Prefiero no recordar mi trayecto hasta acá ya que me la pasé asustada y haciendo mil preguntas que nadie me contestó ya que es lo que menos desean hacer las personas que viajan en tren, me consuela demasiado saber que veré a papá y mamá dentro de poco tiempo o al menos los volveré a ver.
-Hola -dice una muchacha sentada en el asiento que está frente a mi- no quiero sentarme sola, estoy nerviosa.
Le hago una señal afirmativa para mostrarle que comprendo su sentir, pienso que me gustaría tener una amiga a quien recurrir, no tuve alguno en casa así que cambiar un par de cosas no me haría demasiado daño.
-Un gusto, mi nombre es Charlotte -digo estirando la mano para saludarla- no me da pena admitir que tampoco me gusta demasiado que me hayan quitado mi cómoda vida.
Mi compañera al frente se llama Eleonor, tiene el cabello más n***o que alguna vez haya visto en la vida y los ojos más negros que alguien pueda tener; parecen ir a juego con su cabello. Su piel es demasiado blanca y recuerdo el viejo cuento que me leía mamá sobre Blancanieves. Lleva puesta una capa roja y tiene el vestido más hermoso que alguna vez haya visto, no sé por qué pierdo tanto tiempo en esos detalles pero en serio me encanta su vestido.
-¿Te gusta? -pregunta ella mientras ve que observo su vestido con demasiado entusiasmo- mi madre lo ha hecho para mi, pasó toda la vida haciéndose cargo del gran momento en el que tuviera que venir a este lugar. Se toma demasiado en serio lo de desempeñar un cargo real.
Agradezco mentalmente que mis padres nunca se hayan comportado de esa manera, tampoco es muy normal que digamos que de un día a otro alteren mi rutina pero cada padre hizo lo posible con el cargo que les asignaron. Eleonor viene de un lugar donde cae demasiada nieve y escuchar sobre esos paisajes tan hermosos me hace sentir demasiado entusiasmada, ninguna tiene idea de a qué lugar nos llevarán pero en serio deseo que sea un lugar hermoso, si cayera un poco de nieve me haría demasiado feliz. Ella sigue hablando sobre los recuerdos que tienen ella y sus padres; me siento un poco envidiosa porque nunca salí a esa clase de lugares con mis padres. Cerca de la media noche (según el reloj del vagón) Eleonor se va a dormir excusándose que ha tenido un día cansado, yo volteo para contemplar mi alrededor porque estoy en un lugar desconocido y debo contemplar las posibles salidas de emergencia en caso de un accidente.
Me asusta demasiado las diferencias en la vestimenta que le hicieron sus padres a Eleonor y en la que los míos compraban en el mercado, no es que no me quieran o no tengan suficiente dinero para tales vestidos pero siempre me han dicho que es demasiado importante que sea ordinaria, que no llame la atención y que me mantenga lo más alejada posible de las personas que intentan llamar mi atención pero no me inspiran confianza. En algún punto de la noche me quedo dormida.
***
-Buenos días princesa -dice Eleonor mientras me despierta el ruido de ella extendiendo una mesa- no tardan en traer el desayuno, he pedido por ambas.
Y es cierto, una muchacha extiende el desayuno que tan amablemente pidió Eleonor, le agradezco por cada plato que extiende a la muchacha y Eleonor se ríe al final cuando después de cinco platos distintos le doy las gracias por el jugo de manzana.
-Tienes demasiada educación -dice Eleonor- yo no tengo tanta, mis padres me criaron diferente, supongo.
Me encojo de hombros, no tengo derecho a juzgar la educación que le dieron ya que no tengo idea de las instrucciones que recibieron.
-Lo siento -digo agachando la cabeza- yo emm... no tengo demasiado contacto, mis padres eran mis mejores amigos. Me estuvieron cuidando toda la vida de los peligros del mundo exterior.
Ella asiente ligeramente con la cabeza como intentando comprender lo que estoy diciendo, seguramente ella tuvo una vida con demasiadas libertades y eso lo refleja en su estilo, es extrovertida al máximo.
-No me molesta en absoluto nada de lo que hagas -dice Eleonor- toqué como diez vagones más y ¿sabes qué? Ninguna abrió la puerta, fuiste amable al no cerrar la tuya.
Y tú fuiste una maleducada al entrar a mi asiento, obviamente no le diré esas cosas ya que no necesito alguien en mi contra.
