difícil explicarlo cada vez que conozca a alguien. Ella hace un gesto de comprensión mientras extiende su juego frente a mi afirmando que ha ganado, me siento envidiosa de esa suerte, se suponía que aquí sería la mejor jugadora y en un momento de debilidad emocional la alumna ha superado a la maestra. -Algunas sí tienen información de sus padres -dice recordándome mi mala suerte, aunque sé que no es intencional- y lamento mucho que ni siquiera tengas idea de quienes son, creo que es lo menos que mereces. Ella mira el reloj de su muñeca y pega un salto dejando regadas las cartas, al instante comienza a decir que las recogerá pero que por mientras debemos darnos prisa. -¿Acaso vamos a morir o algo así? -bromeo. Ella me explica que la hora de la cena es cada día de siete treinta a ocho de la noche por lo que prácticamente estamos tarde pero eso es mentira ya que el reloj marca las siete quince, la ayudo a recoger las cartas para terminar más rápido. -Charlotte -dice Claire- durante la cena no hagas ninguna alusión a que estuvimos jugando cartas ni anda de eso, mi principal labor es estar a tu servicio ¿te gustaría algún cambio en la habitación durante la cena?  Miro a mi alrededor, un par de cosas no estarían mal. -No me gusta el color rosa -digo- bueno, es mentira, me encanta pero, prefiero el color morado, me gustaría un edredón de ese color y libros, si tienen algún libro de historia me encantaría tenerlo para actualizarme. Esa última petición le ha parecido extraña pero toma nota de mi orden y sé que la obedecerá, no tengo idea de cuándo empezaré a tomar mis clases pero debo estar preparada lo suficiente para no atrasarme. Comprobamos que mi uniforme esté en orden y decide que es momento de que baje, salgo al pasillo y veo a Eleonor, automáticamente corre hacia mi y bajamos juntas. Admito que siento demasiado miedo de lo que vaya a comer, no estoy acostumbrada a tantos lujos, mis padres ahorraban pero nunca me dijeron el propósito de esos ahorros. -Estoy aterrada -digo sin sonar demasiado nerviosa- no quiero comer y que me digan que lo estoy haciendo mal o algo así, me sentiría avergonzada a la décima potencia. Eleonor me mira extraño porque no entiende lo último que he dicho, a ella nadie le enseñó matemáticas. Tomamos asiento y la misma persona que nos recibió nos da la bienvenida al banquete mientras veinte personas de servicio comienzan a destapar los recipientes donde está la comida, todo huele delicioso.  En el banquete de bienvenida hay galletas con chispas de chocolate, fruta, pollo, carne e incluso pescado aunque me parece extraño porque no hay costas cercanas. Me sirvo un poco de pollo pero está demasiado seco para mi gusto, tomo un poco de agua de limón y el mal sabor cede automáticamente. Por último tomo dos galletas de chispas de chocolate y dos brownies, los apostaré con Claire; no creo que me dejen llevarme comida a mi habitación así que voy a robarlos, solo tengo que hacerlo de la manera más discreta posible: dejo caer una servilleta y uno a uno caen los postres, no estoy segura de que sea el mejor método pero al menos nadie lo verá venir. La media hora acaba y todas subimos de vuelta a nuestras habitaciones, según las instrucciones mañana será el primer día de clases. -He vuelto -le digo a Claire- te he traído un regalo que en serio debes probar, pensé que podíamos apostarlo con una partida de cartas pero es mejor que lo recibas ya. Claire toma lo que le traje y veo que ha hecho su trabajo de manera eficiente, al fin tengo cosas de color morado en esta habitación y el libro que le pedí.
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