-Creeré que eso es algo positivo a resaltar en mi personalidad -digo sin saber cómo reaccionar- en realidad no puedo negarme, esto ni siquiera es mío.
Ella comienza a contarme de todo lo que yo desconocía: tradiciones, territorios que tiene asignados para cuando salga de estudiar y que en ocasiones la escuela opera con un par de estudiantes porque no existen candidatos con la edad requerida, otras veces los miembros reales se mantienen solteros hasta que encuentran una unión fabulosa con dinero y poder.
-¿Se enamoran? -pregunto con curiosidad- porque entonces deben ser completamente infelices aunque les garanticen a su pueblo prosperidad, mis padres se aman demasiado.
Al menos los que me criaron.
-No tenemos tiempo para amar -dice mirándome como si me hubiera vuelto loca- las personas piensan que haber nacido con el árbol genealógico bendito nos garantiza una vida ideal pero lo cierto es que somos los que menos podemos disfrutar.
Lo que ha dicho me ha dejado pensando, nunca me había planteado la posibilidad de que alguien me amara pero ahora que siento que no podré tenerla siento que la deseo más que nunca y que haría lo posible para poder tenerla, al menos si existiera un poco más de amor en los linajes no estarían dándole a desconocidos la responsabilidad de criar a los futuros soberanos en lo que ellos están listos para ser padres porque tienen demasiadas responsabilidades, supongo que es ira conmigo misma y no con las personas que no recuerdo haber visto nunca.
-Así vivimos mejor -dice ella- no me gustaría enamorarme de alguien y saber que podría perder a esa persona o peor aún, que resultara prohibida para mi.
Guardo silencio porque en serio necesito pensar y procesar todo lo que está sucediendo, me han educado creyendo que puedo conseguir lo que desee pero a veces siento que ni siquiera mis padres tenían idea del cargo para el que me estaban cuidando, son demasiado inteligentes pero no lo suficiente como para imaginar algo así.
-¿Alguna vez has pensado por qué nos mandan a los padres que nos mandan? -pregunto y Eleonor se piensa bastante bien su respuesta- simplemente no puedo creer en que importemos tan poco que decidan escoger cualquier pareja al azar y simplemente enviarnos con ellos.
Eleonor asiente pero sigue meditando la respuesta, supongo que la ha dejado bastante fuera de la jugada siendo que ella se consideraba conocedora de todo el tema de la realeza, yo creo que mis padres nunca tuvieron un hogar propio, es decir, que no pudieron tener hijos y por eso decidieron dejarme a cargo de ellos; obviamente debe haber otro tipo de cosas en juego como la posición económica e intelectual de los cuidadores pero mi idea también es válida.
-No lo sé -responde Eleonor- mis padres son personas con una buena posición económica y a parte de recibirme a mi ellos ya tienen hijos, he crecido con hermanos.
Cuando vea a mis padres tengo que preguntarles por qué una futura princesa sí tiene hermanos y yo crecí aislada del mundo.
-¿Todos nacimos para reinar? -pregunto con curiosidad- es que no creo que existan tantos reinos.
Ella debe saber más que yo sobre toda la vida que nos espera por delante.
-No -responde sonriendo- una parte reina y la otra adquiere títulos de duques, condes, etcétera.
Me intriga saber para qué nací, me gustaría ser la reina de algún sitio y conocer todos los secretos; si yo tuviera familia no me atrevería a enviarla lejos. Los criaría a mi lado y serían los pequeños más amados del mundo.
-Quiero ser reina -digo terminando mi vaso de leche, sabe deliciosa y en serio quisiera tener leche así toda la vida- voy a ser reina.
Eleonor aplaude mi optimismo pero me recuerda que desconozco muchas de las costumbres reales así que estoy en desventaja, ella me cuenta cada cosa que recuerda pero no es demasiado aunque acepto con gusto el conocimiento que me proporciona. Voy a una escuela donde no importa quién escribió Romeo y Julieta, no les interesará saber quién fue Jane Austen ni todo el legado que dejó al mundo antes de morir; la única cosa que importa en ese lugar es si llegado el momento de tomar acción serás capaz de tener agallas suficientes para enfrentarte a las consecuencias de las decisiones que tomes, tienen que ser las mejores para tus súbditos y en caso de no serlo, tendrás que cargar con el peso de esa equivocación.